lunes, 11 de noviembre de 2013

LOS SACRIFICIOS HUMANOS EN LA HISTORIA: DIEZ ALTARES PARA EL HOMBRE


Publicado en El Ojo Crítico Nº 74

Si en el número anterior nos centrábamos en realizar una introducción somera al universo del canibalismo, en este continuamos la estela con otro tema igualmente complejo, extenso y de características también incómodas: el sacrificio ritual humano.

Como no es una materia fácil de abordar, hemos preferido ofreceros diez ejemplos de ella encontrados a lo largo y ancho del planeta, pertenecientes a su vez a diferentes etapas de la historia del hombre. No hay pueblos más brutales que otros, ni civilizaciones más irracionales que otras. El sacrificio humano como ritual ha pertenecido a toda nuestra especie sin excepción; aparte de que acercarse a este fenómeno desde el punto de vista de nuestra época, lo que nos llevaría inevitablemente a un juicio moral, no es la disposición más adecuada para conocerlo y comprenderlo. No hay que perder de vista jamás su contexto cultural e histórico.

Debemos entender que el sacrificio humano era considerado por regla general como una vía primaria de establecer relaciones recíprocas con aquellos poderes que eran considerados los más grandes; era un acto sagrado, un pacto que utilizaba de “mediador” entre los dos mundos al sacrificado. Los objetivos podían ser muy variados: acto defensivo, ofrenda de gratitud, protección, adivinación, apaciguamiento, etc., aunque siempre se encuentra el propio interés vinculado, se busca recibir algo a cambio.

Han existido muy distintos tipos de rituales de sacrificio, algunos incluyendo incluso la antropofagia o canibalismo; así como tampoco el tipo de víctima siempre es el mismo. Prisioneros, niños, ancianos, criminales, u otro tipo de individuos que no sean útiles para sus sociedades; o sujetos de casta alta como sacerdotes o nobles. Voluntarios y forzados también. Estos 10 modelos históricos que tenéis a continuación van a resultar más elocuentes que cualquier otra cosa que se pueda añadir más.

10- ASIA: HITOBASHIRA

En japonés hitobashira significa “pilares humanos”. Se trata de una antigua práctica enmarcada en el sintoismo que consistía en enterrar vivas a personas, como ofrenda a los dioses, en los lugares donde se fueran a construir edificios importantes, puentes, diques, etc. Se conjetura que este tipo de tradición pudo comenzar con el levantamiento de los primeros kofun o túmulos funerarios nobles (S. III-IV), aunque aparecen por primera documentados en el Nihongi o Crónicas de Japón (s. VIII). El Nihongi relata cómo el emperador Nintoku (s. IV-V) tuvo un sueño en el que se le recomendaba que sacrificara a dos personas para poder terminar un dique que constantemente se derrumbaba. Así lograría calmar al dios del río.

Generalmente las víctimas hitobashura eran voluntarias y procedentes de la casta samurai;  dispuestos a servir con lealtad a su señor hasta la muerte. Solían convertirse así en los espíritus protectores de las construcciones bajo las que estaban enterrados. Existen multitud de leyendas referidas a hitobashura, como así recogió el escritor irlandés Lafcadio Hearn en Glimpses of Unfamiliar Japan (1894). Hearn cuenta que durante la construcción del castillo de Matsue (s. XVI) en la actual prefectura de Shimane, se tuvo que acudir a la ayuda de un “pilar humano” para finalizar su construcción sin incidencias. La víctima fue una doncella que durante el festival de O-Bon, dedicado a los espíritus de los fallecidos, había realizado una conmovedora danza. La muchacha fue emparedada viva, no obstante su espíritu, que no podía reposar, encantó el lugar haciendo temblar los cimientos del castillo si alguien osaba bailar por las calles de Matsue. Así que, a partir de entonces, se prohibió cualquier tipo de danza.

9 – AMÉRICA: CAPAC HUCHA Y LOS NIÑOS DE LLULLAILLACO

A 6739 metros de altitud, en las inmediaciones del volcán Llullaillaco en los Andes argentinos, fueron descubiertos en 1999 tres momias extraordinariamente bien conservadas de tres niños: “La Doncella”, “el Niño” y “la Niña del rayo”. Con seguridad vivieron entre los años 1480 y 1532.

Los tres niños llevaban ropajes muy elaborados y opulentos, estaban bien alimentados, cuidados y dentro de las “chozas” donde fueron depositados, se halló un completo ajuar de materiales preciosos. Fueron drogados, envueltos en chales y dejados para morir de hipotermia. “El Niño” quizás sufriera de un edema pulmonar, pues se encontró en su cuello restos de vómito con sangre. Los tres pertenecían a la élite social inca. Los tres fueron sacrificados de manera voluntaria en la ceremonia denominada Capac Hucha.

