viernes, 15 de febrero de 2008

La atracción por el asesino

Desde hace unos años para acá parece que la figura del asesino en serie se ha puesto de moda en todo el mundo, fascinando a unos y aterrorizando a otros, sobre todo después del estreno en cine de películas como la anteriormente mencionada “El Silencio de los Corderos”, “Henry, retrato de un asesino”, “Seven” o “Copycat”. He conocido a mucha gente que se ha interesado por el tema por mera inquietud intelectual, con el fin único de comprender unos hechos que parecen sacados de las más cruentas películas de ficción, y sin embargo sé de otros que se han dejado embaucar por la personalidad carismática de estos criminales, llegando a sentir simpatía o admiración por ellos. Por ignorancia han creído que todos los asesinos en serie son seres tremendamente inteligentes y sutiles, al más estilo Hannibal Lecter, capaces de amar a otra persona o emocionarse viendo una obra en la ópera, y por eso no puedo evitar que me moleste enormemente cuando alguna persona se entera de mi afición por la psicología criminal y me pregunta si estudio esto porque me da “morbo” el tema…

Todavía se me encienden las mejillas al recordar, en una entrevista hace unos años, la cara de póquer que se me debió poner cuando acudí a un programa de televisión como invitada para debatir sobre asesinos múltiples en España, y la presentadora no dejó de preguntarme durante toda mi intervención “qué hacía una chica como yo metida en un mundo como ése” o “si tenía a Jack el Destripador escondido en el armario de mi casa”. No recuerdo cómo, porque todavía no he sido capaz de visionar la cinta con la grabación, pero creo que pude lidiar las envestidas mejor que peor y disimular el mal rato que me hizo pasar esa tarde. No culpo, ni pretendo reprochar a la pobre mujer el no tener ni idea de asesinos en serie, pero desde entonces juro que prefiero las entrevistas por radio.

Los que tratamos de mirar al abismo, como decía en una cita el filósofo Friedrich Nietzsche, y hemos sentido como el abismo nos devolvía la mirada, jamás podremos comprender la admiración que provocan estos asesinos. En Estados Unidos, se han vuelto tan populares como el más codiciado personaje público, sólo hay que ver la incesante lista de correspondencia que reciben en la celda, entre fans y medios de comunicación. Estas personas conocen sus biografías mejor que cualquiera, saben de sobra que son personajes monstruosos y que han segado las vidas de muchos inocentes por mero placer, y aún así son capaces de subastar sus objetos personales como si se tratase del objeto más preciado o encadenarse a las puertas de un juzgado para protestar por una condena.

Nada tienen que ver con los miembros de la “Sociedad de Conocedores del Asesinato”, fundada por el escritor y crítico literario Thomas de Quincey en la Inglaterra victoriana, que se reunían para analizar la “parte artística” de los casos criminales que consideraban lo suficientemente atractivos. En su libro, “Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes”, explica:

“los miembros de la sociedad se declaran curiosos con todo lo relativo al homicidio. […]. Cada vez que en los anales de la policía de Europa aparece un nuevo horror de esta clase se reúnen para criticarlo como harían con un cuadro, una estatua u otra obra de arte”.

Ellos sin embargo condenaban el acto criminal en sí, pero no podían evitar reunirse para estudiar “la composición de un buen asesinato”, como solían decir.

En la época actual la cantidad de seguidores aumenta cada día, se organizan en club de fans y montan pequeños negocios de merchandising con sus objetos personales o colecciones de cromos, y los mismos asesinos ejercen de artistas o escritores.

Tal vez el más popular de todos sigue siendo Charles Manson, quien desde la cárcel sigue manipulando las actividades de sus seguidores. Éste vende a diario su imagen para camisetas, posters y calendarios, pinta cuadros, graba discos… e incluso ha podido incluir “Look at Your Game Girl”, una de sus estrambóticas canciones, en la primera edición del elepé “Spaghetti Incident” del grupo de rock Guns´N Roses.

Ni que decir tiene que por Internet se está montado un negocio extraordinario entorno a los homicidas múltiples. Todo aquel que tenga conexión a la red puede coleccionar los cuadros de John Wayne Gacy, ese que se disfrazaba de payaso en las fiestas de la comunidad para divertir a los niños, hasta que asesinó a 33 de ellos después de violarlos y los enterró debajo de su casa. ¿Por qué no tener uno? Ya no se ve como algo excéntrico, ahora es todo un lujo. No hay que olvidar que desde que está en prisión, el payaso asesino ha ido conseguido cierto reconocimiento como pintor naïf y sus cuadros llegan a alcanzar precios muy elevados en el mercado.

Si no queremos gastarnos tanto dinero, en la tienda de subastas virtual eBay, podemos comprar las pinturas de Arthur Shawcross, que desde 1991 cumple una condena de 250 años de cárcel por haber asesinado a 11 mujeres. No importa que las familias de las víctimas protestes indignadas, el negocio es el negocio. Y se lo han sabido montar bien, para que no constituya una violación a la llamada Ley del Hijo de Sam, que prohíbe que los homicidas múltiples obtengan ganancias por sus delitos, Shawcross, en vez de dinero, recibe regalos a cambio de sus pinturas. ¿Quién se estará beneficiando de los cuadros del asesino?

