lunes, 1 de marzo de 2010

El caso Anabel Segura: entre los errores policiales y los videntes de la CIA (Segunda Parte)



...El 20 de enero de 1994 se hace público un retrato robot de uno de ellos, y al día siguiente el Ministerio del Interior ofrece una recompensa de 15 millones de pesetas por cualquier pista que pueda conducir a los delincuentes. Un mes después la familia Segura aumenta dicha recompensa añadiendo 15 millones más. En esas fechas, cegados por la avaricia, más de mil presuntos videntes (sí, he dicho más de míl), se ponen en contacto con la familia Segura aspirando al premio.

La policía, ya desesperada, toma la decisión de difundir a través de la radio y televisión la voz del secuestrador que había telefoneado a la familia Segura, y el 26 de noviembre de 1994 se aumenta la suma de la recompensa hasta los 60 millones de pesetas. La avaricia, nuevamente, saca a flote la naturaleza de los hombres. De nuevo se multiplican las llamadas de videntes, y de otro tipo de confidentes. El 15 de enero incluso llega a detenerse a un miserable que, haciéndose pasar por intermediario de los secuestradores, intentaba hacerse con el dinero.

Durante los meses consecutivos se comprueban una a una todas las supuestas pistas. Sobretodo las que pretendían identificar al hombre del retrato robot divulgado, las que creían reconocer la voz del secuestrador, o la letra del sobre donde se había mandado la cinta con la supuesta voz de Anabel. Sin embargo tampoco se desecharon las pistas provenientes de algunos videntes. En este sentido el Inspector-Jefe Jaime B. me relataba:

- Ya te digo, pasaron cientos de videntes por aquí, y cada uno decía una cosa. Sin embargo hubo una vez que tres videntes distintos me dijeron por separado un mismo pueblo de la provincia de Guadalajara, y eso me mosqueó. No sólo por que coincidiesen 3 videntes, sino porque nosotros ocultamos a la prensa que el primer pago del rescate se intentó en la provincia de Guadalajara y eso no lo sabía nadie. Por eso, cuando un vidente me hablaba de Guadalajara ya le prestaba más atención. Igual que cuando me hablaban de Cuenca, que fue donde se intentó el segundo pago. Y hubo tres que coincidían en que Anabel estaba enterrada muy cerca del primer punto de entrega, a 60 kilómetros para ser exactos. Uno era Octavio Aceves, el de la tele. Pero nada, al final tampoco sirvió de nada. Otra vez vino a vernos una vidente, pero nos traía una pista indirecta, es decir, ella decía que había ido a su consulta una mujer muy preocupada porque creía que el novio de su hija estaba involucrado en lo de Anabel por comentarios que hacia, y la vidente, con muy buen sentido, acudió a nosotros. Aunque al final tampoco había nada detrás de esta pista.

Afortunadamente la investigación policial y de los peritos analistas (tanto químicos como filólogos) fue más eficiente que la de los videntes. El 29 de junio de 1995 una de las llamadas que pretendía identificar la voz del secuestrador apuntaba a un tal Emilio Muñoz Wuadix, “El Facha”. La llamada la había realizado un particular que afirmaba acabar de recibir un envío postal a través de ese individuo, reconociendo su voz. Inmediatamente Emilio Muñoz pasa a la lista de sospechosos preferentes. La policía comprueba que su voz se parece mucho a la del secuestrador. Además conduce una furgoneta blanca, tiene hijos pequeños en edad similar a la de la voz de la supuesta Anabel de la cinta, el timbre de su puerta suena igual que el que aparece en la grabación, conoce La Moraleja por su profesión de repartidor de paquetería, tiene familiares en un pueblo de Guadalajara cercano al que se señaló para la primera entrega, y sus características físicas, perfil psicológico y antecedentes, coinciden con el de uno de los posibles secuestradores. Además, los analistas han identificado en el fondo de la cinta la palabra “bolo”, que según los peritos filólogos es un modismo toledano típico. Cuando los agentes pusieron la cinta a los compañeros de Emilio Muñoz en “Mail-Boxes”, la empresa de mensajería en que trabajaba, estos reconocieron la voz de forma tajante. Emilio “El Facha” va ganando puntos en la escala de sospechosos, y se establece un operativo de vigilancia y seguimiento. Por fin, el 28 de septiembre de 1995 se realiza la detención de Emilio Muñoz, de 40 años, churrero de Pantoja (Madrid) y repartidor de paqueteria; Cándido Ortiz Añón, de 38 años, Fontanero de Escalona (Madrid), y Felisa García Campuzano, de 39 años, esposa de Emilio, y autora de la supuesta voz de Anabel grabada en la cinta. Los detenidos no tardan en confesar su autoría del secuestro, y posterior asesinato, de Anabel Segura.