Este ritual, uno de los más importantes del calendario inca, estaba dedicado a la veneración del dios Viracocha y los diferentes wakas (montañas-dioses) del Imperio. En él, niños de cada uamani (distrito administrativo inca) eran elegidos en sus poblaciones entre los de más alta cuna y los más hermosos (libres de toda señal o mancha) para dirigirse a Cuzco. Allí, solían reunirse hasta unos 500.000 niños, que eran consagrados en ceremonias y fiestas que podían prolongarse durante semanas. Se realizaba un matrimonio simbólico entre niños y niñas y se los sacralizaba como ”hijos del sol”.

Todos estos niños regresaban luego, divinizados, a sus lugares de origen para ser sacrificados a las wakas. Se les drogaba con chicha y coca y ya no despertaban jamás, aunque se han encontrado algunos restos donde la muerte de los niños era más violenta. Así estos niños se convertían en los intermediarios entre hombres y dioses, guardianes y protectores de sus aldeas. Pero en el Capac Hucha encontramos ya no solo el ritual religioso en sí, sino una estrategia política muy cuidadosa mediante la cual era posible dominar y controlar desde Cuzco todos los territorios del Imperio con bastante eficiencia.

8 – EUROPA: EL ÁGUILA DE SANGRE

Localizado como rito dentro del sistema de creencias nórdico, la historicidad de esta práctica está en duda. Se trata de uno de los sacrificios descritos más cruentos, una auténtica hipérbole del ensañamiento, que se reservaba como castigo. Consistía en abrir a la víctima desde la columna vertebral para así cortar y desplegar las costillas hacia el exterior. A continuación de sacaban los pulmones hacia fuera, cubriendo con sal las heridas. La víctima no podía sobrevivir al ritual completo pues bien moría por el shock o de asfixia al no poder utilizar el diafragma.
 
Existen fuentes en las sagas nórdicas, la poesía escáldica y la Crónica Anglosajona donde aparece descrita; aunque las evidencias arqueológicas son más bien escasas, limitándose a la piedra rúnica Stora Hammars I (s. VIII-IX) de la isla de Gotland. Es por ello que el debate ha llevado a considerar este rito como un mito malintencionado por parte del cristianismo, una exageración para amedrentar a los enemigos o tergiversaciones y malinterpretaciones de textos antiguos. Aunque también es cierto que el medievalista británico Alfred P. Smyth considera muy probable que el Águila de Sangre haya sido una práctica real reservada al dios Odín.

7 – ASIA/ÁFRICA: EL GRAN DIOS MOLOCH

Como el médico y psicoanalista Arnaldo Rascovsky escribió en su obra El filicidio (1981), los sacrificios humanos perpetrados por padres sobre sus hijos “son universales y se presentan en todos los grupos sociales, tanto primitivos como en los contemporáneos”. Es el caso que nos atañe ahora, el del ritual molk, dedicado a la divinidad fenicia y cananea Moloch, en el cual bebés eran ofrecidos por sus propios padres para ser sacrificados.
 
Son diversas fuentes clásicas las que citan este tipo de prácticas por parte de fenicios, cartagineses y hebreos: Clitarco de Alejandría, Teodoro, Porfirio, Diodoro de Sicilia, Plutarco... con una serie de detalles bastante desagradables (los padres debían permanecer impasibles y no llorar o el ritual no serviría de nada; se tocaban tambores y flautas sin parar para evitar así escuchar el llanto de las criaturas; etc). Esto hace reflexionar sobre un lógico sentimiento anti-fenicio o anti-púnico por parte de griegos y romanos, que pudieron haber alterado una práctica menos bárbara. Aunque también es verdad que las evidencias arqueológicas de El-Hofra en Argelia o el tofet de Cartago tampoco han dilucidado mucho la cuestión. Y tampoco podemos olvidar las abundantes referencias en el Antiguo Testamento en diferentes libros como el de Levítico, Jeremías o Ezequiel al respecto, que hablan a las claras de infanticidio. Además debemos tener en cuenta que nuestros modelos actuales de protección y cariño hacia los niños son adquisiciones históricas bastante recientes. El reconocimiento de un bebé o niño como miembro de la sociedad no sucedía inmediatamente y no era considerado ni mucho menos como un joven o un adulto, lo que le hacía más prescindible.

