sábado, 12 de mayo de 2007

- Asesinos en serie y pensamiento mágico: cuando las creencias matan

Unos beben la sangre de sus víctimas y otros comen su carne. Algunos asesinan en el nombre de Satán y otros impulsados por unas “voces sobrenaturales”... para la ciencia continúa siendo un misterio la motivación real que lleva a los Serial Killers a cometer los crímenes más crueles, atroces y “diabólicos” a los que han tenido que enfrentarse las policías de todo el planeta.

“¡Yo estoy por encima del bien y del mal, y todos ustedes me dan asco!”, gritó Richard Ramírez desde el estrado, al Tribunal que le juzgaba, y agregó “¡Lucifer está dentro de todos nosotros!”. Y mientras era expulsado de la sala, fuertemente encadenado, giró su penetrante mirada hacia los fotógrafos mientras alzaba la mano izquierda, en la cual tenía tatuado un pentagrama satánico, y murmuraba: “El maligno...”. Richard Ramírez, alias “Night Stalker” (“El Merodeador Nocturno”), aterrorizó la ciudad de Los Angeles, a mediados de los ochenta, asesinando a 14 personas, y violando, agrediendo y robando a otras muchas. Ramírez, que decía actuar movido por la voluntad de Satán, se paseaba por la calle escuchando obsesivamente la canción “Night Prowdler” del grupo AC/DC, hasta que seleccionaba a su víctima. Después penetraba en su casa y la asesinaba sin ninguna piedad, dejando en muchas ocasiones símbolos satánicos dibujados en las paredes con la sangre de dichas víctimas.

Richard Ramírez, un joven hispano de 29 años, es un psicópata asesino en serie, a pesar de que no presentaba un modus opernadi preciso, ya que utilizaba indistintamente armas de fuego o armas blancas para cometer sus crímenes, y tampoco presentaba un tipo de víctima precisa (asesinó igualmente a personas de dieciséis como de sesenta y tres años). Pero ¿por qué?. No existe una respuesta racional a esa pregunta.

EL MISTERIO DE LOS SERIAL KILLERS

El pasado mes de noviembre los mejores especialistas en Asesinos en Serie se dieron cita en Valencia para debatir el misterio que supone, tanto para psiquiatras como para policías, el fenómeno de los Serial Killers. Personalidades como el ex–agente del FBI Robert Ressler (asesor de Expediente-X, Copicat y “El Silencio de los Corderos”); el psiquatra Robert Hare (autor del sistema de clasificación de psicópatas más usado del mundo), o la psicóloga forense Candice Skrapec (que en estos momentos dirige algunas tesis sobre asesinatos en serie y creencias religiosas), analizaron en profundidad el mayor enigma de la psicología criminal.

Durante su conferencia Steven A.Egger, primer autor de una tesis doctoral sobre Serial Killers y profesor de Justicia Criminal en la Universidad de Illinois definió los asesinatos en serie como: “La obra de uno o más individuos que comenten un segundo y posterior asesinato, sin que haya relación anterior entre victima y agresor. Los asesinatos posteriores ocurren en diferentes momentos y no tienen relación aparente con el asesinato inicial, y suelen ser cometidos en una localización geográfica distinta. Además, el motivo del crimen no es el lucro, sino el deseo de ejercer control o dominación sobre sus victimas”.

Sin duda se trata del criminal más temido por las policías de todo el mundo, ya que resulta especialmente difícil investigar este tipo de crímenes en los que no existen relación entre las victimas, ni entre el agresor y ellas. Además, la especial crueldad con que los asesinos comenten estos crímenes aterra y desconcierta a los investigadores. Es como una furia salvaje desatada de pronto, que arrasa todo lo que encuentra a su paso. Es como la expresión del “Mal” en estado puro ya que ¿existe más maligno que la violación, mutilación y asesinato de docenas de seres humanos sin causa aparente?.

