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jueves, 18 de enero de 2018

NATACHA KAMPUS, JAYCE DUGGARD, ELIZABETH FRITZ... DESAPARECIDOS DE LARGA DURACION


Manuel Carballal trata los casos de desapariciones de larga duración, que se resolvieron con la aparición de la víctima 10 o 20 años después, como Natascha Kampush, Jayce Duggard, el Monstruo de Cliveland, el Mounstruo de Amstetten, etc,  en el especial de "Elena en el país de los horrores" dedicado a la muerte de Diana Quer. Probablemente uno de los aspectos más terrible y cruel del mundo del crimen.

Participan Vicente Garrido, Juan Ramón Pereira y Christian Campos. 





miércoles, 8 de mayo de 2013

AMANDA BERRY, GINA DE JESUS Y MICHELLE KNIGHT: 3 DESAPARECIDAS HACE 10 AÑOS, LIBERADAS DE SU SECUESTRO


Los gritos de Amanda Berry al aprovechar que su captor había salido de casa alertaron a un vecino de Cleveland que pudo liberar a la chica tirando la puerta abajo. La sorpresa fue enorme cuando descubrió que quien chillaba era Amanda Berry, una joven que fue secuestrada hace 10 años y que permanecía en la casa junto a Gina DeJesus y Michelle Knight, también raptadas hace una década.

Amanda Berry

Amanda Berry estaba a punto de cumplir 17 años cuando desapareció en Cleveland, Ohio, el 21 de abril de 2003. Lo último que se supo de ella es que llamó a su hermana para decirle que volvía en coche a casa desde el trabajo, un restaurante de la cadena de Burguer King. Nada más.
En casa no había nadie cuando ella, supuestamente, llegó, se cambió de ropa y volvió a salir. A la semana de desaparecer, su madre, Louwanna Miller, recibió la llamada de un hombre que aseguraba que Amanda estaba bien y que la volvería a ver pronto. Este hombre nunca volvió a llamar pero usó el teléfono móvil de Amanda y fue localizada la llamada en el mismo Cleveland.
Sin embargo, Lowana Miller no dejó de buscarla en ningún momento, ni siquiera antes de fallecer, hace siete años, con 43 años de edad, y por un ataque al corazón. Esa misma semana había insistido en que "sentía que su hija estaba viva".
La policía siempre consideró este caso como un secuestro e incluso practicó las pruebas de ADN a un cadáver que se encontró en Wisconsin, en noviembre de 2008, y que se pensó podría ser Amanda.
Diez años después, y gracias a la intervención de un vecino, Charles Ramsey, Amanda ha sido liberada junto con otras dos chicas que también fueron secuestradas en 2002 y 2004.
Las tres chicas han sido trasladas al hospital junto con la hija de Amanda, de seis años, que al parecer la tuvo con su secuestrador.

Gina DeJesus

 
El 2 de abril del 2004, Georgina 'Gina' de Jesús, una adolescente de 14 años, caminaba con un amigo a casa tras terminar su jornada escolar. Al llegar a la esquina de la 105 West Street con la Avenida Lorain, Gina se separó de su amigo, quien la vio por última vez en una cabina telefónica ubicada en ese lugar. Desde entonces no se volvió a saber de ella, hasta ser encontrada con vida, junto a otras dos desaparecidas, por la policía este martes en una vivienda de Cleveland (Ohio), donde había permanecido secuestrada.
La policía local inició la investigación después de que sus padres la declararan desaparecida. El último lugar en el que había sido vista estaba a unas pocas calles del sitio en el que Amanda Berry había desaparecido un año antes y a tres kilómetros de dónde la adolescente había crecido.
 
