jueves, 30 de abril de 2015

BRUNO HERNANDEZ, EL PRESUNTO DESCUARTIZADOR DE MAJADAHONDA REALIZO RITOS SATANICOS SEGUN VECINOS


En estos días se está hablando en España, en las crónicas de sucesos, del “descuartizador satánico” al que se acusa de ser el responsable de la desaparición de una mujer. Recogemos a continuación algunas de las informaciones publicadas por los medios de comunicación.

Conmoción y desapariciones

El supuesto descuartizador de Majadahonda (Madrid), Bruno Fernández, de 32 años, realizaba ritos satánicos en su domicilio e invocaba a gritos a Lucifer, según los vecinos de Móstoles, donde residió hace al menos diez años junto a su hermana y su padre. También compraba animales vivos en una tienda que luego sacrificaba y en varias ocasiones llegó a provocar pequeños incendios en su domicilio al practicar alguno de los rituales sangrientos que provocaron las llamadas de los vecinos a la Policía, tal como informan Luis F. Durán y Daniel Martín en El Mundo.

Bruno estuvo al menos dos veces ingresado en la Unidad Psiquiátrica del Hospital de Móstoles y tenía recetada una medicación especial para controlar los episodios esquizofrénicos que sufría, según las mismas fuentes que indicaron que estaba pendiente de ingresar en un centro psiquiátrico.
Hasta el momento, está encarcelado por su presunta relación con la desaparición de una mujer argentina de 55 años, Adriana Giogiosa. Ésta residía en la casa que Bruno heredó de su tía en Majadahonda, de la que tampoco se sabe nada desde hace años.

Un extraño comportamiento

En la calle Teruel de Móstoles los vecinos no paran de describir los comportamientos extraños de Bruno que podían hacer presagiar que había algo más detrás de su «actitud seca y distante». «A veces gritaba ‘¡Lucifer!’ desde la ventana y se reía como un loco, otras daba golpes o quemaba incienso», asegura una de las vecinas del bloque, que como el resto, todavía tiene el miedo metido en el cuerpo. «Llevo todo el día temblando», afirmó al conocer que Bruno podría estar detrás del crimen de una mujer y de su tía.

El sospechoso se mudó junto a su padre y su hermana a Móstoles hace unos diez años. Al parecer «antes vivían en Estados Unidos», según los residentes. Desde entonces los golpes, el ruido de movimiento de muebles, la «música satánica» o las frases incoherentes y repetitivas «Ser, venir, estar, ser, venir, estar…», formaban parte de la acústica del vecindario.

«Hace aproximadamente un año le dio un brote psicótico y empezó a gritar ‘¡Satán!, ¡Satán!’. Pensábamos que se podía autolesionar y llamé a la Policía. Vino el Samur y cuatro agentes, que se lo llevaron a la fuerza», recuerda una de las residentes del edificio.
Otra vecina asevera que estuvo entonces ingresado en un centro psiquiátrico «y no era la primera vez». «Daba mucho miedo ese chico. Ponía la voz muy grave, como si fuese otra persona, chillaba cosas de guerras y se reía mucho. Además –añade– tenía una pala enorme en la terraza que nos preocupaba».

Otro objeto de Bruno no pasó desapercibido para la persona que lo construyó. La dueña de una tienda de objetos artesanales próxima a la vivienda recuerda como le encargó hace varios años que fabricase un cristo de marmolina. «Me pidió que lo pintara e insistió en que quería que tuviese mucha sangre; me pareció muy raro», explica.

Según varios testimonios, el presunto descuartizador de Majadahonda «había estudiado informática, aunque no se le conocía trabajo». Su padre regenta desde hace años un bar a escasos minutos de su domicilio y su hermana pasa largas temporadas fuera de casa por motivos de trabajo. La relación filial distaba mucho de ser cordial, según indican los vecinos.

«Discutía mucho con su hermana y le decía que se comportaba así porque su madre de pequeño le pegaba y le encerraba en el cuarto de baño cuando no quería comer. Creemos que les abandonó hace años», explican. «También hacía fuego dentro de casa y olía de forma muy rara. Un día salió tanto humo que tuve que avisar a la Policía y a los Bomberos», resaltó otra mujer.

En los últimos meses se le veía con «una joven rubia extranjera» a la que en ocasiones subía a casa y con la que mantenía una relación sentimental. «Ella tenía un hijo y venía con él a verle pero ni siquiera nos saludaban en la escalera», apuntó. Este hecho llamó poderosamente la atención de los vecinos, ya que durante los años en los que Bruno vivió en el bloque «apenas salía de casa y no parecía que se llevase con nadie».

Para mucho de los residentes además era muy identificable. «Es rubio, delgado, con el pelo rizado y siempre parecía que te estaba perdonando la vida», señaló Jorge, también residente en la misma calle. «Aquí menos mal que no echamos de menos a nadie, sino pensaría que ha pasado lo mismo que en Majadahonda», agregó.

Trabajo policial

La Guardia Civil realizó el pasado 20 de abril una nueva inspección ocular en la casa de Bruno Fernández. El supuesto descuartizador está encarcelado a la espera de localizar el cadáver o los restos de la mujer desaparecida que se buscan ahora en un vertedero de Pinto. Se tiene la certeza de que el hombre pudo acabar con la vida de la mujer y que luego trató de trocear el cadáver y triturarlo en una picadora de carne que tenía en el garaje.

En este cuarto ya se encontró sangre en las paredes y también en la máquina de carne. Se están cotejando los restos descubiertos con el ADN de un hermano de la mujer argentina desaparecida. Los agentes volvieron al piso para realizar una nueva inspección ocular del chalé y especialmente del garaje donde podría haber cometido el presunto crimen.

El 21 de abril a las 10.30 horas, el detenido, que se encuentra en prisión provisional desde hace dos semanas, llegaba esposado a la vivienda. Cuatro horas después salía de la casa con la cara tapada por una cazadora y acompañado por agentes que le condujeron hasta el coche policial camuflado para ser trasladado al cuartel, mientras en la calle algunos vecinos le gritaban «asesino» e «hijo de puta».

El detenido presenció, junto a su abogado y el secretario judicial, la inspección ocular practicada por los especialistas de Científica de la Guardia Civil. Tras un receso para comer los agentes regresaron a las cuatro y media de la tarde para seguir con el trabajo. Sobre las 22.30 se volvieron a marchar. A lo largo de toda la jornada, Bruno se mantuvo frío y respondió con monosílabos a las preguntas de los agentes.

Fuentes de la investigación señalaron que la nueva inspección ocular tiene como objetivo recabar pruebas que esclarezcan el paradero de Adriana. Se recogieron nuevas muestras de sangre en la parte baja del chalé adosado y se incautaron de ropa del sospechoso.

Los investigadores trabajan con la principal hipótesis de que el casero, de nacionalidad española y 32 años, la mató, la descuartizó, y la metió en bolsas para tirarlas a la basura. Varios jóvenes que estaban sentados en la calle durante una noche se sorprendieron al ver cómo sacaba varias bolsas y las arrojaba en un contenedor de basura. Uno dijo que en una bolsa había carne humana.

Mientras, la Guardia Civil ha descubierto en Móstoles el vehículo de la mujer argentina desaparecida. Estaba en las inmediaciones de la vivienda donde reside el padre y la hermana del detenido. También se ha encontrado su teléfono móvil.