Estos son los hechos del secuestro, según consta en el auto de procesamiento firmado por la juez Manuela Henández, titular del Juzgado de Instrucción número 1 de Illescas (Toledo):

“Puestos previamente de acuerdo y con la intención de conseguir dinero procedente de un rescate, Emilio Muñoz Guadix y Cándido Ortiz Añón se trasladaron el día 12 de abril de 1993 en la furgoneta Ford Courier de color blanco, matrícula M-6074-NH, habitualmente usada por el primero y en esta ocasión conducida por el segundo, a la urbanización de La Moraleja. Una vez allí, sobre las dos y media de la tarde, y al ver a una chica –que resultó ser Anabel Segura Foles- haciendo footing, se dirigieron a ella y la obligaron a subir a la furgoneta. Iniciaron entonces un recorrido –durante el cual le iban preguntando a la chica datos referentes a su familia- por las distintas carreteras de Madrid así como de provincias limítrofes, hasta que, próximo el anochecer bajaron los tres del vehículo.
“Posteriormente, en un lugar y momento no determinado, Emilio Muñoz y Cándido Ortiz ataron a Anabel Segura de pies y manos y, tras colocar una cuerda alrededor de su cuello, la mataron ahorcándola. La misma noche del día 12 de abril, Emilio Muñoz volvió a su casa, y momentos después le comunicó a su mujer, Felisa García Campuzano que Cándido y él habían “secuestrado” a Anabel Segura.”

El auto de procesamiento de los tres inculpados continúa explicando como se produjeron las llamadas y la grabación de la famosa cinta, siempre en base a las declaraciones de los detenidos ante la juez:

“El día 14 de abril de 1993 se recibió en el domicilio de José Segura, padre de Anabel, una primera llamada en la que Cándido Ortiz, identificándose como uno de los secuestradores, pedía a la familia 150 millones de pesetas, sucediéndose en los dias posteriores hasta 13 llamadas, efectuadas, tanto por Emilio Muñoz como por Cándido Ortiz, a través de las cuales se fijaron en dos ocasiones dos puntos para hacer la entrega del rescate.
“Al no conseguir su objetivo en ninguna de esas ocasiones, decidieron, aproximadamente un mes mas tarde, grabar una cinta simulando la voz de Anabel Segura, lo que realizó Felisa García Campuzano introduciéndose para ello en la furgoneta, que se encontraba en el garaje de su casa, y cuando ésta ya conocía que Anabel Segura estaba muerta”.


Por fin, tras años de incertidumbre, los forenses y policías, en la noche de ese 28 de septiembre, ponen punto final al caso, al ser conducidos por los secuestradores hasta el lugar donde habían ocultado el cadáver de Anabel. Dice el expediente:

“El día 28 de septiembre en 1995, en las proximidades de una fábrica de cerámica derruida situada en Numancia de la Sagra (Toledo) se encntraron los restos cadavéricos de Anabel Segura Foles, parte de un chándal, unas zapatillas de deporte y calcetines de color blanco, una cuerda gruesa de color rojo con varios nudos y pelos anudados y un cordón blanco fino con tres nudos.”

Cierto es que en ese momento terminaba el drama –al menos la espantosa angustia de la incertidumbre- para la familia Segura, y comenzaba para las familias de los encausados. El desprecio, la ira, y la repulsa de todo el pueblo calló sobre las familias de los secuestradores, sobre todo en los hijos de Emilio y Felisa, que terminaron teniendo que marcharse, para vivir hacinados en un piso de 49 metros cuadrados de su abuela materna. A pesar de las condenas: 39 años de cárcel desglosados en 28 años y 10 meses por secuestro y asesinato, 10 años por detención ilegal y 4 meses por intento de estafa, jamás se podrá resarcir a las familias de víctima y criminales, de todo el daño que se les ha infringido.

Volviendo a los asesinos de Anabel; Cándido y Emilio, azuzados por una hipoteca y las deudas que tenemos que afrontar todos los trabajadores, decidieron intentar atajar la solución a sus problemas económicos exprimiendo un poco a los “burgueses de La Moraleja”. Y para ello no se les ocurrió nada mejor que improvisar un secuestro. En el colmo de la imbecilidad, que por cruel y maligna es todavía más necia, no solo no disponían de infraesctructura para mantener dicho secuestro, sino que llegaron a quedarse sin gasolina mientras transportaban a Anabel en el interior de la furgoneta. Y cuan peligrosa es la mezcla de estupidez y desesperación... Ya nadie podrá reparar el error que cometieron. Ni tampoco el sadismo diabólico que demostraron al permanecer durante 900 días exprimiendo las esperanzas de la familia Segura, intentando sacarles el dinero que tendrían que pagar por el rescate de alguien a quien ya no se podía rescatar. Y sobretodo, a quien menos se podrá resarcir ya es a la propia Anabel. Tenía solo 22 años y toda la vida por delante.