Nueve años le ha llevado a Nancy Ruiz volver a ver a su hija, a la que durante años creyó víctima de una red de tráfico de personas. "Siempre lo he dicho desde el principio, ella fue vendida al mejor postor", dijo su madre en el aniversario de la desaparición de su hija en 2012.
Hoy, sus familiares afirman que la ahora joven de 23 años "está bien, y con muy buen espíritu", ha señalado a los medios locales Sandra Ruiz, familiar de la víctima. "Preguntó por su hermano y hermana y sus sobrinos con los que vivía", ha indicado a la prensa Sheila Figaro, prima segunda de Gina.
Figaro ha asegurado que su familia nunca se rindió ni dudó que encontrarían a su prima con vida. "No pude contener mis lágrimas", ha agregado en un informativo local.
"La historia de Gina es una razón para nunca perder la esperanza ni la fe", ha señalado Sandra Ruiz.
Una chica hispana, de 1.55 metros de estatura y 67 kilos, con ojos y cabello castaños, usando una chaqueta blanca, un jersey azul cielo, vaqueros azules y una camisa color crema, es como el cartel de desperecidos del FBI la describía. En el documento también se detallaba una marca de nacimiento en su pierna izquierda y sus dos pendientes en la oreja derecha.
En 2006, las autoridades indicaron que tenían dos sospechosos bajo investigación, en septiembre de ese año ambos hombres fueron arrestados, pero por otros cargos no relacionados con el secuestro.
Uno de los sospechosos era un delincuente sexual condenado por nueve casos en 20 años. En su propiedad, registrada por la policía al recibir una pista que indicaba que en su patio podría estar enterrado el cadáver de DeJesus, se encontraron evidencias de diversos casos, pero la policía no halló ninguna pista que pudiera indicar el paradero de la adolescente.
Amigos y familiares de Gina se reunieron la noche del octavo aniversario de su desaparición en el lugar donde la chica fue vista por última vez y protestaron en contra del tráfico de menores. "La comunidad no tiene conciencia de esta situación", señaló entonces Félix De Jesús, el padre de la menor, en esa noche de aniversario. "Y no sólo en la ciudad de Cleveland, sino en todos los Estados Unidos", y señaló que era ajeno a la problemática, pero tras ocho años esperando noticias de su hija le "habían abierto los ojos".

Michelle Knight

 
Michelle Knight es una de las tres jóvenes encontradas con vida en Cleveland tras más de una década de secuestro y de la que menos información se tiene.
Knight, de 30 años ahora, desapareció el 30 de agosto de 2002 y fue vista por última vez en casa de su prima. La desaparición de Michelle no causó tanto impacto mediático como la de la de Amanda Berry y Gina DeJesus. Fue secuestrada a los 21 años, cuando era mayor de edad, y su familia pensó que se había marchado por su propia voluntad debido a que le habían quitado la custodia de su hijo, según informa el diario 'The Plain Dealer' de Cleveland.
Su abuela, Deborah Knight, explicó que la policía y los trabajadores sociales les recomendaron que dejaran de buscar a Michelle porque era muy posible que se hubiera marchado.
Pero la madre de Michelle, Barbara Knight, afirmaba que su hija estaba cerca y que nunca llegó a creer que se hubiera ido sin dejar ninguna pista, sin al menos una llamada de teléfono.
Barbara Knight, que ahora vive en Florida, asegura que mucho después de que la policía dejase de buscar a Michelle ella había continuado con la búsqueda colgando carteles por Cleveland y que, incluso después de haberse cambiado de estado, había vuelto con frecuencia para continuar por su cuenta.
Knight asegura que hace unos años, en una zona comercial, creyó ver a su hija andando junto a un hombre mayor que le agarraba del brazo. Gritó el nombre de Michelle, pero la mujer no se dio la vuelta.
La noche del lunes, ni Deborah ni Barbara Knight habían recibido noticias de la policía y recopilaban la información que podían gracias a los medios.
Barbara Knight dijo que esperaba que la policía hubiese identificado bien a su hija, ya que no soportaría regresar a Cleveland para encontrar que Michelle seguía perdida.
"Estoy rezando para que sea ella. Volverá conmigo para poder ayudarla a recuperarse de todo por lo que ha pasado", decía Knight. "Han ocurrido muchas cosas durante estos años. Michelle tiene una hermana pequeña a la que aún no conoce. La he echado mucho de menos".
 

El FBI investiga el vínculo entre una cuarta desaparecida y el caso de Cleveland

Se trata de saber si Ashley Summer, de quien se perdió el rastro en julio de 2007, compartió cautiverio con Amanda Berry, Gina DeJesus y Michelle Knight

