lunes, 28 de enero de 2008

Jorge del Carmen Valenzuela Torres: "El Chacal de Nahueltoro"

El año 1960 fue para Chile inolvidable en muchos aspectos: se produjo el terremoto y posterior maremoto de Valdivia, se comenzó a escuchar por primera vez la música "rock and roll" y ocurrió uno de los crímenes más salvajes que se tenga conocimiento en el país, donde un campestre hombre asesinó a sangre fría a su conviviente y a los cinco hijos de ésta. Es la historia de José del Carmen Valenzuela Torres, más conocido como "El Chacal de Nahueltoro".
El 30 de abril de 1963, se encontraba Valenzuela con los ojos vendados en el interior de la Cárcel de Hombres de Chillán. Frente a él ocho fusileros esperaban las 7.20 de la mañana para disparar contra el asesino.Pero la historia de Valenzuela había comenzado hace 23 años. El Chacal nació al interior del paupérrimo fundo "Lo Bórquez", ubicado 24 kilómetros al interior de Chillán. Su único contacto con la civilización eran los vehículos y camiones que pasaban por la Panamericana, a 12 kilómetros del lugar. Su madre fue Malvina Torres Mella, que cuando murió el padre de Valenzuela se mudó con su hijastro, Ramón Valenzuela, hermanastro del Chacal.
Lo común que estos tres seres tenían era el alcoholismo y el analfabetismo.A la temprana edad de 9 años, Valenzuela huyó de aquel hogar miserable, aburrido de las diarias golpizas que caían sobre su espalda.Hasta los 21 años, José del Carmen trabajó como gañán en los fundos del sector, deambulando constantemente y bebiéndose los pocos pesos que lograba ganar. Además, infringía la ley con pequeños robos y hurtos. En los sectores marginales de la provincia de Ñuble, era conocido como “El Trucha”, “El Campana” y, más comúnmente, como “El Canaca”.
En julio de 1960, apareció en el fundo "Las Encinas" su morena figura. Quienes lo conocieron, lo describían de anchos hombros y sucios cabellos, tirillento, descuidado y barbudo.Fue entonces cuando Valenzuela conoció a la viuda campesina Rosa Elena Rivas Acuña, quien vivía con sus cinco hijos, cerca de las casas del fundo. El esposo de la mujer había muerto en una riña y ella ganaba trabajosamente el pan para sus hijos. El Chacal se allegó a su alero y ella vio en ese muchacho salvaje al hombre que podría ayudarla, sin imaginar el trágico final de la relación.Ya establecidos como pareja, fueron a vivir al sector de La Isla, cerca del puente sobre el río Nahueltoro. Bajo un frondoso quillay, Valenzuela construyó una quincha y allí se refugiaron todos como seres primitivos. Rosa criaba algunas gallinitas y lavaba ropas ajenas.
En sus tareas le ayudaban sus hijas Alicia, Rosina, Jovina y Judith cuyas edades fluctuaban entre los 10 y 4 años. Había además una guagua de sólo siete meses de edad, la hija menor del esposo muerto a puñaladas y que no había sido bautizada. El Chacal trabajaba un día sí y otro no, bebiéndose todos los pesos que llegaban a sus manos y los que ganaba la mujer.El día se tiñó de rojoEl 20 de agosto de 1960 fue un día que quedará marcado en la memoria de muchos chilenos. Ese día amaneció despejado en el sector de Nahueltoro. El frío y las lluvias de la noche anterior dieron paso a un sol tímido al principio, pero que con el correr de la mañana calentó agradablemente la tierra. Rosa Elena Rivas decidió aprovechar el día en ir a cobrar un dinero que le adeudaban por la venta de unas gallinas, en el cercano pueblo de San Carlos.
Acompañada de su hija Alicia, la mayor, emprendió el viaje.A media tarde estaba de vuelta, pero le había ido mal. El microbús había tenido un desperfecto y quedaron a mitad de camino, por lo que decidiendo regresar. En un bolsón traía seis panes y, en una calabaza, tres litros de vino. Al rato, la calabaza estaba vacía, y José del Carmen dormía un estupor alcohólico, del que despertó solamente para perpetrar su horrible crimen.Cuando comenzaba a oscurecer, Valenzuela despertó. Según su versión, todavía se encontraba ebrio y con ganas de seguir tomando. Fue entonces cuando exigió a la mujer que le diera dinero, pues sabía que ella guardaba en un canasto cerca de 8 mil pesos del dinero que recibía mensualmente del Seguro.
Rosa Elena se negó, aburrida que Valenzuela gastara gran parte de los ingresos del pobre hogar en alcohol.La mujer nunca imaginó la respuesta del Chacal ante la negativa. Ciego de furia se abalanzó sobre ella. En sus manos brillaba peligrosamente un cuchillo “machete” enclavado en un palo y que servía como guadaña. El primer golpe lo recibió la indefensa mujer en el medio del cráneo. Una triste y cruda leyenda estaba comenzando.Una y otra vez dejó caer su arma sobre su primera víctima. Estando en el suelo, completamente inmóvil, pero con los ojos aún girándole en las órbitas, recibió un profundo corte en el cuello. No conforme con ello, José Valenzuela alzó una piedra de aproximadamente 10 kilos de peso y la dejó caer con furia en el abdomen de Rosa Elena. Otra piedra de similar tamaño siguió a la primera.Lentamente se apartó el asesino del lado del cadáver. Se colocó su chaqueta y pensó en su acción.
Existían testigos, no había que dejar ninguno. Debía matarlos a todos. Corrió al lugar en que jugaban las niñas. Su garrote cayó una y otra vez sobre los indefensos cuerpos, hiriendo, dañando, aturdiendo, matando. Cada una de las criaturas fue sacrificada a la monstruosidad de un hombre. Alicia fue la última. Hincada suplicó por su vida e hincada estaba cuando la guadaña le rebanó el cuello.La sangre salpicaba la ropa del chacal. Volvió a la quincha y del canasto extrajó su botín. Seis mil quinientos pesos, el precio de uno de los crímenes más horrible que haya tenido conocimiento el país. Se iba ya dispuesto a abandonar el lugar de su acción, cuando vio la guagua que lloraba en el suelo. Quedaba algo por hacer. Se dirigió a ella y le puso el pie encima, cargando todo el peso de su cuerpo.
Después la dejó ahí, viva, pero con las dos piernas quebradas.Corriendo se fue del lugar en busca de refugio.Seis días después, el 26 de agosto, unos campesinos descubrieron el macabro cuadro. La guagua había muerto de soledad, de hambre, de dolor. Los cuerpos mutilados de las niñas habían sido semicarcomidos por los ratones y las aves de rapiña. La mujer tenía los ojos abiertos, mirando horrorizada al infinito.La noticia se esparció rápidamente por todo el país, generando estupor a quienes la escuchaba. La policía se puso inmediatamente a trabajar. Como fuera había que encontrar a este sextuple homicida.El 16 de septiembre, un cabo de Carabineros llamado José Peña Peña detuvo en el interior de una fonda, en General Cruz, cerca de Yungay, a José del Carmen Valenzuela Torres. De inmediato fue llevado hasta el retén local. Fue allí donde confesó ser el autor del crimen.
El caso lo tomó el Juez del Crimen de Chillán, Gabriel Poblete, quien después de exhaustivas investigaciones dictó un fallo de 30 años y siete días de presidio. "Clemente" fue como lo calificó la prensa de la época. El fallo fue llevado hasta la Corte de Apelaciones de Chillán, donde la condena fue cambiada: pena capital.Mientras el proceso era visto en los tribunales de justicia, Valenzuela comenzó a ser educado en el interior de la cárcel. Aprendió a leer y escribir, se convirtió al catolicismo e incluso comulgaba. Al cabo de dos años ya que no quedaba nada del Chacal que había cometido el brutal asesinato.El caso llegó hasta la Corte Suprema, la que retificó la condena previamente dictada. En tanto, el Presidente de la época, Jorge Alessandri, negó el indulto.El 30 de abril de 1963, en la madrugada, Valenzuela recibió la comunión. Luego, los ocho fusileros dieron término a su vida. Nunca se olvidaría el caso del Chacal de Nahueltoro.
S. Felipe