También por Internet, gracias a los club de fans de cada uno de ellos se pueden adquirir las más curiosas reliquias: un mechón de pelo auténtico de Jeffrey Dahmer, el asesino de quince jóvenes homosexuales a los que pretendía “zombificar” para que no se le descompusieran los cadáveres, y para ello perforó sus cabezas con un taladro eléctrico y les inyectó en la cavidad craneal lejía y agua hirviendo. Si no nos gustan los pelos de Dahmer podemos comprar los calcetines de Charles Manson, o todo un extenso catálogo de “productos Gein”, como sus fotos policiales, pins y camisetas con su cara estampada.

Y ya si tenemos tanto dinero que no sabemos cómo gastarlo, ¿por qué no un viaje por los Estados Unidos para visitar en Plainsfield lo que podía haber sido la Casa Museo de Ed Gein, el asesino en el que se basaron para el personaje de Normas Bates en la película Psicosis porque confeccionaba ropa y forraba sus muebles con piel humana? Los vecinos la destrozaron en 1958 cuando se corrió el rumor que iba a ser destinada para visitas, pero sí que está expuesto su coche, y además, por 200 $ nos llevamos un busto de recuerdo, no hace falta que lo pidamos por Internet a su club de fans.

Si no fuera porque al final ellos tampoco se atrevieron a llevar a cabo el proyecto, hubiésemos podido visitar en Milwaukee “la Casa de los Horrores de Jeffrey Dahmer”. Un grupo de vecinos compró el lote completo con sus pertenencias cuándo éste fue ejecutado, pero se contentaron con subastar públicamente los utensilios que había utilizado para descuartizar a sus víctimas. Al menos llegaron a un acuerdo entre ellos para repartir los beneficios, y no cómo los padres del mismo asesino, que acabaron en los tribunales para negociar la posesión de su cerebro. Su madre quería venderlo por una millonada a un hospital de investigación mental, pero el padre, avergonzado por las salvajadas cometidas por su hijo, sólo quería que fuese enterrarlo junto a su memoria.

Aquellas poco materialistas en cuanto a objetos personales pero más atrevidas, también pueden dedicarse a buscar marido entre los más célebres y sanguinarios asesinos múltiples. Ted Bundy, al igual que Richard Ramírez o el mismo Gacy han mantenido correspondencia con cientos de mujeres, hasta que se casaron con una de ellas en la prisión. Bundy fue tal vez el más avispado de los tres. A pesar de su sonada y peculiar boda, no dejó de recibir cartas de sus admiradoras con generosos donativos que le permitieron vivir a cuerpo de rey hasta que fue ejecutado.

Hasta hoy no se me había ocurrido analizar la psicología de un fan, pero quiero pensar que los que adoran a los asesinos como si fuesen sus ídolos, lo hacen porque nunca se han puesto en la piel de un investigador de homicidios. Tampoco habrán estado en la escena del crimen, nunca han visto las grabaciones de los cadáveres mutilados, ni las fotos, ni las autopsias, ni se han tenido que armar de valor para llamar a la puerta del familiar de una víctima para decirle en qué estado ha sido hallado el cadáver de su hija asesinada.

En España, gracias a Dios, ningún asesino ha provocado tal fascinación morbosa entre la población, y los únicos casos que han destacado en los últimos años por causas similares, han sido los de dos parricidas que han llamado un poco la atención de la prensa por el hecho de pintar cuadros y escribir un libro, o querer casarse fuera de la cárcel.

El primero de ellos es Andrés Rabadán, diagnosticado en su día de esquizofrenia paranoide y más conocido como el Asesino de la Ballesta por asesinar a su padre con varias flechas de un arma de este tipo que él mismo le había regalado. Andrés se ha dedicado a pintar cuadros en los últimos años que lleva encerrado, y hoy en día puede presumir que los ha vendido todos. Últimamente ha escrito “Historias desde la cárcel”, publicado por Plaza & Janés, en el que narra sus vivencias con los carceleros y compañeros de celda de los distintos centros penitenciarios dónde ha estado internado.

La historia del otro joven está siendo más polémica por la diferencia de consenso entre los expertos que lo tratan. José Rabadán, quien fuera bautizado por los medios de comunicación como el Asesino de la Katana desde la noche en que con ese arma acabó con la vida de sus padres y su hermana cuando sólo contaba con 16 años, está tratando de convencer a la Juez de Menores de Murcia que lo custodia y decide sobre su suerte, que su vida ha cambiado por amor.