Los agentes tienen ya un amplio listado de los inquilinos del adosado, aunque la investigación se ciñe a este caso, pues solo de este existe una denuncia por desaparición presentada por la familia de Adriana el pasado día 6 de abril.

Los vecinos aseguran que por la casa han pasado decenas de personas en los últimos cuatro años. «La que más tiempo ha durado es Adriana que llevaba allí unos cuatro meses. Hay gente que pasaba sólo un día y se iban ya que decían que el dueño de la casa era muy raro».

El chalé de Majadahonda era propiedad de una tía de Bruno que, según su versión, se fue hace cuatro años a vivir a una residencia tras el suicidio de un hijo suyo. Sin embargo, la Guardia Civil no ha encontrado el nombre de su tía en ningún centro geriátrico y tampoco figura en el registro de fallecidos.

Bruno no tenía relación con los vecinos que escuchaban continuamente ruidos extraños de madrugada en el último mes. Se ha averiguado que quería cambiar de nombre, que estaba aprendiendo euskera y que preparaba un viaje para marcharse fuera.

Indicios que lo incriminan

De momento, tal como explica Sergio Barrenechea en una noticia de la agencia Efe, se han encontrado restos de sangre humana en una trituradora y en la vivienda. Se trata de una cantidad escasa y con apariencia de haber sido lavada con lejía o algún otro producto de limpieza, lo que puede dificultar que se pueda extraer ADN en las condiciones necesarias para poder ser comparado con el de la familia de la desaparecida y así determinar si pertenece a ella.

Según fuentes de la investigación, el sospechoso siempre se ha mostrado “tremendamente frío”. El arrestado, que demuestra una y otra vez sus conocimientos de derecho penal, nunca ha aclarado por qué tenía una trituradora en casa o por qué el coche de la víctima ha aparecido en las inmediaciones de su domicilio habitual, en Móstoles. Ni una palabra tampoco sobre el móvil de la ciudadana argentina desde el que, supuestamente después de ser asesinada, su verdugo se dedicó a mandar mensajes de texto a su familia.


El padre del presunto homicida de Majadahonda no tiene respuestas para nada. Según publica ABC, habría comentado a un amigo que su hijo “ha hecho algo muy grave, terrible; él debería estar en un hospital, no en la calle… La culpa la tienen los que le dejaron salir”.

Luis Santamaria
http://infocatolica.com/blog/infories.php/1504220902-el-presunto-descuartizador-ma

miércoles, 22 de abril de 2015

GOING CLEAR: ¿EL FINAL DE CIENCIOLOGIA?

 El documental ‘Going Clear’, emitido por la HBO, le ha hecho más daño de lo que jamás podríamos pensar.

Todo empezó con un montón de personas y sus caretas de ‘V de Vendetta’. Difícilmente se podría considerar como un ataque a tener en cuenta, pero el lema de la Iglesia de la Cienciología (uno de ellos) es: “Never defend, always attack”. Era el credo de su fundador, L. Ron Hubbard, y se aplicó a rajatabla contra esas hordas de internautas que, animadas por Anonymous, se concentraban ante sus sedes allá por 2008. ¿Qué querían con estas protestas no violentas (pero sí bastante pintorescas)? Entre otras cosas, arrojar luz sobre el hecho de que el fisco norteamericano le hubiese concedido a una secta el estatus de entidad religiosa. Y, por consiguiente, exenta de impuestos.

Esta alucinante situación tributaria, y las tácticas sucias que sus abogados emplearon para conseguirla, forma uno de los núcleos de interés de ‘Going Clear’, documental de Alex Gibney que fue presentado el pasado mes de enero en Sundance. Cuando los líderes cienciólogos se enteraron de que HBO estaba interesada en emitirlo, el festival comprendió que lo de atacar siempre primero iba muy en serio, hasta el punto de que tuvo que ponerle escolta a Gibney. Es hasta cierto punto comprensible: ‘Going Clear’ no es la primera gran exposé ciencióloga que se publica desde lo de Anonymous, pero sí es la primera en formato audiovisual. La palabra es poderosa, pero la imagen (emitida, para más inri, en el canal de pago con más suscriptores de la nación) lo es aún más. Escribir sobre cómo los líderes de la iglesia esquivan a la prensa es una cosa; verlos corriendo hacia el lado contrario de un micrófono es otra.

El documental nace de un ensayo homónimo escrito por Lawrence Wright, periodista del New Yorker que pudo entrevistar a Paul Haggis en 2011. El director y guionista le abrió sus malditas tripas entonces: cómo la Cienciología lo captó a finales de los 70, cómo le pidieron que se aislara de sus familiares y amigos escépticos, cómo se aprovecharon de sus debilidades personales para hacerse más fuertes en su vida… El artículo, una pieza periodística extraordinaria, se preguntaba cómo un tipo tan inteligente como Haggis pudo haberle dado tantos años de su vida a la secta, y la respuesta que encontraba tenía que ver con lo mucho que la Cienciología se parece a su peor enemiga: la terapia. Lo que ofrece al miembro recién captado es, más o menos, una mezcla entre psicoanálisis y religión pop.

Haggis, que también aparece en el documental, reconoce que al principio hay un gran componente de curiosidad: ¿Por qué todos esas celebridades de Hollywood están aquí? ¿Qué secretos esconde? Según ‘Going Clear’, la razón por la que los Tom Cruises y John Travoltas siguen siendo las joyas de la corona ciencióloga tiene bastante que ver con el chantaje. Años y años de “investigación espiritual” en sus vidas dan para muchos esqueletos en el armario. Al parecer, Wright y Gibney están seguros de que hubo un tiempo, a mediados de los 90, en que Cruise se empezó a distanciar de ellos, más o menos cuando accedió a los niveles superiores de conocimiento cienciólogo y le contaron los detalles extravagantes que todos conocemos: los alienígenas, las bombas de hidrógeno, el todopoderoso Xenu, el contrato de miles de años… La Cienciología encontró una manera de mantenerlo bien atado y, de paso, convencerlo para que dejara a Nicole Kidman. Al fin y al cabo, como él mismo ha reconocido (y luego se ha arrepentido de reconocer), curaron su dislexia…

La relevancia de ‘Going Clear’ estriba en que no se centra sólo en la esencia ridícula de sus creencias (no es, en suma, un episodio de ‘South Park’), sino en detalles más mundanos y escandalosos. Por ejemplo, esas técnicas de desconexión de las que hablaba Paul Haggis, quien llegó a pensar que el rollo de las naves espaciales era una simple prueba de fe (“¿Quizá es un test de locura? ¿Quizá te echan si te crees esto?”). O las condiciones de semi-esclavismo en las que, al parecer, trabajan algunos de sus peones de base. O los flagrantes casos de abusos sexuales, que afectarían a su más alta cúpula. O las técnicas de presión que ejercen entre los que intentan salirse, siempre respaldadas por la primera enmienda y su condición de entidad religiosa legalmente constituida. Sin ella, y sin la excepción fiscal que conlleva, ‘Going Clear’ afirma que la Cienciología tendría que haber declarado la bancarrota hace décadas.