miércoles, 16 de enero de 2008

ETA: Terrorismo, matriarcado vasco y sacrificios humanos

El País Vasco no ha asimilado la violencia cotidiana. En medio de un rechazo cada vez más unánime, el terrorismo sigue existiendo apoyado por un 12-14% de la población y, la sociedad se siente impotente contra él. Nos equivocaríamos si percibieramos solo un fondo político-social en el terrorismo. Quienes hemos tenido la ocasión de entrevistar etarras o ex-etarras, leer sus publicaciones y documentos, hemos podido constatar la extrema pobreza intelectual de la banda. La “ideología” etarra no es más que una cobertura de lo que podríamos llamar “un estado de espíritu”.

¿Qué impulsa a unos jóvenes a entrar en una organización terrorista? ¿por qué el terrorismo y la violencia han arraigado en el País Vasco con una intensidad desconocida en cualquier otro lugar del mundo desarrollado?Todos los intentos de aproximación al fenómeno etarra se han realizado desde el punto de vista político o sociológico y, por tanto, las respuestas han sido necesariamente parciales, en tanto se refieren a los fenómenos más superficiales de la conducta humana. Nuestra intención es analizar el terrorismo vasco desde una perspectiva psicológica y antropológica

ETA: JOVENES Y VARONES
Lo esencial de ETA, desde sus orígenes, ha estado constituido por militantes extremadamente jóvenes. La misma organización nació de un grupo juvenil –“Ekin”- en el curso 1953-54, formado por estudiantes de la Universidad de Deusto que atrajo a las juventudes del PNV. Esta constante se ha mantenido hasta nuestros días. Si bien los comandos más experimentados y que realizan acciones de mayor envergadura, están compuestos por individuos maduros, lo esencial de ETA y del electorado de HB sigue siendo un público extremadamente joven. Los etarras de mayor edad, son pocos, casi a título de excepción y protagonizan buena parte de “arrepentimientos”.