Pero volviendo a Moloch, se trataba de una divinidad con cabeza de becerro que absorbió muy pronto características de otros dioses de su entorno como el sirio Hadad, el amonita Milcom o el arameo Adad-Milki. Se le llegó a identificar con el Cronos o Saturno clásicos, con Baal o el mismísimo Yavé. A él, en momentos especialmente críticos, se acepta de manera general, se le sacrificaban neonatos de familias pudientes. Al bebé se le estrangulaba o degollaba para a continuación quemar su cuerpo. Los restos se enterraban en el tofet.

Pero para ser honestos, el tema de Moloch y molk se encuentra actualmente muy revuelto, entre historiadores no hay consenso. ¿Eran los tofets simplemente emplazamientos funerarios o realmente los niños eran sacrificados? Lo que sí está claro es que la visión que nos ofreció Flaubert en su Salambó (1862) sobre este tema no fue nada atinado.

6 – AMÉRICA: TEOTIHUACÁN

A pesar de que algunas corrientes historiográficas sugieren que las prácticas de sacrificios humanos en la América precolombina fueron propaganda europea para degradar la cultura de estos pueblos (aztecas, mayas, incas...), los restos arqueológicos que poco a poco van saliendo a la luz están rebatiendo estas argumentaciones. Pero hay que dejar claro también que este tipo de ritos tampoco envilecen estas culturas. Los sacrificios humanos, como estamos leyendo, son patrimonio de todos.
 
En este caso particular vamos a referirnos a los hallazgos de estos últimos años de los arqueólogos Rubén Cabrera, Saburo Sujiyama y Alejandro Sarabia sobre Teotihuacán; y que han resultado en una reciente exposición este pasado mes de septiembre en el Museo del Templo Mayor, que se prolongará hasta febrero del 2014. Los sacrificios humanos realizados por los teotihuacanos parecen estar relacionados con las conmemoraciones que se realizaban cuando los templos eran ampliados. Las víctimas (se han encontrado más de 250) procedían de lugares muy diversos y lejanos; probablemente prisioneros de guerra, y están datados entre el 50 y el 500 después de Cristo.

Con estos sacrificios (había también de animales) se buscaba la prosperidad de la ciudad, ofreciendo las víctimas a las deidades en ese edificio. Bajo el templo de Quetzalcóatl se encontraron 136 cuerpos; y 17 cráneos en el interior de la Pirámide de la Luna. Se desconoce la manera exacta en la que murieron, aunque probablemente fuera por decapitación o cardiotomía.

Las excavaciones continúan, y quién sabe con qué maravillas más podremos toparnos para poder aprender algo más de la enigmática cultura teotihuacana.

5 – ASIA: HSIMEN PAO Y LAS NOVIAS DEL RÍO

El sacrificio humano también estuvo extendido en la antigua China. Se trataba sobre todo de ofrendas humanas a los dioses de los ríos, para evitar su furia, catastróficas inundaciones u horribles sequías. Se tienen documentados este tipo de ritos durante las dinastías Ying (1766-1046 a.C) y la Zhou (1050-256 a.C); y dentro de esta última, en el periodo de los Reinos Combatientes, encontramos una figura sobresaliente en muchos aspectos y que abrió el camino para la erradicación de este tipo de tradiciones: el ingeniero y funcionario de gobierno Hsimen Pao (445-396 a.C). A través de la razón y su inteligencia, trabajó toda su vida en la ingeniería hidráulica para evitar los desastres naturales que sus paisanos tanto temían; y llevar agua a zonas que así lo necesitaran. Creó el primer canal de riego de China y desvió en río Zhang hacia el río Huang He. Pero además, la siguiente anécdota es más significativa todavía.
 
Hsimen Pao fue enviado a la provincia de Ye porque, inexplicablemente, las cosas estaban yendo mal por ahí. A las orillas del Zhang descubrió cómo los campesinos abandonaban tierras fértiles y huían de granjas productivas para irse a otro lugar. Decían que temían el temperamento caprichoso del dios del río y, además, el gobernador local no contento con subirles cada vez más los impuestos, estaba confabulado con la bruja local. Esta bruja seleccionaba a doncellas de la zona para que fueran “novias del río” y calmar así al dios mediante una cara ceremonia donde las jóvenes morían ahogadas. La subida de impuestos se utilizaba para estos ritos y los beneficios se repartían entre el gobernador y sus compinches. Por supuesto, los que se quejaban veían a sus hijas rápidamente elegidas como “novias del río”.

