sábado, 9 de julio de 2011

Más luz sobre los nexos entre genética y mente criminal


El desprestigiado historial del uso de la biología para explicar el comportamiento criminal ha empujado a los criminólogos a hacer caso omiso de la genética y concentrarse en las causas sociales. Pero ahora que se ha secuenciado el genoma humano, los expertos están retomando el asunto conprudencia. Un pequeño grupo de científicos investiga el modo en que los genes podrían aumentar el riesgo de cometer un crimen y si dicho rasgo puede ser hereditario.

“Hoy, las teorías modernas más convincentes sobre el crimen y la violencia aúnan los aspectos sociales y biológicos”, afirma Terrie E. Moffitt, etóloga de la Universidad Duke en Durham, Carolina delNorte. Los investigadores calculan que al menos 100 estudios han demostrado que los genes desempeñan alguna función en los crímenes.

“Los excelentes avances metodológicos han hecho que se esté llevando a cabo una gran variedad de trabajo genético”, dice John H. Laub, director del Instituto Nacional de Justicia y ganador del Premio Estocolmo de Criminología en junio. Sin embargo, hace hincapié en que los genes están controlados por el entorno, que puede silenciar o agravar los impulsos violentos.

El asunto hace surgir espinosas preguntas éticas y políticas. ¿Debería influir en la sentencia la predisposición genética?¿Podrían usarse las pruebas genéticas para diseñar programas de rehabilitación individuales adaptados a criminales concretos? ¿Debería identificarse a los adultos o los niños con un marcador biológico de predisposición a la violencia?

Todos los expertos en la materia coinciden en que no hay ningún “gen del crimen”. Lo que la mayoría de los investigadores busca son rasgos hereditarios que estén relacionados con comportamientos agresivos y antisociales, lo que a su vez puede conducir al crimen violento. El problema, explica Troy Duster, catedrático de bioética en la Universidad de Nueva York, es que los estudios no analizan el comportamiento despiadado y rapaz de los ricos y los poderosos, sino el comportamiento de las minorías desfavorecidas.

Steven Pinker, catedrático de psicología de la Universidad de Harvard cuyo próximo libro, The better angels of our nature [Los mejores ángeles de nuestra naturaleza] sostiene que los humanos se han vuelto menos violentos, y señala que el modo de relacionar la genética y el crimen es empezar por la naturaleza humana y luego estudiar aquello que hace que el interruptor de un rasgo concreto se active o desactive. Comprender la genética de la violencia puede “decirnos qué aspecto del entorno deberíamos observar”.

Menciona uno de los mayores factores de riesgo que conducen al crimen: permanecer soltero, una relación descubierta por Laub y Robert J. Sampson, sociólogo de Harvard que ha compartido con el primero el Premio Estocolmo. El matrimonio puede funcionar como un interruptor que dirija las energías masculinas hacia la dedicación a una familia en vez de hacia la competición con otros hombres, dice Pinker.

Kevin Beaver, catedrático adjunto en la Facultad de Criminología y Justicia Criminal de la Universidad Estatal de Florida, afirma que el 50%del comportamiento agresivo de una persona se debe a cientos de miles de genes que se expresan de manera diferente dependiendo del entorno.

Tras estudiar a una serie de gemelos y hermanos, obtuvo un resultado asombroso: en los chicos no expuestos a factores de riesgo, la genética no desempeñaba ninguna función en su comportamiento violento. Un entorno positivo había impedido que se activasen los interruptores relacionados con la agresividad. Pero en los chicos con ocho o más factores de riesgo, los genes explicaban el 80%de su violencia.

Las nuevas investigaciones se han centrado en la insensibilidad y la falta de empatía, rasgos que habitualmente influyen en la decisión de cometer un crimen.

En relación con los hallazgos de un estudio de1.000 bebés nacidos en 1972 en Nueva Zelanda, Moffitt y sus compañeros informaban recientemente de que cuanto menos autocontrol mostraba un niño a los tres años, más probabilidades había de que sometiese un crimen 30 años después. Pero una predisposición no es un destino. “Saber que algo es hereditario no nos dice nada sobre si modificar el entorno mejorará la situación”, escribe Moffitt.

Los trabajos recientes tienden a publicarse fuera de los principales foros criminológicos. Beaver, por ejemplo, publicaba un artículo en Biological Psychiatry en febrero que llegaba a la conclusión de que los hijos adoptados cuyos padres biológicos habían infringido la ley “tenían considerablemente más probabilidades de ser detenidos, puestos en libertad condicional, encarcelados y detenidos varias veces que los hijos adoptados cuyos padres biológicos no habían sido detenidos”.

Adrian Raine, jefe del departamento de criminología de la Universidad de Pensilvania, presentaba un artículo en febrero que mostraba cómo las variaciones en las partes del cerebro de un niño pequeño que regulan las emociones —las cuales se cree que son un producto de los genes y el entorno—resultaban ser un buen factor de predicción del comportamiento criminal en etapas posteriores de la vida. Sampson afirma: “La sociología no tiene nada que temer de la investigación genética”. Y añade: “Cuanto más compleja sea la investigación genética, más demostrará la importancia del contexto social”.


Patricia Cohen

http://www.siis.net/documentos/hemeroteca/110707-10.pdf