Según las escalofriantes estadísticas ofrecidas en este congreso, la mayor parte de los psicópatas que terminan de cumplir su condena y salen de prisión, vuelven a matar. En el citado congreso eran definidos como “adictos al crimen”. Y no se trata del mero acto de robar la vida a otros seres humanos, sino de la brutalidad y crueldad con que esos crímenes son cometidos. Ted Bundy, Arthur Shawcross, John Wayne Gacy, Ed Kemper, Ed Gein… todos ellos se han convertido en personajes populares en los Estados Unidos por haber asesinado a docenas de personas sin un móvil aparente. Mitificados como astros de cine, o ídolos de rock, sus fotos adornan las carpetas y camisetas de miles de adolescentes americanos; reciben centenares de cartas de admiradores e incluso, muchos de ellos –como el mismísimo Ramírez- han llegado a casarse en prisión con alguna de sus fans. ¿Cómo es posible que los peores monstruos de la humanidad despierten esa fascinación? ¿Acaso, como sugieren algunos autores, los Asesinos en Serie son los verdaderos “cachorros” del Maligno?

SACRIFICIOS PARA EL DIABLO

Según relataba Candice Skraper, recientemente era requerida por la policía mexicana para permanecer tres meses en Ciudad Juárez, intentado elaborar el perfil del Asesino en Serie que ha causado la muerte de docenas de mujeres en los últimos años. Los medios de comunicación mexicanos apodaron a este criminal, que todavía no ha sido capturado, “El depredador de Chihuahua”, y se especula con la teoría de que sea un adorador de Satán. Evidentemente ni Skraper, ni los demás investigadores del caso han podido obviar las similitudes entre estos crímenes, y los que aterrorizaron la también fronteriza ciudad mexicana de Matamoros hace unos años.

En aquella ocasión los asesinatos en serie, más de catorce, fueron cometidos por Adolfo de Jesús Costazgo y Sara Aldrete (en la cual se ha inspirado Alex de la Iglesia para su película “Perdita Durango”). Costazgo y Aldrete lideraban un culto satánico en el cual se sacrificaban seres humanos para intentar proteger los turbios negocios de Costazgo de la policía. Iniciado en la Regla de Palo Monte en su Cuba natal, Costazgo consiguió convencer a sus seguidores –una banda de narcotraficantes- de que sus rituales satánicos les protegerían de las balas de la policía. Vana pretensión, ya que, tras ser cercado por los agentes mexicanos, ordenó a uno de sus seguidores que le disparase antes de caer en manos de la policía...

Muchos Serial Killers, como el mendigo Eugene Britt, o el famoso Henry Lee Lucas, han atribuido el origen de sus crímenes a un “espíritu diabólico” que se apoderaba de su voluntad y los hacía matar. Unos, como Ramírez, actuarían en solitario, sin embargo, según algunas fuentes, tras algunos de los Asesinos en Serie más famosos de la historia criminal, se ocultarían cultos satánicos organizados.

En 1976 comenzaron una serie de brutales crímenes en New York que aterraron a la opinión publica norteamericana. Durante un año un individuo –que aparentemente actuaba sólo- disparó a quemarropa contra más de una decena de personas, causando la muerte a más de la mitad, y hiriendo de gravedad a las restantes. Como había ocurrido en el caso de Costazgo, y en tanto otros, fue una casualidad la que llevó a la detención del asesino. Una multa de tráfico puso a la policía en la pista del autor de aquellos crímenes que, en base a algunos anónimos enviados por el asesinos la policía, se bautizaron como los asesinatos de “El Hijo de Sam”. El autor de estos homicidios resultó ser David Berkowitz, un joven de 25 años que afirmaba que una voz le ordenaba matar. Sin embargo, para varios policías de New York que participaron en el caso, y para varios investigadores civiles, Berkowitz no actuó sólo. En base al relato de varios testigos presenciales de los asesinatos, en base a las descripciones del/los sospechosos, y en base a los anónimos enviados por “El Hijo de Sam” a la policía, se ha especulado con la teoría de que David Berkowitz era sólo un instrumento utilizado por un culto satánico. Esta hipótesis, compartida por varios investigadores del caso, dio lugar al guión de la película “El Salario del Diablo”, en el cual se pretende que tras los crímenes de “El Hijo de Sam” en realidad se ocultaba una secta satánica que grababa en vídeo los asesinatos, para comercializarlos como snuff movies... Otras sectas, como la de Charles Manson, merecerían un capitulo aparte. Pero, si ya la motivación “satánica” resulta insólita como justificación de asesinatos en serie, ¿qué decir de móviles vampíricos o licantrópicos? Y es que, sin duda, pocas cosas pueden sorprender tanto a un policía como tener que buscar a un asesino que mata para beber la sangre de sus víctimas o comer su carne...