Así que el impacto social del documental ha sido doble: por un lado, subrayar que la Iglesia de la Cienciología no es sólo una fiesta loca para excéntricos hollywoodienses, sino que afecta a las vidas de cientos de ciudadanos de a pie. Y, por otro, traducir en imágenes concretas la labor periodística de denuncia que medios como Rolling Stone, The St. Petersburg Times y el propio New Yorker llevan años haciendo, siempre después de maratonianas reuniones con los abogados de la iglesia. Gracias al material audiovisual que ‘Going Clear’ ha conseguido, tenemos, por ejemplo, parodias en el ‘SNL’. Y eso es lo que más daño le puede hacer a una secta que basa gran parte de su poder en su dominio de la imagen seductora
Para muchos expertos en religión, es posible que estemos ante el principio del fin de la Cienciología: una cosa es que decenas de personas con máscara se reúnan ante una sede porque Internet se lo ha dicho, pero otra es que aparezcan denuncias y parodias cada día en los medios de comunicación. El ejemplo de apóstatas del prestigio de Paul Haggis también es fatal, pero lo más importante es que ahora podemos ver sus vídeos promocionales y evaluar el daño que pueden hacer a personas que no atraviesen por su mejor momento personal. Eso sí que hace llorar a Xenu.


http://www.revistagq.com/actualidad/cultura/articulos/cienciologia-documental-going-clear-alex-gibney/21765

Documental Going Clear subtitulado en español disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=g1opSBNzDo4


sábado, 18 de abril de 2015

VIDENTES DETENIDOS POR ESTAFAR 225.000 EUROS A LOS PADRES DE UN NIÑO ENFERMO


Los cuatro detenidos, dos de ellos ya encarcelados, aseguraron a una pareja que su hijo de cinco años estaba amenazado por una "sombra maligna" - Llegaron a anunciar a los padres, que han acabado arruinados, la fecha exacta de la muerte del menor

PALMA. La preocupación de los padres de un niño de cinco años por unas extrañas visiones ha acabado arruinándoles. La Policía ha detenido en la comarca del Raiguer a cuatro personas, dos de ellas ya encarceladas, por cobrarles 225.000 euros a cambio de remedios de brujería para librar al pequeño de los espíritus malignos que, aseguraban los acusados, lo acechaban y podían llegar a matarlo. Las víctimas pidieron dinero a familiares, amigos y entidades crediticias para poder costear los remedios sanadores, atemorizados por los malos augurios de la bruja y sus cómplices.
Todo comenzó en 2012, cuando el pequeño, que tenía cinco años, relató visiones en las que aparecían un niño sin ojos y una niña vestida de blanco. Dos mujeres, pareja y madres de un menor que iba al mismo colegio de Palma, y dos familiares de estas explicaron entonces a los afectados que tenían poderes de predicción y sanación. Así, hicieron creer a las víctimas que su hijo estaba siendo perseguido por unas sombras o espíritus malignos capaces de provocarle graves enfermedades y acabar con su vida.

La bruja y sus cuatro discípulos les ofrecieron ayuda. Les dijeron que el niño debía ser atendido urgentemente para librarlo de esas amenazas y que ellos podían hacerlo aplicándole unos costosos remedios. Durante meses, los padres estuvieron pagando grandes sumas de dinero para salvar a su hijo. Los acusados no dejaban de asustarles, anunciando nuevos males para el pequeño con el objetivo de seguir desvalijándolos.

La situación económica de los padres no tardó en resentirse. Para seguir pagando los remedios recurrieron a familiares y amigos e incluso pidieron créditos para hacer frente a los pagos, endeudándose hasta el extremo de acabar en la ruina. La bruja y sus secuaces llegar a tener un control casi absoluto de los movimientos del niño, ya que debían dar permiso a las víctimas para llevarlo al parque, a la playa y hasta para dejarle salir al balcón de su casa. Todo bajo la amenaza de que la sombra maligna podía atraparle y matarlo. Los acusados y los padres llegaron a crear un grupo de Whatsapp, llamado 'Los sabios viejos', en el que intervenían supuestos ángeles que anunciaban los males del menor, los remedios necesarios –unas imaginar burbujas de protección de platino– y el coste del tratamiento.

La bruja y sus cómplices llegaron a anunciar a los padres la fecha de la muerte de su hijo para mantenerlos bajo su control. Fue el principio del fin de la estafa. Los afectados, cuando llegó el día indicado, en octubre de 2014, y a su hijo no lo pasó nada decidieron acudir a la Policía. El grupo de Delincuencia Económica de la Jefatura de Palma abrió una investigación –bautizada como 'Operación Karmesite'– que tras seis meses se ha saldado esta semana con la detención de la bruja, su mujer, el hermano de una de ellas y la pareja de este por delitos de estafa, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal. También se ha imputado a otro familiar, pero su papel se habría limitado a contratar una línea de teléfono sin conocer el fraude que los otros estaban cometiendo.

Los agentes han comprobado, gracias a la documentación aportada por las víctimas y al análisis de las cuentas corrientes y los movimientos bancarios de los sospechosos, cómo elevaron su nivel de vida gracias a la estafa. Viajaron a Eurodisney y realizaron abundantes compras de aparatos electrónicos, coches de segunda mano, muebles y restaurantes. Los cuatro arrestados, españoles de entre 40 y 50 años, fueron puestos anteayer a disposición judicial y la bruja y su compañera sentimental ingresaron en prisión. La Policía intenta aclarar si otra familia ha sido víctima de la misma estafa.

M. OLLÉS / B. PALAU

http://www.diariodemallorca.es/sucesos/2015/04/17/estafan-225000-euros-remedios-brujeria/1015356.html

viernes, 27 de marzo de 2015

ANALISIS DE SENTENCIA UNICA EN ESPAÑA CONTRA UN VIDENTE


La cosa sería de chiste si no fuera esperpéntica y afectara a personas inocentes. Un vidente que trabaja en Tenerife ha sido condenado a cuatro años de prisión por fraude. ¿Es que sus superpoderes no podían prever este fin? Está claro que el chiste fácil no es suficiente para luchar en contra de las pseudociencias y el fraude asociado a ellas.

De hecho, en España es mucho más común llegar a sentencias de cárcel contra médicos u otros profesionales con carreras científicas por mala praxis o negligencia que a un tarotista o a un vidente por estafa.

En la (se supone) tranquila isla de Tenerife hace unos días se ha dictado una sentencia contra un vidente: cuatro años de cárcel y la devolución de 60.000 euros estafados a dos hermanos procedentes de una zona rural de la isla y con un escaso nivel cultural.

Es de las pocas sentencias que se conocen en España con pena de cárcel por una práctica así y el caso puede sentar un interesante precedente en varios sentidos. En 2012 un vidente fue condenado a 15 meses pero aquella pena no implicaba la entrada efectiva en prisión como en esta ocasión. No obstante, la sentencia aún no es firme puesto que el condenado puede recurrir al Tribunal Supremo.

La resolución de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife recalca el hecho de que es el engaño y la videncia lo que es constitutivo de estafa. La condena contra “Víctor Manuel Valdivieso Hernández, conocido con el original apodo de ‘El Brujo’, lo reconoce como “autor responsable de un delito de estafa de los artículos 248 y 250.1.4º y 5º a la pena de cuatro años de prisión, con accesoria de inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo, y multa de 3.000 euros”, tal y como se recoge en el documento oficial. Además, en concepto de responsabilidad civil indemnizará a los demandantes (dos hermanos de una zona muy rural del norte de Tenerife) por una cuantía de casi 60.000 euros, que es el 90% de lo que les llegó a cobrar por sus servicios.