Cuando Hsimen Pao descubrió la “broma”, acudió a una de estas ceremonias con una tropa de soldados. Ordenó arrojar a la bruja al río para que le preguntara al dios si sus novias habían sido satisfactorias de momento. A continuación preguntó a los secuaces del gobernador que qué podía estar retrasando tanto a la bruja; y los envió a buscarla, arrojándolos también al río. Como lógicamente también se demoraban (ya estaban ahogados), preguntó en voz alta si estarían todos ellos almorzando con el dios del río, así que, cuando estaba a punto de enviar al gobernador a buscarlos, este cayó de rodillas suplicando perdón. Pero Hsimen Pao no fue ni pizca de misericordioso…

Sin embargo, en China continuó persistiendo otro tipo de sacrificio humano de tipo funerario, que consistía en enterrar vivos a los esclavos con sus amos. Esta tradición con el tiempo se fue extendiendo a los reyes y emperadores y perduró incluso en época histórica, aunque de manera esporádica.

4 – OCEANÍA: EL GRAN RITO DE PANDANO

Gracias a la labor que el antropólogo Fitz John Porter Poole realizó a inicios de los años 70, conocemos en la actualidad la peculiar mitología de un pueblo, los bimin-kuskusmin, que habita la provincia noroccidental de Sandaun en Papúa Nueva Guinea. Una vez por generación, se realizaba entre este pueblo el Gran Rito del Pandano, que duraba hasta 10 días. En él se recolectaban los frutos del pandano y se hacía un sacrificio humano. Generalmente la víctima pertenecía a otro pueblo vecino, a los que los bimin-kuskusmin estimaban levemente humanos. Solo ellos se consideraban humanos por completo, el resto eran animales-hombres. Los bimin-kuskusmin poseían un sistema de creencias de una profundad dualidad, se creían descendientes de unos antepasados hermafroditas (solo ellos, el resto de los humanos no), de ahí que para ellos el intento de integración de contrarios bien/mal, placer/dolor, masculino/femenino poseyera un trasfondo intensamente místico. Por ello el rito del sacrificio era especialmente cruel donde se torturaba a la víctima para luego, devorarla. Eso sí, su ingesta estaba fuertemente jerarquizada y seguía un protocolo muy refinado y estricto. Esta búsqueda de la mutación del mal en bien, incluso en sus propios cuerpos a través del canibalismo, casi se podría considerar un verdadero proceso alquímico.

3 – ASIA: EL DESTINO DE LAS VIUDAS

El valor de una mujer viuda en la antigua sociedad india, y aún hoy, es casi nulo. En un ambiente fuertemente patriarcal en el que no deja de ser una posesión más, la mujer se vuelve una carga inútil para la sociedad si pierde la tutela del hombre. Así el sati se convirtió en una práctica de autoinmolación de tipo funerario que liberaba a herederos y familiares de problemas: si la viuda ardía voluntariamente junto a su marido en la pira, incluso no había lugar para el remordimiento. Pero hay que tener en cuenta que para legitimar una tradición que en el fondo es pragmatismo puro, no hay nada mejor que acudir a la voluntad de los dioses.

El sati toma su nombre de la primera consorte del dios Shiva, Sati, que según el mito, se suicidó  mediante el fuego después de que su padre, el rey Daksha, injustamente despreciara y humillase a su esposo. Pero a pesar de que esta leyenda se nombra para justificar el sati, no fue en realidad una práctica de sati (Shiva no estaba muerto) ni da pie para que se realice. Sin embargo sí que encontramos en los Puranas ejemplos de sati y que es deseable su ejecución: “La esposa que muere en la compañía de su marido permanecerá en los cielos tantos años como cabellos tenga en su persona” Garuda Purana 1.107.29. También en el Mahabharata aparece el sati, así como diferentes brahmines y abogados a lo largo de los siglos han considerado el sati la conducta más apropiada para la mujer de piedad intachable. No en vano sati significa “mujer virtuosa”.

Lo que tampoco debemos perder de vista es que el sati es una tradición muy arraigada (aunque no todas las viudas estaban dispuestas a morir, a algunas sus familiares tenían que drogarlas) de raíces prehistóricas de la que tenemos testimonios tan remotos como los de Diodoro de Sicilia (s. I a.C) o Aristóbulo de Casandrea (s. IV a.C), que acompañaba a Alejandro Magno en sus campañas.

Actualmente se encuentra prohibido mediante diversas legislaciones, aunque en algunas zonas rurales aisladas se sigue practicando.

2 – ÁFRICA: LAS REINAS DE DAHOMEY
 
El reino de Dahomey fue uno de los más notables del África negra y se ubicaba al sur de la contemporánea República de Benín. Desde el s. XVII hasta el s. XX, floreció económicamente bajo el amparo del intenso tráfico de esclavos que mantenía con las naciones europeas. Este poderoso y belicoso reino consiguió someter a los campesinos y pastores del norte, construyendo un auténtico “estado negrero” que vendía prisioneros de guerra y pueblos vencidos al mejor postor.