LOS VERDADEROS VAMPIROS

Imagino que los funcionarios de la embajada de Irán se sintieron muy desconcertados cuando acudí a ellos en busca de información sobe un “vampiro”. Sin embargo debo agradecer la amabilidad con que los funcionarios iraníes respondieron a mis demandas, facilitándome datos e incluso fotografías del “Vampiro de Teheran”.

Se trataba del taxista de 28 años Gholamreza Khoshrou Kouran Kordieh, más conocido como Ali Reza. Según la información que me facilitó la Embajada de Irán, Ali Reza violó y asesinó al menos a nueve mujeres y niñas para beber su sangre, entre febrero y junio de 1997. Condenado a 214 latigazos proporcionados por los familiares de las víctimas y a la pena capital, “El Vampiro de Teherán” fue colgado de una gran grua, ante miles de testigos, el 13 de agosto de ese mismo año. Inmediatamente algunos “intelectuales” sugirieron que unos crímenes tan delirantes como los de “El Vampiro de Teherán” sólo podían producirse en un país “primitivo” e “inculto” como Irán. Pretensión esta absolutamente ridícula, ya que algunos de los asesinatos “vampíricos” más espeluznantes de la historia criminal se han cometido en países del “primer mundo”, como Estados Unidos.

Sin ir más lejos, el Coronel Robert Ressler, tal vez el mayor especialista en Asesinos en Serie del FBI (y quizás del mundo), dedica el primer capítulo de su primer libro: “El que lucha con monstruos”, a otro “Drácula de la vida real”: Richard Chase, alias “El Vampiro de Sacramento”.

Richard Trenton Chase asesinó a dos familias enteras, llevado por una delirante creencia; su sangre estaba envenenada y debía conseguir sangre humana para poder mantener su propia vida. En su delirio, Chase hablaba de una conspiración de los OVNIs y de los nuevos movimientos nazis que intentaban matarlo, pero su creencia más importante era la de que tenía que beber sangre humana para poder vivir. Cuando fue detenido se le incautaron recipientes, como una batidora, en la que preparaba la sangre de sus víctimas, y trozos de su carne, como si de un jugoso zumo se tratase.

Según consta en los archivos del Centro de Investigación y Análisis de la Criminalidad Violenta y Sexual (CIAC), entre los Serial Killers más importantes de la historia se encuentran numerosos casos en los que la necesidad de beber sangre humana era el principal móvil de los crímenes. Me refiero, por supuesto, a “vampiros” que han asesinado en el presente siglo veinte, ya que la historia antigua no ha ofrecido otros casos no menos inconcebibles, como de Vlad Tepes Draculea, Gilles de Rais o la Condesa Bathory, entre otros. Estos son algunos de los más conocidos “vampiros” del siglo XX:

GEORG KARL GROSSMAN: Fue detenido en agosto de 1921, cuando un vecino escuchó los gritos de una joven y llamó a la policía, siendo Grossman sorprendido mientras se bebía la sangre de su última víctima. Los analistas de la policía identificaron los restos de al menos tres mujeres asesinadas en las tres semanas anteriores a la detención, pero se encontraron docenas de prendas de ropa y efectos femeninos en el apartamento. Es imposible calcular cuantas fueron las víctimas exactas de Grossman. Los cálculos más aceptados por los criminalistas hablan de unas cincuenta.