Históricamente, las mujeres apenas han estado presentes en ETA, ni a nivel de base ni de dirección; "Yoyes" no fue solo la única mujer que llegó al Comité Ejecutivo de ETA, sino que, además, terminó asesinada por sus ex-compañeros; incluso en la “galaxia etarra”, las mujeres están presentes en un porcentaje anómalamente disminuido. ETA y su entorno, es “cosa de hombres”. ¿Podemos extraer alguna conclusión?

EL MATRIARCADO VASCO
La sociedad vasca es telúrica y matriarcal. El drama del nacionalismo radical es precisamente éste: a la hora de destacar el factor diferencial, lo que se están destacando son los aspectos telúricos y ginecocráticos del pasado ancestral. Y esto no hace sino generar una contradicción exasperante entre una sociedad machista (recuérdense los chistes que circulan al respecto) cuyas raíces son matriarcales.

Las sociedades pre-modernas hicieron del factor religioso el eje de sus vidas. La tradición se solidificaba y conformaba en torno al factor religioso. El pueblo vasco ha sido un pueblo extremadamente religioso. En la antigua religiosidad vasca se muestran más detalladamente carácteres telúricos y ginecocráticos. El hecho de que el catolicismo haya impregnado hasta la médula la psicología vasca es algo meramente accidental: paralelamente, han sobrevivido las leyendas y mitos precristianos.

Mari está situada en el centro del panteón vasco. No es, sin embargo, una diosa, sino más bien una especie de genio de la Tierra y de la Naturaleza. Su vivienda está en el interior de la Tierra y se comunica con la superficie a través de cuevas y barrancos. Se la representa con pies de oca o de cabra, puede ser un árbol parecido a una mujer o bien un zarzal; en el valle del Baztán es un macho cabrío y en Oñate una novilla. Es la Madre Tierra, la Gran Diosa neolítica, dispensadora de vida y gracias a la cual todo existe. En otro tiempo, toda mujer vasca era una perífrasis simbólica de Mari.

No hay nadie por encima de Mari y, en modo alguno, su marido, Sugar, representado frecuentemente con forma de serpiente, animal telúrico, por lo demás. Mari tuvo dos hijos, Atarrabi y Mikelats, sobre los que circula un ciclo legendario extremadamente rico; uno de ellos es bueno y el otro malo... Del Todo telúrico, nace la Dualidad, representada por los dos hermanos antagonistas.

Hasta no hace mucho, cuando un vasco se iba de su casa para vivir en casa de la esposa, adoptaba el apellido de ésta. La herencia la recibía no en tanto que tal, sino como marido o hijo de la “Señora de la casa”, “etxekoandre”. La casa supone una progresión en relación a la caverna primitiva; era en la caverna donde habitaban todos los seres superiores y, en especial, Mari.

El caserío tiene tanta fuerza y arraigo en la cultura vasca que sus habitantes, implícitamente, se consideran a sí mismos propiedad de la casa; al hablar de alguién se dice “Fulano de Tal, de la casa de...”. La casa no pertenece solo a los vivos, sino también a los muertos. En las cavernas neolíticas vascas se han encontrado enterramientos situados, no en las profundidades, sino en la entrada. La costumbre ha persistido con el paso de los milenios. En algunos caseríos los niños muertos sin bautizar, son enterrados en el jardín de la dueña de la casa, donde solo ella puede plantar flores allí. La mujer fue hasta ayer la sacerdotisa del hogar, como en un tiempo excepcionalmente remoto lo fue de la Naturaleza. En este culto dispensado por la mujer, honrar a los ancestros era capital.

Junto a Mari figuran otros personajes igualmente femeninos: las lamias, mujeres palmípedas, las sorgiñas que presiden los nacimientos, Eguzkia, el Sol, y Ilargia, la Luna, igualmente femeninas en la mitología vasca; Ama Lur, la Madre Tierra, es otro de los avatares de Mari, y así sucesivamente.

EL GRUPO SANGUINEO VASCO
Exiten dos grandes grupos de religiones y cosmogonías: las de naturaleza masculina y solar y las de carácter telúrico, femenino y lunar. Este hecho, ha determinado los grandes conflictos históricos: Roma contra Cartago, Dorios contra Minoicos, etc. La religión vasca pertenece al grupo telúrico y lunar. Podemos establecer que su origen es similar a la del resto de pueblos que tienen idéntico simbolismo religioso. El grupo sanguíneo nos ayudará a perfilar la respuesta al problema de los orígenes vascos.

El grupo sanguíneo dominante entre los vascos autóctonos es el 0 (entre un 75 a 80%). Tal proporción solamente se da entre pueblos atlánticos (escoceses, irlandeses, islandeses), en Creta, Cerdeña, Canarias, Azores, algunas zonas de Túnez y poco más. La sangre 0 está ligada a pueblos marineros y disminuye a medida que vamos dejando atrás el Atlántico. La sangre A, por el contrario, está presente de forma mayoritaria, a medida que nos remontamos hacia el Norte de Europa y disminuye cuando descendemos. A pesar de las migraciones y los cambios provocados por las invasiones, es posible percibir perfectamente que allí donde las religiones de tipo solar fueron hegemónicas, la sangre dominante era del grupo A y cuando predominaron las telúricas y lunares, la sangre fue de grupo 0. Y es así como podemos hablar de dos grupos de mitos que aluden a ubicaciones geográficas muy concretas que se corresponden con grupos sanguíneos y con formas religiosas.