Washington (Efe).- Los investigadores del FBI investigan si Amanda Berry, Gina DeJesus y Michelle Knight, las tres jóvenes desaparecidas durante una década en Cleveland y rescatadas el lunes, compartieron cautiverio con Ashley Summers, de quien se perdió el rastro en julio de 2007.
Summers desapareció en 2007, cuando tenía 14 años, en la misma zona de Cleveland en las que se vio por última vez a las tres jóvenes halladas con vida en una casa propiedad de Ariel Castro, detenido junto con dos de sus hermanos, Pedro y Onil.
Un portavoz del FBI indicó al diario local Cleveland Plain Dealer que los investigadores están buscando conexiones con el caso de Summers, que durante mucho tiempo se consideró relacionado a los de Berry y DeJesus, dos de las desapariciones más conocidas en el estado de Ohio.
En 2009, el FBI descartó la posibilidad de que Summers se hubiera escapado de su casa voluntariamente y consideró que había sido secuestrada por el mismo hombre responsable de las desapariciones de Berry y DeJesus. Debra Summers, la tía de la desaparecida, dijo en entrevista con la CNN que la familia espera un "milagro", y en un principio albergaron esperanzas de que su sobrina fuera hallada viva en la casa de los Castro.
La familia de Summers recibió una llamada misteriosa sin respuesta una semana después de la desaparición de la joven y la abuela incluso llegó a asegurar haberla visto una noche de noviembre de 2007 con el pelo teñido dentro de un coche. Los cargos contra los hermanos Castro debe ser presentados formalmente hoy, aunque la complejidad de caso podría retrasar el proceso.
 
 

domingo, 8 de julio de 2012

Caso Natascha Kampusch: Los interrogantes sin respuesta


Hace seis años, Ludwig KocH supo lo que era la alegría. Su hija Natascha había conseguido liberarse del hombre que la había mantenido secuestrada durante ocho años.

El rapto de una niña de diez años conmocionó al mundo. Pero su súbita reaparición en el jardín de una vecina -en buena condición física y psicológica, o eso parecía- también fue un shock. «No puedo creer que haya vuelto», dijo el padre entre lágrimas a la Policía. «Mi vida vuelve a tener sentido». A este padre, de 57 años, le cuesta creer lo poco que duró su alegría. En los años posteriores a la desaparición, cuando la Policía había abandonado el caso y todos la daban por muerta, fue el único que no perdió la esperanza. Buscó a su pequeña por Austria y por el extranjero, empleó sus ahorros de panadero para contratar un detective, excavó campos, drenó estanques... Hoy, en cambio, se siente atormentado por el distanciamiento de su hija. Apenas se hablan un par de veces al mes, y por teléfono. Natascha raras veces se aventura al exterior del ático donde vive en la zona más lujosa de Viena. «Su liberación no nos ha devuelto la paz», asegura Koch. «Hay muchas preguntas sin respuesta, y como padre no puedo consentirlo».

LAS DUDAS DEL PADRE. Koch está convencido de que su hija vive atrapada en una maraña de mentiras. Nuestro hombre ha puesto una denuncia contra Ernst Holzapfel, el único amigo del secuestrador -Wolfgang Priklopil- y a quien acusa de cómplice. Koch también denuncia que, tras su reaparición, Natascha estuvo incomunicada durante meses por un equipo de psiquiatras, abogados y profesionales de las relaciones públicas vienés. Tanto él como la madre de Natascha -de la que está separado- no tenían acceso a su hija. «No sé qué ideas le metieron en la cabeza o a qué acuerdos llegaron -indica Koch-, pero cuando Natascha más necesitaba de nuestro cariño, nos fue arrebatada por unos tipos que -estoy convencido- se movían por sus propios intereses». El equipo de abogados y relaciones públicas pronto convirtió el relato de Natascha en carnaza sensacionalista, amenazando con querellas a aquellos que publicaran detalles sin su aprobación. «Las ancianas van a llorar, y la gente la querrá con locura», se jactó uno de los publicistas. «Todavía no nos han llegado ofertas de Hollywood, pero... Esta chica es una mina». Y vendieron entrevistas a periódicos y televisiones de todo el mundo. En 2010, Natascha publicó hasta un libro donde detallaba su encierro. No entraba en cuestiones 'íntimas', pero todo el mundo supone que fue sometida a abusos por parte de Priklopil, el tipo solitario que la raptó y que se suicidó horas después de su fuga. Ahora, cuando acaba de iniciarse el rodaje de una película basada en el libro con un presupuesto de seis millones de dólares, pocos en Austria dan ya crédito a la versión oficial sobre la historia de Natascha.