"EL VAMPIRO DE HANNOVER": El caso Haarmann parece una réplica del caso Grossmann, tan cercano en el espacio y en el tiempo. Haarmann elegía a sus víctimas en la estación de ferrocarril de Hannover. Principalmente niños o jóvenes que habían huido de casa, o llegaban a la capital en busca de trabajo. Haarmann fue declarado culpable de 27 asesinatos de muchachos, de entre doce y dieciocho años. Sin embargo Haarmann llegó a decir que "podrían haber sido unos 40". Los mataba, bebía su sangre y comía parte del cuerpo.

"EL VAMPIRO DE DÜSSELDORF": Durante el proceso, iniciado el 13 de abril de 1931, los magistrados tuvieron que soportar la gélida descripción que Peter Kürten hizo de sus crímenes: "Necesitaba sangre como ustedes necesitan alcohol". Confesó con todo detalle como asesinaba a sus víctimas, algunas niñas de solo cinco años, usando un martillo, tijeras, etc., y destrozando absolutamente los cadáveres. Decía que Jack el Destripador era su ídolo...


ALBERT FISH: Cuando fue detenido, la policía encontró muchos recortes de prensa referentes al caso Haarmann en el apartamento de Albert Fish. Recortes que fueron utilizados como prueba durante el juicio que se inició en el Tribunal de White Plains el 12 de marzo de 1935. Definido por la prensa como "el criminal más repulsivo de todos los tiempo", Fish es un buen ejemplo de "asesino místico". Según sus allegados, se proclamaba la reencarnación de Cristo y "el instrumento de Dios contra la Humanidad", algo que repitió durante el juicio. "Beber su sangre -declaró- me producía verdaderos arrebatos de éxtasis sexual".

FLORENCIO FERNANDEZ: El 14 de febrero de 1960, y tras pintoresca operación policial se detuvo al vampiro argentino. Hacía semanas que varias jóvenes estaban siendo atacadas por un individuo que, en la oscuridad nocturna, penetraba en el interior de los domicilios de sus víctimas, aprovechando que se acostaban con las ventanas abiertas a causa del calor reinante en esas fechas. Una vez dentro de la casa, se abalanzaba sobre ellas mientras dormían, sujetándolas a la cama y mordiendo profundamente sus gargantas para beber su sangre.

MARCELO DE ANDRADE: El año 1992 entró salpicado de sangre para la prensa del Brasil. "Bebía su sangre para mantenerme joven y guapo"; con tan insólita declaración el brasileño de 25 años Marcelo Costa de Andrade, ex –miembro de la secta Iglesia Universal del Reino de Dios, pretendía justificar sus brutales crímenes. Captaba a los niños en las zonas marginales de Río, y los convencía para que le acompañases ofreciéndoles comida, golosinas o dinero. Los mataba a golpes y los violaba, dejando bandejas con comida al lado de los cadáveres. Después compraba los periódicos para ver si los cuerpos habían sido hallados.

FILITA MALISHA: El 23 de marzo de 1995 una anciana de 60 años oriunda de Solwezi (Zambia) se personó por propia voluntad en la comisaría de policía para confesar que había asesinado a siete de sus hijos. Según declaró Filita Malisha, había asesinado a sus hijos a lo largo de varios años, en rituales de magia negra que había aprendido de su madre. Y tras asesinarlos, bebía su sangre y comía parte de los cadáveres.

CUANDO EL HOMBRE SE VUELVE BESTIA

Entre 1978 y 1990 Andrei Chikatilo, alias “La Bestia de Rostov” asesinó y mutiló a 55 niños, niñas y mujeres, convirtiéndose en el mayor Asesino en Serie de la historia. “La Bestia” acompañaba a sus víctimas hasta los bosques, donde las atacaba llevado por una “furia animal”, descuartizándolas y llegando a comerse parte de sus cuerpos.

Eran tan brutales las mutilaciones que infringía a sus víctimas, que durante la investigación de uno de los últimos crímenes se produjo una anécdota sorprendente. En la Rusia de finales de los ochenta se producía una oleada de OVNIs (recordemos el caso Voronezh) que acaparó la prensa internacional. Al mismo tiempo comenzaban a llegar desde Puerto Rico las primeras noticias sobre el Chupacabras y las mutilaciones de animales asociadas con OVNIs. Pues bien, dos agentes de policía de Rostov protagonizaron un avistamiento OVNI muy cerca del lugar donde se descubrió el cadáver de una de las últimas víctimas de “La Bestia”. Este incidente, unido a la increíble brutalidad de las mutilaciones, hizo correr el rumor entre la policía de que el autor de aquellos crímenes no podía ser un humano...