Los mitos de los pueblos que ostentaban religiones solares y sangre A, afirmaban que su lugar de procedencia era el Polo, el Norte, Hiperbórea o Thule, mientras que los pueblos telúricos y lunares, de sangre 0, se querían hijos de la Atlántida, del Oeste o de Occidente. Aun existiendo un misterio del origen vasco, por su religiosidad pertenecen a este segundo grupo. Tal es su origen mítico... Si los escrúpulos, impiden hablar de la Atlántida en el caso vasco, habrá, necesariamente que aludir a “pueblos marineros”, pues no hay ni uno solo en donde la sangre 0 y la religión telúrica predominen, que desconozcan las rutas marítimas.

LAS INICIACIONES GUERRERAS EN LA SOCIEDAD VASCA
El pueblo vasco recibió poca aportación de sangre A. Euskal-Herria quedaba lejos de las áreas de colonización griegas. Las legiones romanas, apenas se internaron y los pueblos germánicos tampoco penetraron. Leovigildo y los visigodos arrinconaron a los vascos en sus valles rodeados de montañas. Los vascones perdieron La Rioja y Navarra. Cuando los musulmanes ascendieron hasta Poitiers, no se preocuparon de penetrar en el País Vasco.

Solo en el siglo XIX, la industrialización hizo necesaria la presencia de mano de obra nueva y la burguesía local hubo de apelar a la emigración. Esta prosiguió hasta hace poco. Euskal-Herria dejó de ser una sociedad estanca, encerrada en valles y caseríos, la industrialización trajo emigración trajo emigración y ésta diversidad cultural. Las doctrinas nacionalistas de Sabino Arana, constituyeron un reflejo de autodefensa para preservar la identidad vasca. Para entonces, era inevitable que el matriarcado originario entrase en conflicto con el sistema patriarcal que, no solo rodeaba a Euskal-Herria, sino que había penetrado con la inmigración. En el fondo, el nacionalismo, con su culto a la tierra natal, no es sino una muestra evolucionada de telurismo.

Ya desde la Edad Media, la sociedad vasca, especialmente los jóvenes varones, terminaron por experimentar una incomodidad existencial. Su problema consistía en huir del matriarcado originario y construir una sociedad patriarcal a imagen de los pueblos vecinos. Para ello se sirvió de los mecanismos iniciáticos y, en particular, de las iniciaciones guerreras que les ayudaban a afirmarse como varones y zafarse del dominio matriarcal. Frecuentemente las sociedades telúricas producen civilizaciones guerreras.

Permanecen rastros de estas iniciaciones en ciertas danzas que todavía hoy siguen practicándose. En la “mascarada” de Zuberoa o en la “Axeri dantza” de Azuma, en las fiestas de Carnaval de muchos pueblos vascos, los jóvenes imitan la conducta del zorro o del lobo, animales típicamente guerreros; luego deben mostrar su habilidad como jinetes, decapitan aves y danzan con espada y palo. El baile de “Orratzakoa” es particularmente significativo: los danzantes se colocan uno tras otro con las piernas abiertas formando una especie de túnel que cada uno de ellos debe atravesar a gatas. Al llegar al final, el primer bailarín lo pone de pié agarrándolo por las axilas. Evidentemente se trata de la dramatización de un parto. Bruno Bettelheim escribe a propósito que uno de los fines del ritual de iniciación masculina podría consistir en afirmar que “también los hombres pueden engendrar hijos”. En el País Vasco existía la costumbre de la "covada", pantomima consistente en que el padre se acuesta en el lecho de la esposa que acaba de dar a luz, simulando los dolores del parto, mientras la madre se incorporaba para realizar los trabajos cotidianos... Lejos de ser una costumbre desprovista de sentido, supone una aspiración a asumir la generación del hijo y tener potestad sobre él. Se trata, en definitiva, de una reivindicación patriarcal en un marco en el que su función está disminuida.

Mediante la iniciación, el joven que ha nacido en una sociedad dominada por lo telúrico, intenta zafarse de esta influencia que considera contraria a su naturaleza y establece su hegemonía en el seno de una sociedad de hombres. A través de la iniciación, el joven muere como adolescente -equiparado a las mujeres y a los niños-, es arrancado de los vínculos que la unen a la madre y entra en la comunidad de los hombres. Su equivalente moderno son las “peñas” y “sociedades gastronómicas” o algunas fiestas locales cerradas hasta hace poco a las mujeres vascas.