Desde el día de su detención, José ha causado cierta “sensación” entre las múltiples jovencitas que acudieron al juzgado para verlo de cerca. Todas habían visto en la televisión al chico guapo de la katana custodiado por la policía el día del crimen y sentían curiosidad por apreciar su extraordinario parecido con Squall, el personaje de videojuego de Final Fantasy VIII, al que supuestamente emulaba cuando decidió matar a sus padres con el arma japonesa. Desde ese día ha estado recibiendo abundante correspondencia de decenas de adolescentes atraídas por los “chicos malos”.

El caso es que desde hace un tiempo todo parece haber cambiado en la actitud del joven parricida. José dice haberse enamorado de una joven que viene a visitarlo al centro de menores dónde se encuentra, cuando los permisos lo consienten, y que le ha hecho ver la vida y sus errores de otra manera. En su carta a la juez solicita ser puesto en libertad para que pueda seguir desde el exterior el tratamiento terapéutico que está obligado a seguir actualmente en prisión, que ha cambiado y que ahora es una persona plena de buena voluntad que lo único que pretende es pasear con su novia al lado y acudir al cementerio a poner un ramo de flores en la tumba de sus padres...

El problema que tiene José es que poca gente se fía de su repentino cambio de actitud. Los médicos insisten en que es una artimaña del chico para conseguir la libertad, que está fingiendo sus sentimientos y que sigue siendo un peligro para la sociedad. Les parece sospechoso que del día a la mañana pueda enterrar su lado psicopático y se convierta en otra persona. Desde hace más de tres años que lleva internado, su comportamiento siempre ha denotado un carácter agresivo e insolente y nunca ha querido participar en las actividades comunes para la reinserción social que tiene programadas el centro, porque no considera dichas actividades adecuadas para tratar su caso. Sospechoso.

Sin embargo hay gente dispuesta a partir una lanza por la sinceridad en su cambio de actitud. La joven que podría haberle robado el corazón al chico de la katana, aseguraba en una entrevista en prensa que su prometido ya no es como todos le conocimos hace tres años. Que en su día estaba enfermo y no distinguía la fantasía de la realidad, pero que ya se está curando de su trastorno.

Por lo de ahora la pareja parece seguir con su intención de casarse e irse a vivir juntos en cuanto él salga del Centro Educativo Juvenil, y para dar muestra de ello, han firmado unos papeles ante notario que demuestran que legalmente ya son pareja de hecho. Ahora solo falta que la Juez les de su bendición…

Pili Abeijón

Criminóloga

Autora de "Asesinos en Serie" y "Sicarios" (Ed. Arco Expres)

8 comentarios:

Vanesa dijo...

me parece un tema escalofriante. Tengo entendido que muchos asesinos en serie han contraído matrimonio dentro o fuera de prisión a sabiendas por parte de sus mujeres de los horribles actos que habían cometido contra otras mujeres. Incluso en un caso la propia abogada defensora llegó a casarse con su defendido (un asesino en serie de mujeres). Algunos casos han tenido finales sangrientos, como es el caso de dos hermanas que dejaron a sus maridos para empezar a relacionarse con sendos presos acusados de varios asesinatos con tortura; tras casarse con estos asesinos ellas mismas sufrieron muertes espantosas a manos de ellos. Pienso que debería haber leyes para controlar las relaciones que puedan establecer los presos acusados de asesinatos en cadena con gente del exterior, más que nada por razones de seguridad. Es cierto que un asesino en serie puede despertar fascinación por lo que implica de poder el hecho de haber burlado a las fuerzas de seguridad (policía o cualquier otro cuerpo dependiendo del país) durante tanto tiempo y eso puede atraer a masas de gente emocionalmente desequilibrada en algún sentido, por tanto, es un fenómeno peligroso que debería ser vigilado de alguna manera.

Aglae Medina dijo...

el día de ayer supe por mi jefa que uno de sus compañeros gerentes les había puesto nombres de asesinos seriales a sus hijos, en un principio pensamos que era una broma pero hoy visitó nuestras oficinas y le comentamos que sabíamos lo del nombre de dos hijos y dijo que estaba planeando tener un tercero para darle el nombre de otro, no pude contenerme y le dije que tenía serios problemas psicológicos, como un padre puede tentar al destino al usar esos nombres? y que sus hijos sepan el origen?, no tiene miedo que intenten "imitar" en algún momento a los motivadores de la admiración de su padre?

Pedro Yamin dijo...

Estimada Pili:
Entré en este blog buscando explicaciones psicológicas sobre la fascinación que ejercen los criminales, para descubrir que al final no dices nada sobre ellos; sólo describes lo que ya sabemos, que el fenómeno existe. Tal vez la respuesta esté en "un deseo perverso de ser víctimas" fundado en el Instinto de Muerte descripto por Freud, o la relación entre erotismo y muerte que describe Bataille. Parece que existe aún un deslumbramiento por los sacrificios humanos de los cuales la Biblia tiene varios ejemplos, y es evidente en la historia de los mártires cristianos. Sin dejar de ser un trastorno psiquiátrico, parece responder a una verdadera parafilia: la fantasía erótica de ser víctima de uno de estos individuos.
Saludos

Anna dijo...

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