En la sentencia se reconoce que ‘El Brujo’ viene ofreciendo servicios de “ocultismo”, “esoterismo” y “misticismo” en su consulta de Santa Úrsula, con el nombre comercial “Yara Magia Azul”, y publicita sus servicios en la cadena de televisión “El Día TV”. Esta publicidad ha sido esencial a la hora de dictar sentencia y, si se interpone recurso y queda ratificada en el Tribunal Supremo, puede marcar el camino de posteriores sentencias en casos similares (Edit ver comentarios).


La historia se inicia, tal y como se explica en la sentencia y relata el propio abogado de la defensa cuando ambos “ante la aparición en su propiedad de un animal muerto y de otros objetos que relacionaron con prácticas de brujería, tras haber visto en televisión al mencionado Víctor Manuel Valdivieso Hernández, decidieron contratar sus servicios a principios del mes de diciembre”.

El abogado de Dominga y Felipe es Carlos Álvarez y señala que “para mis clientes, el hecho de que salieran en televisión era un signo de que se trataba de una persona válida y eso les daba confianza”. De hecho, a él mismo lo contactaron porque es un abogado que también tiene un programa en una televisión local. Aquí, una de las claves de esta sentencia donde se demuestra la potencia de la televisión para dar pábulo a este tipo de prácticas.

En este sentido, para el profesor de Derecho Civil de la Universidad de La Laguna (ULL), Luis Javier Capote es “interesante el hecho de que se relacione con un espacio televisivo de un medio local, ya que en otras comunidades autónomas el concurso de licencias para la TDT ha establecido entre su clausulado ciertos vetos a según qué contenidos como la pornografía o la videncia. Sería interesante que el Gobierno de Canarias reflexionare sobre este particular. Las cadenas televisivas son medios públicos de gestión igualmente pública o privada, y creo que en el espíritu de sus normas rectoras hay espacio para argumentar que estos contenidos -que difunden la superchería, el oscurantismo y facilitan el control por medio del miedo- quedaran fuera”.
Volviendo al relato que consta en la sentencia, una vez que los hermanos contactaron con el vidente, “el acusado pudo constatar la ignorancia y vulnerabilidad de ambos; su grave preocupación por la posible pérdida de una finca” que estaba “siendo objeto de una reclamación judicial; que ambos cuidaban de otra hermana discapacitada enferma de epilepsia; y que ninguno de ellos estaba casado y vivían solos en el campo”.
El abogado de ambos hermanos es Carlos Álvarez y relata que “les hacía entrar por separado a su consulta y que les prohibía que hablaran entre ellos del asunto”. Además, según explicó uno de ellos ante el juez, “quemaba alguna sustancia que emitía humos durante la sesión, lo que le aturdía”. Como ejemplo de los cobros realizados hay que destacar que en solo dos días el vidente les llegó a cobrar cantidades de “600, 1.500 y 4.000 euros”. El resto de los pagos se produjeron a lo largo de varios meses.
Carlos Álvarez explica que sus clientes llegaron a su bufete y le explicaron que habían pagado a este vidente del norte de Tenerife unos 70.000 euros en total (los ahorros de toda su vida), porque les había prometido que, con sus prácticas, iba a curar a su hermana epiléptica y que les resolvería esos problemas legales relacionados con sus propiedades. “El juez dictó sentencia por fraude continuado”, explica el abogado, no por considerar que la videncia en sí es un fraude “sino porque prometía realizar labores como sanaciones o resolución de documentación que está más allá de sus funciones”.

Ahí está la clave, porque la videncia es legal en España, no se le considera en sí misma un fraude.

La pregunta es ¿esto creará conciencia social como para que estas prácticas se consideren fraudulentas? La respuesta la aporta la catedrática en Sociología de la Universidad de La Laguna, Teresa González de la Fe, que ha trabajado mucho sobre Pseudociencias:

“Me parece que este tipo de sentencias, y el hecho de que sean tan publicitadas, contribuye a crear conciencia de que este tipo de servicios de videncia siempre son fraudulentos. El juez parece hilar fino al separar la prestación de un ‘servicio’ de videncia u ocultismo -que considera que en sí mismo no es estafa- del fraude que supone inducir a error a las víctimas y lucrarse a costa de ellas. En mi opinión, esos supuestos servicios suponen un fraude puesto que se crean expectativas que es imposible que se satisfagan. Si contrato a un tarotista para que me lea el futuro, el fraude reside, a mi juicio, en que es imposible que el futuro de nadie pueda adivinarse, y ahí reside el engaño. Aunque para que el engaño sea posible, la víctima ha de tener la creencia de que el futuro es legible y que la baraja lo puede descifrar. De nuevo, con lo que nos encontramos es con la ignorancia y la superstición, que son el caldo de cultivo de estas prácticas y de los que se lucran con ellas”.

Momentos hilarantes en el juicio fueron cuando ‘El Brujo’ explicó a los presentes cómo realizar un ‘lavado’, algo que según la demandante “realizaba tras hablar con el Universo para pedirle la curación de la hermana enferma”, explica el abogado y añade que “les prometía un certificado de curación. Un documento firmado por él mismo”.

En este sentido, el profesor de Derecho Civil de la Universidad de La Laguna (ULL) Luis Javier Capote explica que “la resolución de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife recalca el hecho de que es el engaño y la videncia lo que es constitutivo de estafa. La razón de esta afirmación viene dada por el hecho de que dicho delito requiere una serie de presupuestos para su existencia, siendo fundamental el concepto de ‘engaño bastante’. En este concepto hay una doble consideración objetiva y subjetiva. La primera hace referencia a la sostenibilidad del fraude, esto es, que se dibuje algo posible, lo cual, tratándose de una superchería tan burda como la videncia, es un tanto difícil; la segunda se refiere a la cultura, formación y conocimientos de la posible víctima. En este caso concreto, queda patente que las características de las personas defraudadas les hacían especialmente vulnerables a estas maquinaciones insidiosas”.

En el juicio, pese a que ‘El Brujo’ trató de justificar los pagos (que sumaron una cantidad de más de 70.000 euros) en la compra de objetos esotéricos, se demostró (literalmente en la sentencia) que “estos fabulosos pagos no tenían justificación alguna, resultaban absolutamente irracionales,carecían de cualquier proporción imaginable con lo que pueda llegar a ser el pago a un médium para que rece o invoque espíritus, y solamente encuentran explicación en el contexto de un sometimiento de la voluntad al que la víctima es inducida por quien, aprovechándose de sus vulnerabilidades e ignorancia, le lleva a creer hechos absurdos como su situación de grave peligro, su propia muerte, el empeoramiento de la salud de su hermana o la posibilidad de sanarla”.

En este caso, la condena no solo se halla en el engaño relacionado con la salud sino que, demuestra, que el acusado “aprovechándose de la ascendencia sobre los hermanos que ya había cultivado y de su evidente credulidad e ignorancia, les hizo creer que tenía un pariente juez en Las Palmas y que conocía a un notario de Tacoronte que podían mediar y hacer gestiones para que el pleito se resolviera de forma favorable para ellos. Por estos servicios, el Sr. Valdivieso reclamó (y obtuvo) el pago de otros 19.990 €”.