EL MECANISMO PSICOLOGICO DE LA VIOLENCIA ACTUAL
Este esquema ha funcionado durante milenios hasta que el mundo moderno lo ha arrojado al baúl de lo irracional. Caro Baroja decía que cuando se cierra la puerta a lo mágico, vuelve a entrar por la ventana. Aquí está precisamente el motivo de porque ha arraigado con tanta fuerza el terrorismo y la violencia callejera. El Euzkal-Herria ha sufrido el mismo proceso de abandono de las tradiciones que otros pueblos occidentales, se ha cerrado la puerta a lo mágico. Sin embargo el proceso iniciático se ha reconstruido en forma de terrorismo y de violencia callejera. Mediante estos dos fenómenos, una parte de los jóvenes vascos se afirma como “hombres” realizando actos terroristas y de violencia callejera, pobres remedos de acciones “guerreras”, gracias a las cuales, olvidan su carácter de adolescentes en régimen de dependencia de la Madre. Huyen así del mundo matriarcal y se refugian en el patriarcal. Los “Comandos Y de Apoyo a ETA” y los jóvenes violentos de “Jarrai” entran perfectamente dentro de este esquema que explica porqué su militancia es siempre corta en el tiempo. La iniciación es un momento de tránsito, no una situación estable que pueda prolongarse muchos meses.

La iniciación en las sociedades antiguas venía prologada de un período de retiro en el que el joven, solo o en compañía de los que están en su misma situación, se prepara para la prueba (el joven que se integra en "Jarrai" o en los "Comandos Y", pasa por "cursos", "seminarios" de formación como primer acto de su militancia). Luego, como en todo rito de este tipo, viene la “aventura iniciática”; entre los jóvenes africanos se tratará de cazar a un león o a un animal salvaje, en Creta había que montar a un toro; los jóvenes urbanos occidentales, en unos casos, irán a los estadios de fútbol a animar a su equipo y buscar el enfrentamiento violento con los hinchas contrarios y en el caso de los radicales vascos, se tratará de vivir su aventura lanzando un cóctel molotov contra una entidad bancaria, incendiando un autobús o destrozando el mobiliario urbano. Al cabo de un tiempo, cuando el joven ya ha mostrado su virilidad y valor, cuando gracias a una serie de acciones violentas, logra sentirse “hombre” y ser reconocido como tal por sus compañeros, ya no precisa más de la organización activista y reemprende una vida normal. Apenas se contentará con votar a HB como recuerdo de su período de militancia activa.

ETARRAS CON UN PIE EN LA ATLANTIDA
En 1998 quien se vincula a una organización como ETA, lo hace por motivos irracionales, causas psicológicas inconscientes o impulsos irreflexivos. El etarra se siente atraído hacia esa organización por que piensa que, gracias a ella, superará su estado de dependencia matriarcal y se afirmará como hombre a través de una serie de pruebas iniciáticas (actos terroristas).

Hay muchos datos en la historia de ETA que abundan en dirección de lo ya expuesto. Uno de los primeros teóricos de ETA, Federico Krutwig, mezclaba elementos muy disparen con la ideología marxista. Krutwig tenía ascendencia alemana; excepcionalmente erudito, entró en la Academia de la Lengua Vasca. Su implicación con ETA le obligó a exiliarse en Bélgica. Krutwig tuvo parte de responsabilidad en el decantamiento de ETA hacia la lucha armada. En uno de los textos más difundidos entre los nacionalistas radicales de los años sesenta, intenta sintetizar sus orígenes germano-vascos: “La tendencia hacia las ciencias secretas y el ocutismo son uno de los rasgos resaltantes del carácter vasco que lo acercan en mucho a un sentimiento parecido que existe entre los pueblos germánicos. Por otra parte, no sólo en los libros ocultistas sino también en la literatura teosófica, los vascos juegan un papel importante como descendientes de la raza “atlántica” que precedió a la llamada “arya”, entendiéndose por estas palabras algo muy diferente a lo que la ciencia enseña”.

El teórico etarra conocía la obra de la ocultista Helena Petrovna Blavatsky, cuyas obras hicieron furor en los últimos años del siglo XIX. La Blavatsky sostenía que distintas razas se irían superponiendo y "guiarían la evolución de la humanidad"; una de ellas era la “raza atlántica” a la que sucedió la “raza arya”, que daba como hegemónica en el momento actual. Para la Blavatsky, la raza vasca es un residuo del “ciclo atlante”. Y tal es la tesis que recoge Krutwig, lo cual demuestra que los primeros etarras sí tenían presente tesis ocultistas e insertaban –incluso los marxistas- su nacionalismo en un terreno místico. Como curiosidad cabe decir que el Partido Nazi fue creado en 1918 por miembros del "Grupo Thule", organización ocultista o, como ellos decían, "ariosófica". La "ariosofía" estaba inspirada también en las teorías de la Blavatsky, debidamente germanizadas...

SIMBOLOGIA ETARRA
ETA ha tenido distintos símbolos a lo largo de su historia. En un primer tiempo se limitaron a utilizar el lauburu, svástica vasca, o simplemente las siglas como logotipo. Finalmente, a lo largo de los años setenta, se fue extendiendo, a partir de la VI Asamblea, la utilización del hacha y de la serpiente.