El fin de un drama que conmocionó a un país
Es cierto que la participación de los videntes en el caso Segura fue patética y llena de errores, pero no es menos cierto que dentro del ámbito puramente policial se cometieron también muchas equivocaciones.

Ha pasado ya a los anales de las pifias policiales el análisis efectuado por el prestigiosísimo profesor Hermann Künzel, de la Bundeskriminalamt alemana. Hasta la ciudad de Wiesbaden se desplazaron los agentes Carlos Delgado y Maribel Vega para obtener de la mayor autoridad mundial en el diagnóstico de voces un análisis de la cinta que recogía la supuesta voz de Anabel Segura. Sincronicidades del destino, la traductora que tuvieron los agentes de policía en Alemania casualmente había sido la profesora de alemán de la hermana pequeña de Anabel. En su análisis el experto concluyó:

“La secuestrada se encuentra en un estado anímico deplorable, absolutamente pesimista en cuanto a su futuro y su liberación y con ninguna o pocas esperanzas de salir con vida. Es muy improbable que sea una voz de mujer fingida. He oído frecuentemente voces grabadas en tales circunstancias de secuestros y tanto el texto como la inflexión de la voz de Anabel son características de un secuestro”.

La verdad es que las afirmaciones del prestigioso profesor y analista han resultado ser tan precisas como las de cualquiera de los videntes que visitaron al Inspector-Jefe Jaime B. en su comisaría. Tampoco podemos olvidar la chapucera actuación de los GEO, y de los peritos calígrafos en Galicia. Ya que el 8 de julio de 1995 se produjo una patética operación policial en pleno centro de Vigo. Operación gestada tras tener conocimiento la Comandancia de la Guardia Civil de Pontevedra de la existencia de un folio manuscrito que apareció en la terraza de una vivienda de la calle López Mora. El texto de dicha nota decía así:

“Necesito ayuda, soy Anabel Segura, Estoy secuestrada justo encima de ti.
Anabel Segura
Socorro. Ayúdame”

La nota fue entregada a expertos peritos calígrafos que certificaron que había sido escrita por Anabel Segura con un 80% de seguridad. Teniendo en cuenta que solo se exigen concordancias de un 60% para considerar una prueba caligráfica como auténtica, parecía claro que Anabel se encontraba secuestrada en un domicilio vigués, a nombre de una tal Irene del Río. Inmediatamente se montó un potente operativo de seguimiento para la sospechosa, que resultó ser una maestra del Instituto de Bachillerato “Maria Soliña”, de Cangas (Pontevedra), que se había mudado a ese piso sólo dos meses antes.

Un grupo de agentes de la Unidad de Intervención Rápida de Madrid, expresamente desplazados a Vigo para esta operación, se dedicaron a seguir a Irene del Río durante varios días. El 8 de julio no salió de casa, y sin embargo se noto un tráfico inhabitual de personas entrando y saliendo del piso. Así pues esa noche algún preclaro mando decidió pasar a la acción.

A las 3 de la madrugada 30 agentes especiales tiran la puerta abajo y entran a voz en grito en el piso. Buscan a Anabel, pero sólo encuentran a una aterrorizada maestra en la cama. Cuando le apartan el subfusil de asalto de la boca, pueden escuchar su insistente alegato de inocencia. Irene del Río necesitó tratamiento psiquiátrico durante más de seis meses para superar las crisis de pánico que le produjo la carga policial en su domicilio.

Evidentemente Anabel jamás estuvo en Vigo. El peritaje caligráfico era erróneo, y el movimiento de gente en casa de Irene aquel día se debía a que estaba en cama con gripe y unos amigos acudieron a visitarla, y no a que se realizase una reunión de la banda de secuestradores para trasladar a Anabel, como supusieron los policías. Tras 5 años de contencioso-administrativo, en octubre del 2000 la Audiencia Nacional condenó al Ministerio del Interior a indemnizar a María Irene del Rio, con 1.603.096 pts, por los daños materiales causados en su piso, y 9.204.000 por los daños psicológicos sufridos por la susodicha –que ahora enseña gallego en La Habana-. Irene del Rio estubo 177 dias de baja, debido a las secuelas prostraumáticas, los grabes transtornos de angustia, insomnio y ansiedad, motivados por la carga policial en su vivienda. Entre los fundamentos de derecho de la sentencia emitida por la Audiencia Nacional se reconoce que, en la noche de autos “unas 30 personas vestidas de paisano y cubiertas con capuchas, sin ningún tipo de identificación, penetraron en el piso volando la puerta con explosivos, apuntándola con armas, al tiempo que la agarraban con violencia, la golpeaban y la sacaban de la cama, exigiéndole que explicara como se abría una puerta, buscando a la secuestrada Anabel Segura...”