En la sentencia se vuelve a dejar claro que en España es legal ofrecer rezos o conjuros con este párrafo: “Pues bien, el ofrecimiento al público de servicios de magia, rezos, conjuros o semejantes, por sorprendente que pueda parecer la adquisición de los mismos, constituye una acción socialmente adecuada de la que no puede derivarse responsabilidad: quien cobra por hacer rezos, invocar espíritus o espantarlos, o neutralizar la magia de que alguien pueda haber sido objeto, no comete por ello un delito de estafa; y es irrelevante si quien ofrece esos servicios conoce (o incluso se aprovecha) del error de quien le reclama tales servicios, que se representa internamente que la intervención del médium, mago o curandero puede llegar tener unos efectos realmente imposibles. En estos supuestos el posible error de quien contrata no es imputable a la conducta de quien ofrece la magia, sino que la particular forma de entender la realidad de quien paga por este tipo de servicios es exclusivamente imputable a su propia cultura y “creencias ajenas a la conducta del acusado” (STS 20-12-2001; en el mismo sentido, STS 2-2-2007).

El profesor de Derecho de la ULL explica en este sentido que: “la videncia (al igual que otras prácticas pseudocientíficas) es tolerada en el sentido de que, desde la perspectiva jurídica quien se arriesga o participa en esas prácticas (esto es, la clientela) deben o deberían saber que nada de eso es real o veraz. Solo en casos como el que aquí nos ocupa (especial indefensión intelectual) o en otros en los que se ha producido un daño más allá de lo patrimonial (lesiones o incluso muerte, en los casos en los que el practicante de la pseudociencia se embarca de forma insensata en casos de índole sanitaria) se produce un resultado judicial condenatorio”.

En este mismo sentido, Capote insiste en que “el Derecho es un tanto “cruel” con la “víctima”, ya que se rige por una máxima según la cual las normas solo ayudan a quien se ayuda a sí mismo y se rige en sus asuntos con una diligencia adecuada. Dicho de forma llana, tiene poca tolerancia y menos compasión aún por quienes, teniendo cultura, formación y medios para informarse caen plácidamente en las redes de estos artistas del engaño. Hay casos limítrofes -como por ejemplo, aquellos en los que la persona, pese a su nivel intelectual y cognitivo, se agarra a un clavo ardiendo (pensemos en Steve Jobs)- pero la razón de esta “permisividad” puede ser más profunda. Supongamos por un momento que eliminamos del panorama comercial la videncia y restamos a libre albedrío de las personas la posibilidad de elegir, lo que yo llamo el derecho fundamental a la necedad”.

El propio profesor se pregunta “¿Qué motivo o razón habría que invocar para justificar esta interdicción? Autores como Javier Cavanilles (en su libro El tarot ¡vaya timo!) postulan esta posibilidad y critican al legislador y a la judicatura por su tibieza, alegando que estamos ante un engaño basado en la irracionalidad. Sin embargo, si usáremos ese argumento se abriría una senda que nos llevaría a terrenos más pantanosos desde el punto de vista social. ¿Qué otro aspecto humano está basado en la creencia y situado fuera de la razón? ¿Nos planteamos en consecuencia la prohibición de la religión?”. Buenas preguntas.

Es evidente que todas estas prácticas existen porque hay una gran aceptación social de las mismas. La catedrática de Sociología de la Universidad de La Laguna (ULL) y experta en Pseudociencias, Teresa González de la Fe, reflexiona que “esta situación refleja la permisividad y tolerancia social hacia las supersticiones y el escaso aprecio social a la ciencia. La videncia, el ocultismo, las magias y ese tipo de actuaciones se desarrollan, me parece, en una indefinición legal. Parecen pertenecer al campo del entretenimiento y los gustos personales, al ámbito sagrado de la libertad privada, dejando de lado el hecho de lo que promete el “servicio esotérico” es un engaño, pero en ningún lado se deja claro que lo es, que es ficción, que es un entretenimiento. Cuando vamos al cine o al teatro, sabemos que lo que ahí sucede es ficción. Cuando se va al tarotista o al sanador, este carácter ficticio no queda explícito”.

Lo más curioso de estas prácticas pseudocientíficas es que la propia Agencia Tributaria tiene un ítem para la videncia, algo que hasta cierto punto le podría dar validez a esta curiosa profesión. El profesor de Derecho de la ULL insiste en que “el hecho de que haya un ítem para la videncia en el ámbito de la Agencia Tributaria no da validez científica (siquiera moral) a estas prácticas. El Derecho no es una ciencia y su campo se ha situado siempre en pie de igualdad pero con independencia respecto de las ciencias, las humanidades o las artes, de modo que no podemos invocar esto como justificación de la validez de lo que está probado que no funciona (de la misma manera que la consideración de la pseudomedicina homeopática como “acto médico” no convierte al agua con azúcar en una terapia médica). En fechas muy recientes se ha producido una resolución del orden social que condena a un empresario “de la noche” a formalizar los contratos de trabajo de una serie de mujeres que ejercían la prostitución sin que fuera un caso de trata de féminas o proxenetismo. ¿Se trataba con ello de legalizar la prostitución o de considerarla aceptable? Ni mucho menos, pero aquí como allí, lo que se busca es someter a tributación y contribución a la seguridad social un dinero que se está moviendo. Este fin recaudador no tiene nada que ver con la demostración (inviable) de la validez de estas prácticas. En otros países, la normativa en materia de publicidad vinculada al Derecho de los Consumidores es mucho más dura y las indemnizaciones tienen un valor ejemplarizante. Aquí, ejemplos como el de las famosas pulseritas holográficas indican que el beneficio es mayor que la sanción”.

Verónica Martín Jiménez*


 *Estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y se licenció en la Universidad de La Laguna. Es Experta en Comunicación de la Ciencia por la UNED. Fue fundadora del periódico La Opinión de Tenerife en el año 1999 y subdirectora del periódico Diario de Avisos. Tras ese período participó en la creación de la primera empresa de comunicación especializada en Ciencia y Cultura de Canarias, Cmayúscula, con el que ofrece asesoramiento en comunicación externa a entidades como el Instituto de Astrofísica de Canarias, la Fundación General de la Universidad de La Laguna o Museos de Tenerife, entre otros.
http://naukas.com/2015/03/24/analisis-de-una-sentencia-unica-en-espana-contra-un-vidente/

domingo, 22 de marzo de 2015

EL CRIMEN DE GÁDOR: LA VERDADERA HISTORIA DE "EL HOMBRE DEL SACO"


Lo que vamos a contar a propósito de la fotografía de hoy es espantoso. Es la muestra de que el mal existe, y está entre nosotros. Miren las caras de estos hombres y verán el rostro del Mal. Sin paliativos.

Empezaremos con un resumen suave del crimen que dio origen a la expresión «El Hombre del Saco» y «El Sacamantecas». Imaginen un pequeño pueblo de Almería en 1910. Francisco Ortega, alias «El Moruno» padece una tuberculosis que le carcome. Una curandera le pone en contacto con un sujeto que entre otras fechorías se hace pasar por curandero. La cura es sencilla: «El Moruno» debe beber la sangre de un niño y untarse el pecho con las entrañas calientes de la criatura.

Los sujetos salen de «caza» y atrapan a una pobre criatura de siete añitos, Bernardo González Parra, que juega a las afueras del pueblo. Le introducen boca abajo en un saco y se lo llevan. Le desangran con un cuchillo y le extraen, aún con vida, las entrañas, para untar el pecho del tuberculoso. Leona murió en la cárcel antes de poder recibir el garrote vil. «El Moruno» y la curandera fueron ejecutados.