El hacha es, tradicionalmente, un símbolo de sacrificio y de cólera, emblema de fuerza, dureza y penetración. Contrariamente a las hachas de doble filo propias de los pueblos indo-europeos, cuyo significado no es solamente destructor sino también creador, el hacha utilizada por ETA quiere ser símbolo de dureza (“duros como el hacha, sigilosos como la serpiente” decía el slogan de ETA). El hacha etarra pretende ser un símbolo de virilidad, atenuada por el símbolo femenino de la serpiente que la rodea y estrecha. El conjunto es andrógino (hacha masculina y serpiente femenina) y refleja hasta cierto punto el drama psicológico de la banda terrorista: hombres con la sensación de estar disminuidos en el seno de una sociedad matriarcal, que solamente logran afirmarse mediante una dureza y virilidad fálica (Federico Krutwig, una vez separado de la organización, explicó que, el “cojonímetro era la medida de todas las acciones”...). Otro militante, igualmente separado, José María Escubi Larraz, pinta un cuadro muy particular de los etarras en fuga y de su actuación cuando eran acogidos en algún caserío: “Cuando nos cobijaban en alguna casa, debíamos adaptarnos a su régimen de vida, ayudar en la cocina, cuidar de los niños, hacer las camas, etc.”, en otras palabras, todas las actividades tradicionales propias de las mujeres vascas...

EL TERRORISMO COMO FORMA DE SACRIFICIO HUMANO
Lejos de ser una organización madura, en la que sus militantes tienen integrado el consciente y el inconsciente, ETA muestra rasgos, cada vez más primitivos y degradados. Los factores subpersonales (traumas, frustraciones, bagaje inconsciente heredado, virilidad fálica, complejos e inhibiciones) se imponen a cualquier otra consideración lógica, política o estratégica.


En el momento de justificar sus crímenes los militantes etarras y en lo irracional de sus objetivos, ponen de manifiesto la estructura arcaica y primitiva de sus resortes psicológicos. La pobreza de sus argumentos contrasta con la desproporción de sus crímenes. Haciendo abstracción del primitivismo de sus justificaciones, tras el terrorismo reaparece la vieja teoría universal del sacrificio humano, practicado en tantas latitudes: el sacrificio de unos debe servir para restablecer el orden cósmico y salvar a la comunidad. Se ofrece sangre inocente a los dioses -y muy frecuentemente a las diosas- para que intercedan en los asuntos de los hombres y les concedan aquello que piden. La víctima expiatoria se convierte intermediario entre el dios y el hombre. En ocasiones es necesario que la víctima sufra hasta lo indecible antes de ser ejecutada (pensamos en Ortega Lara), eso garantiza que su sacrificio surtirá sus frutos. El esquema utilizado por todas las sociedades que han practicado sacrificios humanos es aplicable también al terrorismo moderno. Pero lo que era propio del neolítico, hoy adquiere su auténtica dimensión de salvajada.

ETA y su entorno precisan asistencia psiquiátrica y seguimiento psicológico antes que negociación. Etarras y radicales son, ante todo, enemigos de sí mismos, antes que enemigos de la sociedad que les ha visto nacer. Solamente un proceso psicológico mal asumido de rechazo del universo de la Madre, ha sido capaz de generar en la sociedad vasca el cáncer terrorista. No todo el terrorismo vasco deriva de esta componente, pero, al menos a nivel inconsciente, es la más importante. ETA y el terrorismo armado son, antes que una ideología o un proyecto político, una patología del alma. Y como tal hay que tratarlo.

domingo, 23 de diciembre de 2007

20 aniversario de la Escuela de Criminología de Cataluña

Recibo hoy la invitación de Santiago Martínez, a los eventos que tendrán lugar el año 2008 que ahora comienza, con objeto del 20 aniversario de la Escuela Catalana de Criminología que dirije.
La Escuela Catalana de Criminología es, sin duda, un referente en la criminología española, habiendo desfilado por sus aulas miles de funcionarios tanto de Guardia Civil como del Cuerpo Nacional de Policía u otros cuerpos policiales y/o de investigación o analisis del delito.
Para quienes hemos sido alumnos de la escuela, tanto en los cursos normales como en cursillos de especialización, este 20 aniversario supone un acontecimiento a celebrar. Por eso la ECC ha organizado este año, y con motivo de esta conmemoración, una serie de jornadas monograficas dedicadas a temas de gran interés criminológico, destinadas principalmente a los alumnos y exalumnos de la ECC, pro con la posibilidad de asistencia externa.
Además de dos jornadas dedicadas a "El homicidio en el siglo XXI (con especial interés en el caso de Ciudad Juarez)", y "Balística en el siglo XXI", la ECC también ofrecerá en este aniversario seminarios de actualización sobre: "Los factores delincuenciales", "Los criminales seriales" y "Las drogas de mercado". Sin duda, y como siempre, todas ellas de enorme interés para los amantes de la investigación criminal.

lunes, 26 de noviembre de 2007

La socialización de los hijos dentro de las sectas

Hace unas horas mi colega el ya Dr. Pepe Rodriguez, profesor de periodismo de investigación en la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los máximos referentes internacionales en la investigación de las sectas destructivas, me comunicaba la buena nueva. Su tesis doctoral, presentada en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, con el título: "Socialización en contextos familiares en los que las creencias de los progenitores son percibidas por los hijos/as como radicales o sectarias: Un estudio retrospectivo", ha obtenido la calificación de excelente cum laude.