Las múltiples pífias y errores que rodearon el caso Segura no significan que los análisis de voz no sean útiles para la investigación policial, ni que los peritajes caligráficos sean una patraña, ni que los operativos de observación de un sospechoso sean inútiles. ¿Podría aplicarse el mismo benévolo tratamiento a los “detectives psíquicos”? Juzgue cada cual.

Evidentemente la experiencia del policía con mas “curriculum” en tratamiento con pseudo-detectives psíquicos, especialmente en el caso de Anabel Segura, la ha hecho merecedor de un profundo escepticismo, y un amplísimo anecdotario. No resisto la tentación de compartir con el lector alguna de esas anécdotas que, no por divertidas, dejan de tener un gran valor para comprender globalmente el mundo de los videntes y su relación con la policía.

- Aquí tenemos miles de anécdotas. Por ejemplo, me acuerdo de dos periodistas que se plantaron aquí diciendo que tenían un confidente que sabía donde estaba Anabel, pero que no quería tratar directamente con la policía y se acogía al secreto profesional de los periodistas. Me tuvieron loco dos días, y al final descubrí que era un vidente que quería hacerse famoso, y había cogido a dos pringadillos y les había dicho que necesitaba fotos de todas las casas blancas que tuviesen un árbol a la derecha. Y así tuvo a los dos pobres periodistas entretenidos haciendo fotos a todas las casa blancas con arboles a la derecha, en el norte de Madrid. Otro día se presentó aquí hasta un compañero, funcionario de Policía, que también era médium y que me traía una foto del sitio donde decía que estaba enterrada Anabel, porque se lo habían dicho dos espíritus que venían con él. Otro día se me presentó otro que quería cobrar los 15 millones de la recompensa por adelantado, y me montó un numero increíble aquí, diciéndome que se iba a suicidar porque yo no creía en sus poderes. Incluso hablamos con parasicólogos famosos, que nos llevaron hasta Mirasierra, buscando a Anabel, u Octavio Aceves, que se me escapó por la puerta de atrás cuando fui a verlo a su consulta y se entero de que era policía.

Me parece oportuno, llegados a este punto, señalar que, en 1999 publiqué un articulo sobre los “detectives psíquicos” en la revista Mas Allá de la Ciencia (número 124) en el que, entre otras, mencionaba las fallidas visiones de Octavio Aceves en relación al caso de Anabel Segura, que me había expuesto el veterano policía. El famoso vidente, que ignoraba mi forma de trabajar, me puso una demanda, y nos enfrentamos en los Tribunales. Por desgracia para Aceves, yo no solo me había entrevistado personalmente con el inspector-jefe que llevó el caso Segura (entrevista grabada magnetofónicamente, como es mi costumbre), sino que también había contrastado esta información con otros testigos. Aceves aseguraba que Anabel Segura estaba viva, y en Guadalajara, cuando llevaba semanas muerta y enterrada en Toledo. Naturalmente tanto los informes del fiscal, como la sentencia judicial, me dieron la razón. Esta sentencia, de 30 de marzo del 2000, dictada por la Ilma. Sª Maistrada Juez del Juzgado de Instancia nº 55 de Madrid, Dª Mª del Mar Cabrejas, sienta un precedente, al tratarse de la primer dictamen judicial contra un vidente, en España, por intentar evitar que un investigador divulgase libremente el fruto de sus investigaciones, sobre las falsas premoniciones de un supuesto adivino.
Mi exposición, absolutamente aséptica, de estos hechos desató las iras del vidente mas famoso de la jet-set española, cuyos abogados no dudaron en iniciar una feroz campaña de acoso contra un servidor, a todos los niveles; desde presionar al director general de Radio VOZ para que me expulsasen de la emisora; hasta telefonear a investigadores como Miguel Aracil buscando cualquier posible información para atentar contra mi imagen y credibilidad; pasando por presionar a editoriales españolas, para que no publiquen mis libros... En realidad me gané la antipatía del vidente argentino cuando, dos años antes, me había enfrentado a él y a Aramis Fuster durante uno de los episodios del programa “Luz Roja” de Chicho Ibáñez Serrador en Televisión Española, en el que expresé mi convencimiento de que los tarots telefónicos de Aceves y Fuster eran un camelo. No es la primera vez –ni será la última- que me enfrento a famosos videntes y a sus abogados, por denunciar sus falsas profecías...