Esta es la narración suave de los hechos. A continuación reproducimos la crónica de ABC del 11 de agosto de 1910. Les advertimos que narra con todo lujo de detalles el crimen espantoso del pobre Bernardo.

«Gádor es un pueblo de unos 800 vecinos, estación en la línea férrea de Linares a Almería, a 15 kilómetros de esta última ciudad. Un poco más abajo de Gádor está Rioja, otro pueblo de 400 vecinos. En este pueblo, y en una cueva, vivía, miserablemente un matrimonio con su hijo Bernardo González, hermoso niño de siete años.

En Gádor vivía Francisco Leona, de setenta años, viudo, con hijos y nietos y sujeto de muy pésimos antecedentes.

En dos cortijos próximos viven dos familias. Una de ellas, compuesta de Pedro Hernández y Agustina Rodríguez y sus hijos, José y Julio. La otra la componen Francisco Ortega, el Moruno, y su mujer, Antonia López, con varios hijos.

El crimen
El Moruno está enfermo. Es un tuberculoso que ha sufrido varios ataques de disnea. El viejo Leona, además de su fama de hombre malo, la tiene de curandero. La familia del Moruno le consultó sobre la enfermedad de éste.

-El remedio es sencillo para acabar con esos «ajogos»—parece que dijo;—con que beba la sangre caliente de un niño y con que le pongáis después- las mantecas del propio niño sobre la tapa del pecho, ya está curado.

Y a aquellos salvajes se les ocurrió poner inmediatamente en práctica aquel terrible plan curativo.

La víctima fue el niño Bernardo González, de quien antes hemos hablado. Francisco Leona y Julio, provistos de un saco, marcharon en busca del niño. Estaba bañándose con otros dos niños de su edad próximamente en las cercanías de Rioja, cuando llegaron los feroces criminales, diciéndole que iban a coger brevas y albaricoques y que lo llevaban al cortijo de Araoz, donde estaba su hermano; el muchacho los acompañó voluntariamente algún trayecto; mas, bien por instinto, bien porque el feroz semblante de los que habían de ser sus asesinos llevase retratados los miserables y monstruosos propósitos que les animaban, Bernardo quiso retroceder, y furioso el Leona lo cogió, al propio tiempo que ordenaba a Julio que abriera el saco, metiendo en él, con la cabeza para abajo, al inocente niño.

Dadas las vueltas al saco que Julio decía, para que la misma tela sirviera de mordaza, carga el salvaje con el niño al hombro, atravesando barrancos y parrales, hasta llegar donde la repulsiva vieja Agustina Rodríguez los esperaba. También esperaba el Moruno provisto de una olla de porcelana, con la paciencia de un tigre, la hora en que había de ser sacrificada la existencia de un niño que aquellos malvados habían de inmolar.

A las nueve de la noche llegó José Hernández a su casa, donde esperaban los cuatro asesinos, y procedieron al sacrificio del pobre niño. Entre Julio Hernández, su hermano Tose y su infame madre Agustina sujetaron a la desdichada criatura, en tanto que el miserable verdugo, el monstruoso Leona, provisto de una navaja de hoja y filo finísimos, abrió una ancha herida en la parte alta del costado, cortándole las arterias que afluyen al corazón, en tanto que el salvaje Moruno I sostenía junto al borde de la herida la olla donde recogía la sangre de su víctima, que bebió momentos después, como el elixir que había de salvarle la vida.

Terminada la monstruosa operación, y, quizá, con vida todavía el pobre niño, pusiéronse a discutir quién había de trasladarlo a la sepultura eme de antemano habían buscado.

El tío Leona, director de aquella banda de asesinos sin entrañas, quien en la extracción de la sangre tuvo un poderoso auxiliar, puesto que el derramamiento que había de existir al abrir el cuerpo del niño era infinitamente menor, armado de una navaja barbera, llamada vulgarmente verduguillo, abrió aquel cuerpo infantil con la ayuda de Julio, que para mayor comodidad del empedernido criminal sostenía los bordes de la atroz herida, extrajo las substancias que según su bestial ciencia habían de hacerle recuperar al Moruno la salud perdida.

Y ante aquel horripilante cuadro, ante tan atroz espectáculo, que puede ofrecer el cuerpo de un niño abierto en canal, Francisco Ortega se colocó en el pecho un emplasto de aquellas mantecas.

Nueva infamia
Los sanguinarios Leona, Julio, José y seguramente Agustina, hecha la operación, trasladaron al niño Bernardo al barranco del Jalbo.

Los criminales pensaron, sin duda en desfigurar la cara del muchacho, y colocando el cadáver en un hoyo, y sin el menor respeto para el cadáver de su víctima, le machacaron la cabeza atrozmente, dejando pegada a las piedras la masa encefálica de aquella cabeza rubita, que tantos mimos recibiera en vida de sus desgraciados padres.

Todos los procesados, a excepción del Francisco el Moruno, están ya convictos y confesos, y, por lo tanto, se ha desvanecido el temor que el público abrigaba al principio de que el odioso crimen quedara impune.

La vieja Agustina no ha puesto todavía de manifiesto la cantidad recibida de Antonio López, mujer de el Moruno, a cambio del terrible sacrificio, porque sobre ello hace mostrado hasta aquí impenetrable; pero, según Julio, el precio de su hazaña ha sido la cantidad de tres mil reales, que son los que han servido de pago a estos feroces sicarios, después de la perpetración de su delito infame, de su delito espantoso, que no se justifica ni por todo el oro del universo»

Federico Ayala

http://www.abc.es/abcfoto/revelado/20140925/abci-crimen-hombre-saco-201409242057.html

EL CRIMEN DE GÁDOR EN "PAGINA DE SUCESOS" DE RTVE (1986)



sábado, 21 de marzo de 2015

"LOS MATE A TODOS...". ROBERT DURST, EL ASESINO EN SERIE MULTIMILLONARIO


Se acaba de emitir el último episodio en Estados Unidos de The Jinx: the life and deaths of Robert Durst, la serie documental de HBO que desgrana la increíble historia de un millonario acusado de asesinato. La obra de Andrew Jarecki, Marc Smerling y Zachary Stuart-Pontier ha conseguido lo que no había logrado hasta ahora la policía: desentrañar la verdad del caso.   

“Los maté a todos, por supuesto”. Con estas palabras, pronunciadas por el multimillonario Robert Durst y grabadas por un micrófono que llevaba puesto en su solapa y de cuya existencia se olvidó durante una visita al cuarto de baño, termina el relato documental de HBO, The jinx: the life and deaths of Robert Durst. El acaudalado agente inmobiliario se declara culpable sin saber que está siendo escuchado. ¿Culpable de qué? Esta es su historia.

Cuando Robert tenía siete años su padre le acercó a una ventana del pasillo de su casa desde la que vio a su madre de pie sobre el tejado de la vivienda. Según cuenta él, azuzado por su padre, la saludó con la mano, pero no tiene claro si ella le vio o no. Segundos después, el cuerpo de Bernice Durst yacía sobre el césped de la casa.