No podia ser de otra manera. Los directores de la tesis: Dr. Ferran Casas y Dr. José Manuel Cornejo; y el tribunal: Dr. Federico Javaloy (Presidente), Dr. Andrés Canteras (1º Vocal), Dr. Anastasio Ovejero (2º Vocal), Dr. Gerard Martínez (3º Vocal) y Dr. Álvaro Rodríguez (Secretario), han valorado los años de experiencia y dedicación de Pepe Rodríguez otorgando a su tesis doctoral la mejor calificación.

En un espacio dedicado a la criminalidad como factor criminógeno, está claro que las victimología de las sectas es un tema más que oportuno, por eso, con el permiso de Pepe, reproduzco aquí el resumen y las conclusiones de su magnífico trabajo:



Socialización en contextos familiares en los que las creencias de los progenitores son percibidas por los hijos/as como radicales o sectarias:
Un estudio retrospectivo

RESUMEN: En esta investigación retrospectiva se analizan las circunstancias y consecuencias que se dieron en los hijos/as socializados en familias en las que uno o ambos progenitores mantienen una creencia y/o afiliación grupal percibida como radical o sectaria.Se define la familia con “parentalidad sectaria” y, del estudio comparativo de las muestras seleccionadas, se concluye que: 1) La afiliación parental a un grupo de creencia incidió negativamente en la calidad de las relaciones intrafamiliares, en la expresión de los roles parentales y, en general, en las circunstancias que vivieron los sujetos investigados en su infancia y adolescencia. Esas pautas familiares negativas se incrementan cuando el grupo de referencia es más dogmático y menos permeable socialmente. 2) Los aspectos negativos en la vida familiar están más relacionados con el modo radical con que las figuras parentales vivieron sus creencias, que con el hecho de la afiliación en sí misma. 3) Los efectos esperables de estilos parentales de relación/educación de tipo autoritario y/o indiferente explican mejor las vivencias familiares y personales insatisfactorias de los sujetos que la afiliación a un grupo de creencia o la vivencia radical de sus doctrinas. En las familias afiliadas y/o con progenitores con estilos de relación/educación de perfil autoritario y/o negligente, los hijos/as experimentaron en mayor grado: 1) ambiente familiar desfavorable, con deficiente relación afectiva y comunicativa entre los miembros de la familia; 2) estilos de vida discrepantes del entorno social, con pautas de conducta parentales limitadoras, aislantes y frustrantes;3) conductas parentales represoras; 4) transmisión de valores de conformidad, tendentes a potenciar rigidez de carácter y subordinación;5) bajo cumplimiento parental de derechos del menor; 6) estrategias parentales coactivas para hacer cumplir las normas familiares; 7) administración parental de más castigos que premios; 8) conductas parentales de maltrato emocional;9) vivencias negativas de insatisfacción, soledad y falta de libertad; 10) conductas dependientes y de no afrontamiento ante conflictos personales; 11) situaciones cotidianas generadoras de temor, culpa intensa y aislamiento; 12) relaciones sociales cotidianas deficientes (en adolescencia), por ser escasas, insatisfactorias, desconfiadas, dificultosas y superficiales; 13) tendencia (en adolescencia) a la insatisfacción vital y estados depresivos; a la pasividad social; a la perspectiva vital religioso-trascendente; y a tolerar con dificultad la frustración y la ambigüedad;14) tendencia (en la edad adulta) a la inseguridad y dependencia; al retraimiento social; a actuar bajo pautas de perfeccionismo y sobreexigencia; y al pensamiento mágico.Los resultados de esta investigación sugieren que las tipologías de las figuras parentales, sus estilos de relación/educación predominantes, son lo fundamental para poder explicar y valorar las conductas y vivencias —positivas o negativas— observadas. Mientras que la afiliación familiar a un grupo de creencia, o a una “secta”, actúa como un catalizador que puede acentuar —y teñir ideológicamente— tendencias ya presentes y activas en los progenitores antes de su afiliación. Estas conclusiones en torno a la familia con “parentalidad sectaria” son de especial importancia para los profesionales dedicados a la protección del bienestar de los menores desde el campo de la salud, trabajo social, docencia y Administración de Justicia.





V. CONCLUSIONES


Las conclusiones que, a partir de los resultados obtenidos y de la discusión realizada, pueden presentarse son tres de ámbito global que, seguidamente, se desglosarán en 20 conclusiones específicas.

a) Desde la perspectiva de los hijos/as, la afiliación de una o ambas figuras parentales a un grupo de creencia (en el sentido tomado en esta investigación) incidió claramente —y de forma negativa— en la calidad de las relaciones intrafamiliares, en la expresión de los roles parentales y, en general, en las circunstancias en las que se desarrolló la infancia y adolescencia de los sujetos investigados. Viéndose que las pautas familiares negativas tendieron a incrementarse a medida que el grupo de referencia era más dogmático y menos abierto y permeable socialmente.

b) La evaluación retrospectiva de la incidencia negativa de la afiliación parental a un grupo de creencia, en la vida familiar y en la socialización de los hijos/as, estuvo relacionada, en algunos aspectos, con dogmas peculiares de la doctrina seguida, pero, en general, parece estar mucho más relacionada con el modo radical con que una parte de las figuras parentales vivieron sus creencias y las trasladaron al seno familiar.