EL JURISTA QUE QUIERE REABRIR EL CASO. Las dudas son tantas que Johann Rzeszut, antiguo presidente del Tribunal Supremo austriaco, envió un informe de 50 páginas al Parlamento de su país y se está considerando la posibilidad de reabrir el caso. Los objetivos: reexaminar si efectivamente fue secuestrada por un solo hombre; si es posible que Priklopil estuviera vinculado a una red de pedófilos de la alta sociedad; si Natascha estuvo embarazada; si Priklopil efectivamente se suicidó tras su fuga o fue liquidado; y si la Fiscalía, la Policía y los políticos han conspirado para tapar la verdad, llegando hasta asesinar al inspector de Policía que dirigía la investigación. Rzeszut es uno de los juristas más respetados del país, fiscal antes de ser presidente del Tribunal Supremo, también es miembro de Transparencia Internacional, el organismo supranacional dedicado a combatir la corrupción. Su profundo conocimiento del caso Kampusch se deriva de su pertenencia a la comisión parlamentaria que examinó los errores cometidos durante la investigación policial. Cuando la comisión terminó su labor, a finales de 2009 (determinó que la Policía había ocultado pruebas iniciales que vinculaban a Priklopil con el rapto), Rzeszut -de 71 años- tenía previsto disfrutar de la jubilación. Pero todo cambió tras la muerte misteriosa de Franz Kröll, el inspector que trabajaba con Rzeszut en la comisión y que llevaba tres años investigando el caso. Rzeszut se quedó de piedra cuando, en julio de 2010, Kröll fue hallado muerto en su casa con un tiro en la cabeza.

EL INVESTIGADOR MUERTO EN EXTRAÑAS CIRCUNSTANCIAS. Karl Kröll es el hermano del inspector fallecido y también busca respuestas. «Días antes de su muerte, mi hermano me dijo que seguía investigando en secreto, ya que le habían ordenado dejarlo». La versión oficial es suicidio, pero Karl no lo cree. La Policía primero dijo que se había disparado un tiro con la mano izquierda en la sien izquierda, pero al saber que el finado era diestro modificó su conclusión y anunció que había empuñado el revólver con ambas manos, en una maniobra improbable. Karl añade que cualquier policía sabe que, para asegurarse el suicidio, uno tiene que dispararse en la boca. Hacerlo en la sien comporta muchos riesgos de quedar como un vegetal. Otro dato: el diario de su hermano ha desaparecido. «Mi hermano investigaba los círculos pedofílicos vieneses, con los que Priklopil estaba conectado», asegura. De hecho hace poco había conseguido la condena del propietario de un club por el intento de raptar a una chica de 17 años para que fuese violada por los socios de su establecimiento.

Priklopil visitaba el club con frecuencia. «Mi hermano me dijo que en el caso estaban implicados políticos y empresarios austriacos», agrega Karl. «Estaba empeñado en que esas personas dieran con sus huesos en la cárcel. Pero la investigación tenía que llevarla por su cuenta, pues el asunto era peligroso. Mi hermano también me dijo que alguien estuvo revolviendo en su despacho».

Al enterarse de que Karl Kröll tenía en su poder varias pertenencias de su hermano muerto, entre ellas una memoria de seis gigabytes, la Policía le encerró en un calabozo con la exigencia de que se los diera. «Cuando me enteré de la muerte del inspector -explica Rzeszut-, me dije que si había tantas presiones de lo más alto de la Fiscalía para acabar con la investigación de un policía concienzudo, mi deber era hacer algo. Y envié el informe al Parlamento». Desde el momento de su liberación, Natascha siempre ha insistido en que fue secuestrada por un hombre solo: Priklopil. «Pero algo no cuadra -dice Rzeszut-. La primera vez que la Policía le preguntó si Priklopil tenía cómplices, Natascha respondió: 'No sé sus nombres'». Pero lo que más llama la atención de Rzeszut es que una testigo de lo sucedido, una niña de 12 años llamada Ischtar A., desde el primer momento afirmó haber visto cómo dos tipos secuestraban a Kampusch cuando iba al colegio. Rzeszut explica que, cuando dos personas dan versiones distintas, «como investigador uno tiene que responderse a la pregunta: '¿Cuál tiene motivos para mentir?'.

La otra niña, que lo vio todo desde la acera de enfrente, ni siquiera conocía a Kampusch. ¿Por qué iba a inventarse la existencia de un segundo secuestrador? Kampusch, en cambio, puede tener sus motivos. Quizá haya sido amenazada por este segundo delincuente. También puede darse el síndrome de Estocolmo... y que Kampusch no quiera que a ese otro le pase nada malo». Rzeszut considera que desde el principio la Fiscalía tendría que haber asumido la existencia de dos raptores, basándose en la declaración de una testigo fiable. Para él, desde el mismo inicio de la investigación, un hombre aparece vinculado al caso de forma extraña y sospechosa.