Esa fue la última vez que Robert saludó a su madre, su último adiós literal y figurado. Y a partir de ahí su vida quedó marcada de esa manera en la que quedan marcadas las vidas de tantos psicópatas y asesinos en serie que en su infancia sufrieron abusos sexuales o contemplaron el asesinato, el suicidio, el maltrato de algunos de los miembros de su entorno.

Una realidad que por contada tantas veces desde la ficción suena a cliché. Una explicación de lo injustificable, necesaria e insuficiente al mismo tiempo. Y en este caso, además, mentira. Según Douglas Durst, hermano de Robert, su padre nunca acercó al protagonista de esta historia a la ventana, sino que se trataba de un burdo intento de su hermano por justificarse. De nuevo, una explicación de lo injustificable, necesaria e insuficiente al mismo tiempo.

Treinta y dos años después del trágico episodio que, aderezado o no, sin duda marcó la vida de toda la familia Durst, Robert ya había formado la suya propia tras casarse con Kathie, que de nuevo fue marcada por la tragedia. “Si algo me pasa, lo sabrás. Tengo miedo de que me haga algo”. Estas fueron las palabras de Kathie a Gilberte Najamy, una amiga suya, la última persona que la ha visto. Ambas se encontraban en una fiesta en casa de Najamy. Kathie se estaba marchando después de que su esposo la hubiese llamado por teléfono muy alterado.

Era habitual que discutieran. Ella había comentado en su entorno más cercano que él la había agredido verbal y físicamente en más de una ocasión. Aquella llamada de teléfono fue la última vez. Nunca más se la volvió a ver. Robert tardó cinco días en avisar a la policía de la desaparición de su esposa, de la cual, por razones obvias, fue sospechoso desde el primer momento.

El cuerpo de Kathie nunca se encontró. Y sin cuerpo no hay delito. Es algo que no sólo la policía, la judicatura y ciertos criminales conocen, sino también cualquier seguidor de procedimentales televisivos.

Dieciocho años llevaba el caso de la desaparición de Kathie Durst entre paréntesis cuando la fiscal del distrito de Westchester, Jeanine Pirro, decidió reabrirlo por la aparición de ciertos indicios de la muerta de Kathie, que nunca llegaron a confirmarse. Pero un nuevo giro de los acontecimientos hizo que el caso recobrara su fuerza: el cuerpo de Susan Berman, amiga de Robert y Kathie, yacía sin vida en su casa de Beverly Hills. O más bien en "BeverlEy Hills", nombre resultante de una falta de ortografía que llamaba la atención de la nota manuscrita que llegó a la comisaría de policía de Westchster alertando de la muerte de Susan y cuya autoría -muy probablemente la misma que la del crimen– nunca fue identificada.

Un disparo en la nuca había acabado con la vida Susan. La investigación concluyó que lo más probable es que su asesino fuera alguien de su entorno, ya que no había signos de forcejeo, ni en la entrada ni en el interior de la casa y la propia postura de la asesinada (de espaldas a su asesino) indica que no temía por su vida.

¿Qué hizo que se estableciera una vinculación entre su asesinato y la desaparición de Kathie Durst ocurrida dieciocho años atrás, además de la suposición de que conocía a su asesino? Por aquella época Susan en enfrentaba a problemas de liquidez y, después de pedir dinero a varios de sus conocidos, decidió recurrir a Robert, al que envió una carta en agosto del año 2000 pidiéndole siete mil dólares.

Robert no contestó a esa carta hasta noviembre, cuando la reapertura del caso de la desaparición de Katy estaba en el aire ¿y qué hizo? Enviar un cheque de 25000 dólares a Susan con una nota: "No es un préstamo, es un regalo".

De nuevo un callejón sin salida: en esta ocasión había cuerpo e indicios, una carta manuscrita muy probablemente de puño y letra del asesino e incluso un móvil. Se cree que Robert podía sospechar que Susan hablara con la fiscal del distrito Pirro y para evitarlo intentó primero sobornarla, pero después decidió asegurar el silencio de su amiga matándola. Sin embargo no había pruebas.

No hubo que esperar mucho, no obstante, a un nuevo devenir de los acontecimientos que parece diseñado como clímax de una película: tuvo lugar en septiembre de 2001. James, un adolescente de 13 años, pescaba junto a su padre, que ayudaba a su hermana de ocho años a colocar su anzuelo en el sedal, en la costa de la parte texana del golfo de México correspondiente a la ciudad de Galveston, cuando lo que vio le hizo girarse hacia su padre y gritar: un torso humano desmembrado, flotando en el mar. Sin cabeza, sin brazos, sin piernas.

La cabeza nunca apareció, pero gracias a las huellas dactilares la policía concluyó que el cadáver (más bien lo que quedaba de él) había pertenecido a Morris Black. Un registro en su casa determinó que el asesinato había tenido lugar allí y que su vecina, Dorothy Ciner, una señora de mediana edad, también parecía implicada en el caso ya que en su vivienda también se encontraron manchas de sangre de Morris.

Hasta aquí, ninguna vinculación con Robert Durst. O más bien ninguna aparente, ya que el rastreo de recibos encontrados en la basura de la vivienda ayudaron a determinar que en realidad Dorothy Ciner era Robert Durst. Una peluca y un nombre de mujer que tomó prestado de una de sus compañeras de instituto le bastaron para crearse una falsa identidad.
Era Dorothy Ciner delante de su casero, al cual vio unas cuatro o cinco veces en el tiempo que vivió en Galveston, y también era Dorothy Ciner para su vecino, Morris Black, que veía como la señora de mediana edad a veces recibía en su casa a un tal Robert Durst. Sin embargo, como es obvio, nunca los vio juntos en este cruce de Tootsie con Zodiac.

Robert fue arrestado poco tiempo después por el asesinato de su vecino, a la espera del juicio que determinara su culpabilidad. En Texas sólo aquellos que cometen asesinato al mismo tiempo que otro delito o aquellos que asesinan a un policía o a un federal permanecen en prisión sin fianza. No era, pues, el caso de Robert, que tras pagar 300.000 dólares tenía como única restricción firmar en el juzgado una vez al mes.

Pero nunca volvió. Siete semanas estuvo a la fuga hasta que le capturaron por robar un sándwich en un supermercado. Llevaba 38.000 dólares en el coche, así que enseguida se especuló con que Robert Durst quería ser atrapado en un alarde de fanfarronería: ni siquiera dejándome coger podrán hacerlo de verdad.

Y así fue: la justicia ha sido incapaz de probar la culpabilidad del magnate en estas muertes. Un cold case de manual que en la era de Serial, el podcast que investigó otro crimen que tuvo lugar hace más de una década en Estados Unidos y que mantuvo en vilo a su audiencia hace unos meses, pedía a gritos ser abierto.

En el rompecabezas faltaba una pieza, algo que incriminara definitivamente a Robert, algo que sólo ha salido a la luz gracias a la brillante y exhaustiva investigación que han hecho durante más de diez años Andrew Jarecki, el director de Capturing the Friedmans, el escalofriante documental que estuvo nominado al Oscar en 2003, Marc Smerling, que colaboró como fotógrafo durante el rodaje del citado documental y Zachary Stuart-Pontier. 

Esa pieza clave llega a sus manos en forma de carta, la que el hijastro de Susan Berman encuentra entre sus pertenecias, un sobre manuscrito en el que figura una dirección que da la clave: "BeverlEy Hills" y una caligrafía y falta de ortografía que nos resulta familiar: nos lleva inmediatamente a la carta que llegó a la comisaría de Westchester avisando del asesinato de Susan Berman. ¿El remitente? Robert Durst.

