martes, 9 de enero de 2007

La Bestia de Gevaudán ¿hombre o lobo?

Una leyenda francesa cuenta que una "bestia" desconocida mantuvo aterrorizados a los habitantes de la comarca de Gevaudan al devorar cerca de un centenar de personas entre 1764 y 1767. Si bien se han barajado las más diversas hipótesis especulando acerca de un enorme lobo e incluso de un hombre lobo, nunca se ha podido determinar la identidad de este monstruo.

Todo lo que había leído hasta el momento acerca de este extraño caso me ha llamado enormemente la atención, pues cualquiera de las hipótesis no deja de ser sorprendente. Nunca he oído que el lobo sea una amenaza tan seria para el ser humano, y mucho menos que uno solo de estos animales, que suelen atacar en grupo, se atreva a eliminar a cien personas con ese sadismo del que se servía esta Bestia. Por otro lado tampoco puedo creer que se haya tratado de un hombre lobo que bajo los efectos de la luna llena decapitase a toda esa gente para luego devorarla...

Hace pocos meses, la revista "Mas Allá de la ciencia" publicaba un extenso artículo en el que Carlos Chevallier Marina narra una muy buena investigación acerca del misterio de esta Bestia, y en él señala un detalle muy importante que nunca anteriormente se había mencionado: la posibilidad de que el agresor fuese uno, o varios hombres, de instintos sádicos. Al parecer, en algunos de los cadáveres se han hallado indicios de agresiones sexuales que evidentemente no han podido ser perpetuados por un animal salvaje.

Dejando a un lado los numerosos relatos novelados acerca del la Bestia de Gevaudan, existen algunos documentos oficiales que describen los crímenes llevados a cabo por ésta. El primer estudio serio ha sido realizado por el abad François Fabre en 1901, quién demostró documentalmente que habían sido exactamente 70 las víctimas (la gran mayoría niñas y mujeres jóvenes), además de otros 76 ataques y enfrentamientos con 27 heridos.En las autopsias que se realizaron por aquel entonces a los cadáveres, se han revelado claros indicios de agresión sexual en algunos de los cuerpos de las mujeres y niñas mutiladas por el enigmático asesino, lo cual dio lugar a rumores tales que la Bestia no era un animal sino uno o varios maníacos que habitarían en los bosques, o incluso algún señor feudal que aprovechándose de su poder, había agredido y violado a las jóvenes campesinas en los desolados prados de Auvernia.

El primer ataque tuvo lugar el 30 de junio de 1764, donde la Bestia devoró a una niña de 14 años. En los días siguientes decapitó y mutiló a otras dos niñas de 15 y 12 años, así como a un joven de 15 y a una mujer de 32, todos ellos en la misma provincia pero de diferentes localidades de Gevaudan.Así continuó una larga lista de víctimas, con una media de dos por semana. El problema era tan grave que los aristócratas locales realmente inquietos por esa situación solicitaron la intervención del cuerpo de caballería de la Corona para dar caza al o a los asesinos. Tras varios meses de búsqueda y como éstos no daban con el animal, los lugareños recurrieron al propio rey Luis XV, quien ofreció una recompensa elevada al que pudiese darle caza. Ésta noticia trascendió las fronteras del país, provocando la llegada masiva de cazadores de toda Francia así como de diversos lugares europeos. Como todos codiciaban la generosa recompensa ofrecida por el monarca, la competencia individual fue tal que incluso los numerosos rastreadores dejaban pistas falsas para engañarse unos a otros.
Este panorama fue aprovechado por los países enfrentados a Francia para ridiculizar al monarca francés, como Prusia e Inglaterra, quienes con sorna repitieron hasta la saciedad que "cómo un país puede amenazar militarmente a grandes potencias, cuando su ejército no es capaz de cazar una simple fiera en su propio país".Las burlas indignaron al rey, quién para acabar definitivamente con la Bestia envió a varios de sus hombres de confianza, aunque sin éxito. Mientras, el "monstruo" seguía devorando más víctimas.En varias ocasiones los cazarecompensas dieron caza a enormes lobos, haciendo que se disparase la euforia colectiva al creer que lo habían atrapado y dando por cerrado el caso, pero la cruda realidad era que los ataques a mujeres y niños no cesaban.El gasto de estas batidas y cacerías recayó sobre los campesinos, quienes debían mantener a las tropas del rey pagando impuestos más elevados, y muchos, por su miedo al monstruo se negaban a salir a trabajar al campo, razones que agravaban su habitual pobreza.