EL AMIGO EXTRAÑO. Ernst Holzapfel era el único amigo de Priklopil y su socio en una empresa inmobiliaria. En marzo de 1998, justo después del rapto, Holzapfel transfirió medio millón de chelines a la cuenta de Priklopil. Una semana después, la mayor parte de esa suma fue devuelta a Holzapfel. Holzapfel, en principio, aseguró que Priklopil le había pedido prestado esa cantidad para comprarse un Porsche, pero que luego cambió de idea. Sin embargo, cuando a Holzapfel le señalaron que Priklopil acababa de adquirir un costoso automóvil, Holzapfel cambió su versión y dijo que todo fue para pagar menos impuestos.

Rzeszut dice que él y la comisión consideraban esencial seguir investigando una posibilidad: la de que Kampusch hubiera sido secuestrada por encargo de una red de pedófilos, pero que algo saliera mal en el último momento, por lo que nunca llegó a ser puesta en manos de dicha trama. La propia Kampusch ha declarado que, inmediatamente después de ser raptada, Priklopil le dijo: «Voy a llevarte a un bosque y dejarte en manos de los otros». De hecho, su secuestrador la llevó a un bosque, pero, tras efectuar varias desesperadas llamadas telefónicas, le dijo: «¡No van a venir!». Priklopil entonces la condujo a su casa, en la que no habían hecho preparativos para un cautiverio: en el sótano no había colchón ni comida. Holzapfel estuvo en la casa de Priklopil varias veces durante los años que Kampusch estuvo cautiva. Sin embargo, el amigo asegura que nunca vio nada extraño. Los abogados del padre de Kampusch no lo tienen tan claro y quieren que declaren unos testigos que recuerdan haber visto a Holzapfel en compañía de Kampusch y Priklopil.

En agosto de 2006, menos de una semana después de la fuga de Kampusch, Holzapfel concedió una rueda de prensa en la que reconoció haber visto a Kampusch una vez. Según declaró, cosa de un mes antes, en la sala para celebraciones de la que Holzapfel era propietario, Priklopil se la presentó como su «amiga». La chica parecía «feliz». Holzapfel refirió un episodio aún más extraño en esa rueda de prensa. Según dijo, la tarde del 23 de agosto -el día de la fuga de Kampusch- Priklopil lo telefoneó «muy nervioso».

Los dos amigos se pasaron horas seguidas recorriendo Viena en coche. Priklopil le contó que se había emborrachado y había cruzado un control policial sin detenerse, por miedo a perder el carné de conducir. Cuando creyó haber convencido a Priklopil de que lo mejor sería que se presentase voluntariamente en comisaría, Holzapfel regresó a su sala de celebraciones. Tres años después, Holzapfel tuvo que reconocer que todo cuanto había dicho era mentira. En su nueva versión, su amigo reconocía haber perpetrado el rapto de Natascha y confesaba ser «un secuestrador y un violador».

Según añadió, ambos estuvieron circulando por Viena durante cinco horas. Priklopil finalmente escribió la palabra 'mamá' en un trozo de papel y pidió a Holzapfel que escribiera y enviara a su madre el resto de la nota de suicidio. «En la comisión nos dijimos que esta historia era insostenible por completo -afirma Rzeszut-. Un grafólogo examinó la palabra 'mamá' y dictaminó que no era la letra de Priklopil, pero que sí podía ser la de Holzapfel». Rzeszut agrega: «La historia es una invención. Y aquí es preciso preguntarse: ¿qué puede llevar a un hombre a presentar una nota escrita con su puño y letra en la que se sugiere el suicidio de otro hombre? Empezamos a preguntarnos si Priklopil efectivamente se había suicidado».

EL ASESINO... ¿ASESINADO? Wolfgang Priklopil supuestamente se suicidó arrojándose bajo un tren que casi le cercenó la cabeza del cuerpo. Sin embargo, las fotografías del depósito de cadáveres muestran escasas contusiones. Tampoco se le llegó a tomar la temperatura al cuerpo, lo que podría haber aclarado si fue asesinado con anterioridad y más tarde situado sobre las vías para que pareciera un suicidio. El empleado de tren que halló el cadáver nunca fue interrogado.