La etnia mayoritaria fon hizo de Abomey su capital y dejaron como legado de su extinto reino los Palacios Reales de Abomey, que desde 1985 son Patrimonio de la Humanidad. Es allí donde residieron diferentes reyes como el célebre Glelé (1858-1889), que llegó a contar con más de 800 esposas y un ejército personal de 6000 amazonas. A pesar de la prohibición de la esclavitud, Glelé la continuó como institución doméstica y mantuvo la agricultura del país con mano de obra esclava. También utilizó como fuente de principal de “mensajeros para los antepasados” a estos esclavos,  que dentro del contexto de la tradición animista-fetichista de Dahomey, era la manera de denominar a las víctimas de sacrificios humanos.
Pero es el padre de Glelé, el rey Ghezo (1818-1858) el que llama nuestra atención. Ghezo comenzó una serie de reformas en el país, como abolir el tráfico de esclavos, el cese de conflictos bélicos y... la prohibición de sacrificios humanos. Quizás esa última decisión fue la que le costara la vida, pues a pesar de que se desconocen las causas concretas de su muerte, se especula con que fue envenenado por sacerdotes de Dahomey contrarios a su nueva política religiosa. Tras su muerte, 41 de sus 200 esposas fueron obligadas a acompañarlo a la otra vida. Las drogaron y enterraron vivas bajo en palacio de Ghezo. En ese mismo recinto de los Palacios Reales de Abomey, existe otro palacio cuya argamasa contiene la sangre de miles de prisioneros que fueron sacrificados, así como una gran cantidad de relieves y esculturas que muestran la extraordinaria maestría del pueblo fon a la hora de plasmar la violencia y la crueldad.

1 – EUROPA: LA TRIPLE MUERTE CELTA

El sacrificio humano en el mundo celta es un tema muy manido que se puede encontrar en los textos clásicos, en ocasiones desde una perspectiva deliberadamente tergiversada y exagerada, para demostrar su salvajismo e incultura frente al mundo greco-romano. Puede que sea verdad hasta cierto punto, pero es evidente que los celtas, como cualquier pueblo de su entorno y época, realizaba sacrificios humanos.

Y nos centramos en lo que se ha denominado la Triple Muerte. Este tipo de ritual, muy complejo, lo encontramos tanto en el Ciclo Artúrico como en el Ciclo Mítico de Irlanda con profusión; aparece en numerosas narraciones medievales europeas incluido nuestro Libro del Buen Amor (1330-1334) de Arcipreste de Hita. Pero, ¿en qué consistía la Triple Muerte? En nada más y nada menos que recibir la muerte de tres formas distintas: ahogado (envenenado), estrangulado (colgado) y degollado (quemado). Este ritual tan excesivo fue también advertido por Lucano  (39 – 65 a.C) en su Farsalia; y tampoco hay que olvidar que a Taranis se le sacrificaba quemando a la víctima, a Teutates ahogándola y a Esus degollándola. Todo esto nos apunta directamente hacia ella.

Fue a partir del s. XIX cuando empezaron a encontrarse en turberas y pantanos (considerados como lugares de paso al Otro Mundo) gran cantidad de cuerpos con vestigios de este tipo de muerte. En Irlanda, Gran Bretaña, Holanda, Alemania, Dinamarca... aunque es el Hombre de Lindow, descubierto en 1984 en las cercanías de Manchester, el que ha permitido, por su estado de conservación, un estudio más detenido. Era un hombre perteneciente a una clase alta, de apariencia cuidada y bien alimentado. En su estómago retuvo restos de una comida ceremonial basada en tortas de cereales y frutos de muérdago, planta sagrada entre los celtas. Este recibió varios hachazos en la cabeza, fue estrangulado con nudo corredizo y degollado para finalmente ser arrojado al agua de la turbera.

Pero es importante remarcar que este Triple Muerte no es exclusivamente celta. Sus raíces se hunden mucho más atrás en el tiempo. Hemos encontrado indicios de ella en otros pueblos indoeuropeos como los germanos, los eslavos, los griegos o los persas. De ahí que Georges Dumézil relacionara este rito con su concepto trifuncional de los dioses indoeuropeos: divinidad celeste conectada con la magia y la justicia, divinidad guerrera relacionada con la sabiduría y divinidad pacífica vinculada a la fertilidad.

Beatriz Erlanz

www.tabulaesmeraldina.blogspot.com