En una ocasión, Marie Jean Vallet, una criada del cura de Paulhac, hirió a muerte a la bestia con una bayoneta cuando ésta se disponía a atacarla, a quién de nuevo se la dio por muerta por sus graves lesiones hasta que meses más tarde, ya recuperada, volvió a atacar a otros pueblerinos.

Los lugareños comenzaron a creer que ese animal era un ser sobrenatural y la encarnación de la Bestia del Apocalipsis. También llegaron a culpar a los cíngaros y a los nómadas que cruzaban el territorio francés de haber dejado escapar una fiera de sus circos, o de haber hechizado un animal para que causase esos daños. De todos los rumores, el que más fuerza cobró fue el que acusaba a Antoine Chastel, un joven de carácter asocial que vivía aislado en los bosques desde los 19 años criando perros asilvestrados y otras alimañas. Finalmente fue el propio padre de este muchacho, el veterano cazador y gran perseguidor de la Bestia, Jean Chastel, quien dio caza al temido animal, matándolo el 19 de junio de 1767 con el disparo de una sola bala fundida a partir de dos medallas de la Virgen María.Ni que decir tiene que este hombre se convirtió en un héroe de la región de Auvernia.El rey pidió que el cadáver del animal fuese trasladado a la Corte, pero desgraciadamente durante el traslado y por el calor, la travesía se hizo tan difícil que el cuerpo llegó a Versalles completamente descompuesto. El rey no pudo más que donar su esqueleto al Museo de Ciencias Naturales de París, donde se conservó hasta la revolución de 1830, fecha en la que los altercados contra Carlos X provocaron un incendio en dicho museo, calcinándose tanto esos huesos como la mayoría de los grabados sobre el "monstruo".

Según consta en el acta notarial y en los archivos departamentales de Puy-de-Dôme, en la necropsia realizada al cadáver de la Bestia se pudo constatar la presencia de las numerosas cicatrices de las heridas proferidas por los campesinos que a ella se enfrentaron. Al ser abiertas las cavidades abdominal y craneana fueron extraídos del estómago las vísceras de un animal, unos huesos de cordero y la cabeza y el fémur de un niño. En el interior de su cabeza sólo había un minúsculo cerebro en proceso de descomposición, mientras que el resto del cráneo era una masa ósea espesa, donde se sujetaban las membranas de una muy potente mandíbula. Además, se certificó la causa exacta de su muerte: "La bala disparada por el fusil del llamado Jean Chastel, la cual traspasó la nuca del animal y arrasó las cuatro primeras vértebras..."

Pili Abeijón
Criminóloga

2 comentarios:

como conquistar a un hombre inteligente dijo...

me gusta que lo mas logico sea varias personas sadicas..
hombre inteligente

Jose Luis Moreno dijo...

Me da la impresión de que la tal bestia podía ser en realidad el híbrido de una hiena con un lobo o algún otro tipo de cánido. La capacidad para arrancar los miembros e incluso la cabeza de sus víctimas, inusual en la mayoría de los depredadores, parece propia de estos animales, cuyas fauces poseen una de las mordeduras más poderosas del mundo animal. Es obvio que este detalle no es exagerado por lo que a este insólito monstruo se refiere, ya que en su autopsia se mencionan tales restos humanos hallados en su estómago. Su propia hibridación pudo generar un especimen aberrante, caracterizado por un tamaño y una fuerza descomunales. No puede descar
tarse que las supuestas agresiones sexuales a alguna de las víctimas, de ser ciertas, fueran perpetradas por uno o más sádicos insanos que aprovecharan la situación para perpetrar sus aberraciones. Quizá fingieran unas heridas similares en los cuerpos que pudieran ser atribuidas al engendro, o bien los restos fueron hallados y devorados luego por éste. La mezcolanza de instintos en la bestia tal vez pudo determinar que desarrollase los hábitos carroñeros de la hiena, con su habilidad para partir y triturar huesos, así como la agresividad depredadora del lobo. No sería de extrañar, pues, que el origen del monstruo estuviese en los cruces llevados a cabo por quien luego fuese su matador o por el propio aristócrata bajo sospecha. Incluso por alguna tercera persona de cuya custodia pudiera haber huido esta criatura. En cualquier caso, terrible e insólito pasaje de la historia.