Y es que el caso Chikatilo, que hace palidecer a cualquiera de los relatos medievales sobre licántropos, recuerda poderosísimamente al primer Serial Killer español: Manuel Blanco Romasanta, alias “El Hombre-Lobo de Allariz”. Blanco Romasanta asesinó a 13 personas, mutilándolas y devorándolas, llevado por la creencia en que, víctima de una maldición infantil, en ciertas noches de luna llena perdía su forma humana, convirtiéndose en un lobo sediento de sangre, que mataba sin poder contener sus impulsos asesinos. De entre todos los asesinos en serie españoles, como Manuel Delgado “El Arropiero”, José Rodríguez Vega “el asesino de ancianas”, Juan Luis Larrañaga “Koldo”, o Joaquín Ferrándiz, entre otros, tan solo García Escalero “el mendigo asesino”, ha rozado mínimamente la fiereza y crueldad de Manuel Blanco Romasanta. García Escalero, un mendigo que ya en su infancia visitaba los cementerios y se colaba en las funerarias para acostarse junto a los cadáveres que tanto le atraían, asesinó a más de una docena de personas en Madrid hace pocos años, llegando a decapitar a algunas de sus víctimas y a comerse parte del corazón de otras...

Pero ¿hasta que punto las creencias esotéricas pueden suponer un móvil importante en el delirio de los asesinos en serie?. Resulta difícil de calcular. Sin embargo es indudable que dichas creencias han servido para que muchos Serial Killers justificasen sus brutales crímenes...

Jeffrey Dahmer, por ejemplo, debió asimilar muy mal sus lecturas sobre vudú haitiano, ya que asesinó y se comió a quince personas, intentando convertirlos en zombies. Dahmer, que al parecer se había aficionado a las lecturas ocultistas, decidió sustituir el polvo zombie que utilizan los bokor haitianos, por una primitiva operación pseudoquirúrgica en la parte trasera del cráneo de sus víctimas... Desgraciadamente Dahmer fue asesinado en la cárcel antes de que pudiese ser objeto de un estudio en profundidad sobre las anomalías que sin duda deberían existir en su cerebro. Pero en otros casos, el psicópata asesino, ni tan siquiera fue capturado.

Entre 1968 y 1978 un asesino “astrológico” se confesó autor de 37 crímenes. El “Asesino del Zodiaco”, elegía a sus víctimas en función de su signo astrológico, y nunca pudo ser capturado. En 1990 reapareció, aunque todos los expertos coinciden en afirmar que se trataba de un imitador. Pero lo importante es que ese nuevo criminal “astrológico” continuó sembrando la muerte entre los habitantes de Nueva York, eligiendo a sus víctimas por su “carta astral”. Según los astrólogos que fueron consultados por la policía newyorkina, el nuevo “Asesino del Zodiaco” había superpuesto una carta astrológica de Orión sobre un plano de New York, o eso sugería la situación de sus víctimas en el mapa. Sin embargo, al igual que había hecho Jack el Destripador, “el pistolero astrológico” dejó repentinamente de matar, y desapareció con el mismo misterio con que había surgido. Su identidad continúa hoy siendo un enigma.

Ante el absurdo de estos brutales crímenes podemos seguir dudando sobre la existencia o no del Diablo. Pero si realmente El Maligno existe, sin duda los Serial Killers, son sus mejores cachorros...

1 comentario:

Ele Chirilă dijo...

El asesino de zodiaco no actuaba en New York, sino en la zona de Los Ángeles... Y no hay constancia de que eligiera a sus víctimas en función de su signo astrológico, de hecho era bastante espontáneo. Lo llamaban así porque firmaba con una Z y con el signo del zodiaco, y además jugaba con jeroglíficos y con números en sus cartas.