domingo, 1 de febrero de 2009

Stella Rimington: "No he conocido a nadie como Bond"





Tuve la oportunidad de conocer a Stella Rimington cuando preparaba mi libro "Los expedientes secretos: El CESID, el control de las creencias y los fenómenos inexplicados" (Planeta, 2001). Stella Rimington fue la primera mujer que dirigió los servicios secretos británicos e inspiró el personaje de "M", la jefa del famoso y fictício OO7. Y como todos los responsables de los servicios secretos, según me respondió ella misma, era consciente de lo útiles que pueden ser las creencias religiosas como elemento de espionaje. Retirada, aparentemente, del "negocio de la información", y dedicada a escribir novelas de ¿ficción?, hoy la entrevista el diario "La Voz de Galicia".


Fue la primera mujer que dirigió los servicios secretos británicos MI5, entre 1992 y 1996. Trabajó en las tres ramas de la organización, contraespionaje, contrasubversión y contraterrorismo, y guarda muchos secretos de Estado que nunca revelará. Ya jubilada, Stella Rimington (Londres, 1935) se ha reconvertido de jefa de los espías en escritora. Esta semana ha viajado a Madrid para presentar La invisible, la primera novela de una serie protagonizada por la agente Luz Carlyle, publicada en el 2004 y que ahora rescata Ediciones B.

-¿Ha conocido a algún espía parecido a James Bond, al que usted ha calificado de «vejete anacrónico»?
-Nunca he conocido a ningún espía como él, es pura ficción. La principal diferencia entre James Bond y los agentes de inteligencia verdaderos es que él trabaja solo y va solito a matar a los enemigos de la nación, mientras que en la vida real los agentes lo hacen en equipo dentro de organizaciones muy controladas y su trabajo en absoluto conlleva matar a nadie.

-¿Y similares al George Smiley de John Le Carré?
-Sí, es un personaje mucho más verosímil, más representativo de los agentes de inteligencia, porque Smiley utiliza su mente para comprender lo que sucede mientras Bond es mucho más físico.

-La protagonista de su novela, Liz Carlyle, ¿es su álter ego y una especie de anti Bond?
-Sí, se puede decir que es mi respuesta al personaje de James Bond. Es mucho más realista y sus acciones responden a la reflexión y a la intuición, recopila y analiza los datos para impedir los atentados terroristas. Me siento muy identificada con ella, ambas tenemos características comunes, como la decisión y la profesionalidad, y otras son inventadas. A ella tampoco le gusta que sus colegas hombres la hagan de menos.

-Curiosamente, el personaje de M de las películas de James Bond que interpreta Judi Dench está inspirado en usted.
-Poco después de que me nombraran directora general cambiaron al jefe de Bond, que era un hombrecillo gris y triste, por Judi Dench, que de hecho físicamente se parece mucho a cómo yo era en aquel momento, y me gustó que la hicieran una mujer enérgica y firme. Me sentí muy halagada, pero su papel no se parece al trabajo de un jefe de un servicio de inteligencia. En las últimas películas sobre todo se implica mucho en las operaciones, cuando una directora lo que hace es dirigirlas, nunca implicarse en ellas.

-¿Por qué decidió dar el paso de presentarse en público, la primera vez en la historia que lo hacía un director del MI5?
-Realmente la decisión la tomó el Gobierno porque cuando me nombró había decidido que había llegado ya le momento de que el público británico conociera la identidad del director del MI5. Como yo fui la primera en ser nombrada bajo ese régimen de transparencia, me tocó a mí.

-¿Le pareció bien ese paso? ¿Le creó dificultades?
-Me creó algunas dificultades personales porque los medios de comunicación no se lo esperaban y, además, al ser una mujer en lo que consideraba un trabajo de hombres desperté un gran interés. Llegaron a averiguar dónde vivíamos, yo y mis dos hijas, y nos tuvimos que mudar rápidamente para preservar nuestra propia seguridad y vivir de forma encubierta, porque entonces el IRA estaba muy activo. Yo aprobé en su momento esa apertura para explicar al público que no solo nos dedicábamos a cosas relacionadas con la guerra fría y teníamos otras tareas. Me habría gustado que me hubieran avisado con más tiempo para elaborar un plan con los medios de comunicación.


Rimington considera que tras el 11-S y el 7-J en Londres los servicios secretos de Estados Unidos y occidentales «han mejorado mucho, colaboran más y pueden desarticular más tramas terroristas».

-¿Quién es la invisible, qué significa ese término en el argot del terrorismo?
-La invisible es la persona que menos te esperas que sea una terrorista implicada en una trama islamista, porque es mujer, británica, de clase media, puede pasar inadvertida y gozar de plena libertad de movimientos. Esto hace más difícil para los servicios de inteligencia detectarla y averiguar quién es.

-Lo que más sorprendió de los atentados de Londres es que los autores eran personas nacidas, educadas y que siempre habían vivido en el Reino Unido. ¿Se falló en algo?
-Si hubo algún fracaso fue el de las sociedades occidentales en comprender lo que pasaba en su interior, que hay ciudadanos británicos tan alienados como para cometer esos atentados.

-Con la experiencia que tiene, ¿usted cree que en estos momentos hay alguna conspiración en marcha para matar a Obama?
-No lo sé, pero estoy segura de que los servicios secretos lo estarán siguiendo muy de cerca para impedirlo. Hay mucha gente interesada en eliminar a mucha gente, incluido Obama.

-¿Cree que la invasión israelí de Gaza o la guerra de Irak contribuyen al surgimiento de más terroristas?
-Los terroristas que han cometido atentados dicen que una de sus motivaciones fue la guerra de Irak, aunque yo creo que hay otras. Pero la invasión de Gaza tendrá los mismos efectos que la guerra de Irak, y otros agravios, como Chechenia o Afganistán, son combustible que echan más leña al fuego de las motivaciones de los terroristas y radicalizan a ciertos sectores musulmanes.

-Usted que conoce muy bien al IRA. ¿Cree que hay que negociar con los terroristas, en el caso español con ETA?
-Es una decisión que deben tomar los políticos, pero llega un momento en que hay que negociar con ellos. En el caso del IRA la negociación iba unida de forma inseparable al abandono de la lucha armada.


Enrique Clemente