Se cree que este es uno de los indicios que ha hecho que se detuviese el pasado domingo en un hotel de Nueva Orleans al protagonista del documental que en España emite Canal +, a ese anciano, que con una aparente indefensión física ajena a su presunta culpabilidad y paradójicamente unida a una frialdad casi burocrática, nos ha mirado a los ojos para contarnos cómo ha escapado de la detención definitiva todos estos años.

Por si quedaban dudas, horas después de su arresto, se emitió en Estados Unidos la última entrega del documental que termina tal y como ha comenzado esta historia, con el aparente error de su protagonista: "Los maté a todos, por supuesto". La policía de Los Ángeles ha declarado que la detención del multimillonario no tiene nada que ver con la emisión del documental, si bien, sus creadores han puesto de manifiesto que llevan dos años en contacto con la policía. Si resulta condenado, Durst se enfrentará casi con total seguridad a la pena de muerte. 

Aparente error, porque cabe especular con la posibilidad de que un tipo como Robert Durst, que pedía a gritos que lo detuvieran para demostrar que por mucho que se le acercara la policía, él siempre iba un paso por delante, esté jugando su última carta, llevando su fanfarronería hasta sus últimas consecuencias, pues se trata de una detención cautelar y la grabación del audio podría no ser considerada válida en un juicio, ya que fue obtenida sin que la persona que es grabada fuera consciente de que lo estaba siendo. Desestimar que las cartas tienen la misma autoría parece una tarea más complicada. Sin embargo, lo difícil será vincular con pruebas que la autoría de la primera, la que avisaba de la existencia del cadáver de Susan, es de su asesino. No obstante, que la justicia actúe o pueda actuar es el epílogo a esta historia. El espectador ya sabe la verdad, menos importan sus consecuencias.


Poner en pie este caso ha sido obra de varias decenas de agentes de policía, de la justicia, encarnada entre otros en la peculiar fiscal Pirro, que bien podría aparecer en cualquier episodio de The good wife, de los amigos y familiares de algunos de los implicados y de un buen puñado de desconocidos que colaboraron con todos ellos. Responder a su última –en todas las acepciones del adjetivo– pregunta, ha sido obra de la televisión, que en este caso no refleja otra cosa que la poderosa necesidad de contar una historia.

PALOMA RANDO
http://www.revistavanityfair.es/actualidad/articulos/los-mate-a-todos-por-supuesto-escalofriante-historia-robert-durst-the-jinx-the-life-and-deaths-hbo/20521

martes, 17 de marzo de 2015

EL VIDENTE CANARIO VICTOR MANUEL VALDIVIESO CONDENADO A 4 AÑOS DE CARCEL POR ESTAFA


La sección segunda de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha condenado a cuatro años de prisión, por estafa continuada, a un ocultista que en menos de dos meses se hizo por medio del engaño con los ahorros de toda una vida de dos hermanos del norte de la isla.

El condenado, además de correr con las costas del juicio, deberá pagar una multa de 3.000 e indemnizar a los hermanos estafados con 26.500 y 31.690 euros respectivamente,

Dominga y Felipe, dos personas vulnerables por su ignorancia, sin apenas estudios, se pusieron en manos del vidente Víctor Manuel Valdivieso, al que habían visto en un programa de la cadena de televisión local el Día TV, después de creerse víctimas de un embrujo por magia negra, tras haber encontrado en la puerta de su casa un animal muerto, una cruz, un coco y otros elementos extraños.

El ocultista, con una consulta llamada Yara Magia Azul. Misticismo y Ocultismo, consiguió hacerse con la confianza de los dos hermanos, a los que entrevistaba por separado y pedía que no comentasen el uno con el otro lo que se había hablado en las consultas, para no “perjudicar” los rezos y rituales que les decía que llevaba a cabo, para librarles del mal que les había caído encima.

De esa forma, en solo dos días, el 12 y 13 de diciembre de 2012, pagaron a Víctor Manuel 600, 1.500 y 4.000 euros, cantidades a las que se sumaron en los siguientes días otras de 3.500, 8.000, 8.000 y 7.000 euros. Las víctimas aseguraron que los pagos habían sido más, pero no han quedado acreditados.

Según los razonamientos del tribunal, el estafador se dio pronto cuenta de lo fácil que le resultaba obtener el dinero de sus nuevos clientes. Y como se había ganado su confianza supo que tenían una hermana epiléptica, que ninguno de los dos estaba casado, y que temían perder la finca en la habían vivido ellos y generaciones anteriores, y que estaba en proceso judicial por no ser de su propiedad y reclamar las tierras el verdadero dueño.

Así que el espabilado Víctor Manuel no se conformó con sacarle el dinero a Dominga para evitarle dos inminentes accidentes de tráfico, y limpiar de brujería a Felipe y sanar de paso la epilepsia de la hermana, sino que les convenció a de que tenía un familiar que era juez en Las Palmas, y un amigo notario en Tacoronte, que les podría solucionar el problema de la finca, lo que les costó otros 19.900 euros, y pocos días después, otros 8.000 y 3.500 euros.

Para redondear la operación, el vidente falsificó un documento en papel timbrado, en el que puso referencias absurdas como “artículo 29371612/35” y “Ref. 100/210”, y cuyo objetivo era hacerles creer que se trataba de un documento que reflejaba la solución favorable de sus problemas legales.

Dominga comenzó a sospechar dado el elevadísimo coste del “tratamiento”, por lo que empezó a exigir recibos de las cantidades entregadas. Supo que era víctima de un engaño cuando un abogado le explicó que ningún juez puede actuar fuera de su jurisdicción, y menos en asuntos que le son ajenos. La mujer se había quedado sin un céntimo, tanto que para afrontar el último pago a Víctor Manuel debió tirar de los ahorros de su madre.

La videncia no es estafa, lo es el engaño
En la sentencia, el tribunal presidido por el magistrado Astor Landete explica que no es estafa cobrar por servicios de ocultismo, santería o similares, por muy elevados que sean, ya que se trata de creencias particulares, y quedó comprobado que los dos hermanos contrataron voluntariamente a Víctor Manuel Valdivieso para que les librara de sus males.

Sin embargo, sí es estafa “si el autor, mediante un riesgo no permitido, crea una situación de error en otro que le lleva a realizar un acto de disposición patrimonial en perjuicio propio o ajeno”, como ha sido el caso. Durante la vista oral, el condenado aseguro que los pagos se debían a la compra de material por parte de los dos perjudicados para llevar a cabo los “trabajos”, pero una colaboradora suya aclaró que lo más que vendían eran velas.

El ocultista negó que los recibos exhibidos fuesen reales, aunque llevaban el sello de su establecimiento con su DNI, que no podían conocer los dos hermanos, y quedó acreditado que en una ocasión al menos le hicieron una transferencia.

A ello se suma el documento en papel timbrado sin otro fin que el de cometer un engaño, aprovechándose de la credulidad de sus víctimas.

Según el abogado defensor de los estafados, Carlos Álvarez, “es una de las sentencias más elevadas en penas de prisión que se han dictado en España por este tipo de estafas”.

http://www.eldiario.es/tenerifeahora/sucesos/prision-vidente-Tenerife-estafar-hermanos_0_366413746.html