- Yo al final llegue a una conclusión –prosigue el Inspector-Jefe mientras yo continuo garabateando frenéticamente-. Hay videntes que son unos sinvergüenzas y van a sacar dinero, esos no se atreven a venir aquí y no quieren tratar con la policía. Y luego hay otros que realmente se creen lo que dicen, tienen visiones y se las creen, y esos no tienen miedo de venir a la policía. Pero muchos de estos también quieren cobrar dinero. Y luego están los auténticos locos, que deberían estar en un manicomio. Esos ni quieren dinero ni tienen miedo a la policía, pero esos son un problema porque se lo creen tanto que se te echan a llorar aquí, y te montan unos numeritos vergonzosos. Además estos son fanáticos y, les digas lo que les digas no aceptan que se han equivocado en sus visiones.

En este sentido el Inspector-Jefe Jaime B. rescata de su memoria una nueva anécdota muy ilustrativa. Ojo al dato:

- Mira, una vez nos llegó un vidente extranjero recomendado expresamente por a Embajada de su país. No te voy a decir cual, solo que era un país árabe. Pero claro, cuando te llega un tío recomendado oficialmente por el Gobierno de su país tienes que escucharle. Este nos dijo que Anabel estaba en la provincia de Sevilla. Fuimos con él hasta unos 10 kilómetros del lugar que nos había indicado y lo dejamos a él allí, no fuese a tener razón y nos encontrásemos con los secuestradores. Por supuesto no había ni rastro de Anabel. Regresamos, le dimos cortésmente las gracias por su ayuda y nos volvimos a Madrid. Al cabo de 3 días recibimos una carta alucinante en la que este tipo nos decía que entendía nuestra actitud y nos daba la enhorabuena, porque había tenido otra visión de todo lo que había pasado. Que él sabía que habíamos encontrado a Anabel en el lugar en que él nos había indicado. Que la habían liberado los GEO. Que se la habían llevado en un helicóptero y la teníamos en un hospital recuperándose de las secuelas. Y que no habíamos dicho nada a la prensa porque faltaba por detener el cabecilla de la banda, y policialmente no convenía que salga la noticia a la luz. Fíjate que pedazo de alucinado.

Tengo razones para suponer que la embajada que recomendó a dicho vidente era la de Siria...

Manuel Carballal

(Fragmento del libro "Los Expedientes Secretos: El CESID, el control de las creencias y los fenómenos inexplicados". Planeta, 2001)

6 comentarios:

Hadita87 dijo...

Muy interesante. ¿Se sabe si realmente la asesinaron la misma noche? Era una chica muy atractiva, y ellos tenian pinta de ser un par de brutos. ¿No hubo abuso sexual? ¿No seria ese el verdadero movil?

Sonja dijo...

Vale la videncia y demás son todo paparruchas...sin embargo porqué las fuerzas de seguridad parecen escucharlas de vez en cuando como bien se refleja en el artículo? eso es lo verdaderamente llamativo.

Anónimo dijo...

Solo decir una cosa que nada tiene que ver con los videntes y similares. Recuerdo haber leído una entrevista a los padres de la aún "desaparecida" Cristina Bergua en la que se quejaban del trato ofrecido por parte del ministerio del interior a la familia de Anabel Segura (más concretamente que hubieran ofrecido dinero como recompensa) y que a ellos no les hicieran apenas caso... Manifestaban y lamentaban obviamente todo lo que había pasado con Anabel Segura pero venían a decir que habían desparecidos de 1ª y de 2ª (haciendo una clara referencia al poder adquisitivo que tenía la familia Segura). Lo de siempre, ricos y pobres...

Anónimo dijo...

Me gustaría aclarar que la recompensa, según he entendido, no la puso el ministerio ni el gobierno, sino la familia... por ello los que se lo pueden permitir lo hacen, los que no... se quedan como dices de 2ª...

Anónimo dijo...

El artículo está muy bien pero que se apunten datos como que Pantoja y Escalona están en Madrid hacen dudar sobre la exactitud de los datos. Ambos municipios son Toledanos.

Jesús de la Vega dijo...

Un escritor cuyo fuerte, desde luego, no es la ortografía.