Rzeszut también duda de muchas de las declaraciones de Natascha. Hay indicios de que, con el tiempo, su relación con Priklopil fue tornándose mucho más ambigua que la descrita por ella, quien en público siempre se refiere a una relación de brutalidad/obligada sumisión. Una vecina de Priklopil vio a Kampusch varias veces en el exterior de la vivienda, trabajando en el jardín. «Wolfgang explicaba que era una empleada del socio que tenía en la empresa», recuerda esta vecina. La propia Kampusch ha reconocido que Priklopil y ella salían en coche «varias veces por semana». Más tarde, la Policía descubrió que los dos se habían marchado de excursión por lo menos 13 veces, incluso a esquiar y, según los agentes, en el momento de la fuga de Kampusch, el sótano en el que supuestamente llevaba ocho años encerrada «no podía ser descrito como habitado» y parecía ser usado como almacén. Las ropas y los artículos de aseo de Kampusch estaban en el piso superior y alguien había dormido en el segundo dormitorio de la vivienda.

Cuando la Policía informó a Kampusch de la muerte de Priklopil, la muchacha «rompió a llorar inconsolable». Hasta fue al depósito de cadáveres y prendió un cirio. Sufría «síndrome de Estocolmo en grado extremo», en palabras del psiquiatra que la examinó en primera instancia. Kampusch más tarde compró la casa en la que estuvo encerrada. Hay indicios de que Kampusch pudo haberse quedado embarazada de Priklopil.

Al ser sometida a un primer reconocimiento médico, Natascha preguntó si a partir de un análisis de sangre era posible saber si una mujer había estado embarazada. En el sótano se encontró un libro sobre el embarazo y los cuidados del bebé y un mechón de pelo no identificado. Kampusch insiste en que tales especulaciones son «indignantes». «Si pregunté sobre la cuestión, fue porque el cuerpo humano siempre me ha interesado. Pero no porque tuviera que ver conmigo». Kampusch no ha querido ser entrevistada para este artículo.

Mientras trato de encontrarle el sentido a esta historia extraña y trágica, pregunto a Ludwig Koch qué es lo que más le ha sorprendido de su hija. No vacila en responder: «La mayor sorpresa de todas me la llevé al saber que, después de su fuga, Natascha había hecho más de cien llamadas telefónica a Ernst Holzapfel». La primera tuvo lugar en octubre de 2006 y se prolongó durante más cinco horas; otras superaron las cuatro horas.

Christopher Goodwin

http://www.finanzas.com/xl-semanal/magazine/20120708/mentiras-sotano-2963.html



miércoles, 8 de septiembre de 2010

Natascha Kampush, el testimonio del horror en primera persona


La autobiografía de Natascha Kampusch, la joven austriaca que estuvo cautiva en un sótano durante ocho años y medio, fue publicada este miércoles en varios países europeos.

En el libro, llamado "3.096 días", Kampusch relata minuciosamente los abusos cometidos por su captor, Wolfgang Priklopil, quien se suicidó arrojándose a las vías de un tren poco después de que ella escapara.

Muchos austriacos estarán ansiosos por leer el libro, pues la historia los conmocionó en 2006, cuando la joven logró escapar del sótano donde su captor la mantenía encerrada.

Kampusch, quien ahora tiene 22 años, había sido secuestrada camino a la escuela cuando tenía 10 años. Para cuando recuperó la libertad, ya era una adolescente de 18.

Hambre y abrazos

Según relata la corresponsal de la BBC en Viena, Bethany Bell, el libro relata la historia de una terrible experiencia y describe cómo su secuestrador le hacía pasar hambre y la golpeaba.

Le rapó la cabeza, la obligaba a limpiar la casa semidesnuda y la llamaba su esclava. También la sometía a abusos sexuales, la ataba y la obligaba a compartir su cama.

Sin embargo, la joven dice en el libro que lo que le importaba a Priklopil no era tanto el sexo, sino "tener alguien que lo abrazara".

La entonces niña sobrevivió al cautiverio subterráneo pidiéndole a su secuestrador que le leyera cuentos, para crear una "ilusión de normalidad", de acuerdo con el testimonio.

El día en que Kampusch consiguió escaparse de Priklopil, a quien debía referirse como "maestro" o "señor", lo que más la alivió fue saber que su captor ya no la golpearía.

"Me pegaba unas 200 veces por semana, con los puños en la cabeza, y me dolía mucho. Lloraba de dolor", escribe en el libro.

El jueves por la noche, Kampusch leerá extractos de la autobiografía en una presentación en Viena. La versión en inglés será publicada la próxima semana.

La joven afirma que trató de suicidarse varias veces antes de escaparse. Las palabras finales del libro son: "Soy libre".