domingo, 28 de agosto de 2011

La secta Iglesia Universal del Reino de Dios afirma curar el cancer


“El cáncer tiene cura, tráigame enfermos para que sean sanados”, invita un cartel puesto a la entrada de la filial Gualeguaychú de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), una trasnacional de la fe que nació en Brasil, en 1977, de la mano del pastor Edir Macedo, pero que ahora tiene desarrollo en casi toda Latinoamérica.

En su perfecto portuñol, el pastor responsable del templo que se levanta contiguo al Teatro Gualeguaychú, no se escandalizó por la frase; más bien la justificó y dijo que “mi trabajo en Gualeguaychú es ayudar a las personas por medio de la fe; los médicos hacen un excelente trabajo, pero hay un momento que tiene un límite y Dios es el Dios de lo imposible; porque hay personas desahuciadas que no consiguen ser sanadas”.

El evangelio de San Juan relata cómo Jesús, el hijo de Dios, resucitó a Lázaro, de Betania, con aquella sentencia, “el que cree en mí, aunque muera, vivirá”. Pero también las Escrituras cuentan que Jesús dijo esto: “Ve a lavarte al estanque de Siloé”, y cuando el que fue, se lavó, y volvió, al volver, pudo ver. Recuperó la visión. El ciego pudo ver.

Pero todo eso extrapolado, de modo literal, al mundo de hoy, y puesto todo eso en mano de pastores sanadores, suele caer en excesos, pura palabrería, puro humo.

La Iglesia Universal es una de las más observadas dentro de las iglesias pentecostales. En 2009, los diarios La Nación (Argentina); O Globo (Brasil); El Tiempo (Colombia); La Nación (Costa Rica); El Comercio (Ecuador); El Universal (México); El Nuevo Día (Puerto Rico); El País (Uruguay); y El Nacional (Venezuela) elaboraron un informe conjunto que se llamó El negocio de la fe, con los ojos puestos en el desarrollo exponencial de la IURD.

Primero, concluyeron que en los cultos de la Iglesia Universal el sincretismo llega a extremos inverosímiles: así, predican la idea de que la mala suerte de las personas se explica por la presencia del demonio. Como salida para esos males, la iglesia les ofrece a los fieles la Teología de la Prosperidad, surgida en Estados Unidos, un discurso que predica que la pobreza es obra de Satanás y les promete ascensión social a las clases pobres.

Pero además dieron cuenta de las dudas que existen en torno a su impresionante desarrollo territorial: en Brasil debieron vérselas con una denuncia en su contra por lavado de dinero; en Méjico fueron sancionados por no inscribir en el área de Cultos a sus pastores; en Costa Rica, adquirieron en 2 millones de dólares una sinagoga que transformaron en templo propio; y en la Argentina lograron quedarse con algunas emisoras radiales de Capital Federal.

Alfredo Siletta, un afanoso investigador del fenómeno de las sectas, estima que en nuestro país, adonde llegó la IURD en 1990, existen unos 110 templos y cerca de 500.000 seguidores.

El fuerte proselitismo de la Iglesia Universal no cae demasiado bien entre los sectores religiosos. Lo que ocurre ahora en Gualeguaychú es sintomático. “El espíritu de Dios que hay en mí hace el milagro”, respondió el pastor brasileño al ser consultado por Radio Máxima, respecto a aquel cartel instalado en la puerta. Y completó: “No hacemos nada que no esté en la Biblia. Nadie está obligado a dar nada, pedimos una ofrenda, pero ninguna persona es obligada a pagar nada. A partir del momento que ve que el trabajo es serio, da por su propia voluntad”.

No lo ve así el presidente del Consejo de Pastores de Gualeguaychú, Luis Aranda, que reprochó el tono agresivo del proselitismo de la IURD. “Nos hace mucho mal el mensaje agresivo con el que juega con la sensibilidad de la gente”, dijo.

El médico Higinio Álvarez, que representa a Entre Ríos en el Instituto Nacional de Cáncer, fue crítico respecto de esa promesa de campaña hecha por la IURD para atraer fieles. “Creo que a este tema hay que tomarlo con respeto. No entiendo cómo ponen un cartel con esa promesa. Decir eso es arriesgarse demasiado. No creo que la gente necesite ese mensaje. Salvo que esté demostrado científicamente que curan el cáncer. En ese caso, no habría problemas. Pero que primero lo demuestren”, señaló.

Álvarez retrucó ese eslogan, y planteó la necesidad de que la gente no interrumpa ningún tipo de tratamiento oncológico frente a ese tipo de promesas. “La gente que está en tratamiento tiene que seguirlo, independientemente de lo que le digan –explicó a El Diario–. Aún en el caso de los pacientes que hacen medicina alternativa, en general todos dicen que continúan con la quimioterapia”.

Al respecto, sostuvo: “En esto hay que ser bastante claros. El paciente que está con tratamiento no lo tiene que abandonar. Si está recostado a la fe, que la fe lo ayude a continuar los tratamientos. Es decir, no me opongo a que la persona busque ayuda en la fe, siempre y cuando no deje el tratamiento que tiene prescripto por el médico”.