c) La presencia de actitudes y conductas parentales percibidas por los hijos/as como radicales, sin embargo, sólo alcanza pleno significado al relacionarse con la alta concentración, en las familias estudiadas —mayoritariamente de estatus económico-social y cultural medio-bajo—, de estilos de relación/educación parentales de tipo autoritario e indiferente; éstos, o más bien sus efectos, son el aspecto que mejor contribuye a explicar el alto grado de vivencias familiares y personales insatisfactorias señaladas por los sujetos estudiados, ya fuesen éstos hijos/as de progenitores con afiliación a un grupo de creencia o sin ella.
De forma más específica:

1) La calidad del ambiente familiar, durante la infancia y adolescencia de los sujetos, y de las relaciones de éstos con sus figuras parentales (relaciones afectivas y comunicación) fue experimentada de manera más deficiente y desfavorable por los hijos/as de familias con afiliación a un grupo de creencia que por los hijos/as de familias sin esta característica. Esta tendencia fue más evidente y marcada para los hijos/as de familias en las que predominó un estilo de relación/educación autoritario o indiferente/negligente que para los de familias con un estilo preferentemente inductivo o democrático.

2) La calidad de las relaciones intrafamiliares se vio seriamente influenciada por la afiliación familiar a una “secta”, con una incidencia claramente negativa en las relaciones de las figuras parentales entre sí; en las del sujeto con su padre, con su madre y con sus hermanos/as; y en las de los hermanos/as con las figuras parentales. La evaluación más negativa de la incidencia de la afiliación en las relaciones intrafamiliares —especialmente entre ambas figuras parentales— se dio en las familias testigos de Jehová (un grupo caracterizado por su gran dogmatismo doctrinal y aislamiento social).

3) Los estilos de vida familiares cotidianos tienden a concretarse con más frecuencia en una mayor discrepancia —respecto a los percibidos como mayoritarios en la sociedad— y en pautas de conducta limitadoras, aislantes y frustrantes para los hijos/as en las familias con afiliación a un grupo de creencia que en las familias sin afiliación; y esas pautas parentales negativas son tanto más frecuentes cuanto más dogmático y menos abierto y permeable socialmente sea el grupo al que se esté afiliado (que, en este trabajo, se corresponde con Testigos de Jehová). Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, las tipologías autoritaria e indiferente se relacionaron con una elevada discrepancia entre los estilos de vida familiares y los estilos de vida cotidianos del entorno social, con el consiguiente impacto negativo para los hijos/as, mientras que los progenitores con tipología afectuosa se relacionaron con una discrepancia menor entre los estilos de vida familiar cotidianos y los mayoritarios en la sociedad.

4) Para la toma de decisiones familiares, en las familias con afiliación a un grupo de creencia las fuentes más influyentes fueron la doctrina del grupo de afiliación y la opinión personal de la madre (afiliada en todos los casos), y no tuvo importancia ninguna procurar el consenso entre las figuras parentales ni la opinión de los hijos/as; mientras que en las familias sin afiliación las fuentes más influyentes se dividieron equitativamente entre la opinión personal de la madre, la opinión consensuada entre ambos progenitores y la opinión personal del padre.

5) Las conductas parentales represoras fueron más frecuentes en las familias con afiliación a un grupo de creencia que entre las familias sin afiliación; mientras que en las conductas estimuladoras se dio justo lo contrario. Las conductas maternas represoras —las madres son siempre las más implicadas en las interacciones con sus hijos/as— fueron significativamente superiores en las familias testigos de Jehová y en las católicas radicales que en las familias sin afiliación. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, las conductas represoras de los progenitores fueron más frecuentes en relación a la tipología autoritaria; las conductas estimuladoras lo fueron respecto a la tipología afectuosa; y la tipología indiferente fue la que puntuó más bajo en conductas represoras y estimuladoras.

6) La transmisión de valores en el seno familiar presentó un mejor perfil en las familias sin afiliación a un grupo de creencia —dominando los valores positivos y reforzadores, de autodirección y prosociales—, mientras que en las familias con afiliación a un grupo de creencia sobresalieron valores de conformidad, que tendían a potenciar la rigidez de carácter y la subordinación. Pero, en cualquier caso, el mejor perfil en transmisión de valores positivos y reforzadores lo presentaron las tipologías parentales afectuosas (estilo inductivo/democrático), mientras que el peor lo dieron las indiferentes; siendo las tipologías parentales autoritarias las que más puntuaron en relación a valores tendentes a potenciar la rigidez de carácter y subordinación.

7) El cumplimiento parental de los derechos del menor fue más bajo entre las familias con afiliación a un grupo de creencia —dándose el menor cumplimiento en las familias testigos de Jehová— que entre las familias sin afiliación. Esta tendencia fue más evidente y marcada para los hijos/as de familias en las que predominó un estilo de relación/educación autoritario o indiferente/negligente (con menor grado de respeto a los derechos de los hijos/as) que para los de familias con un estilo preferentemente inductivo o democrático (con mayor grado de respeto).

8) Las estrategias parentales para hacer cumplir las normas familiares a los hijos/as tendieron a usar la coacción —por parte de ambos progenitores— en mayor medida en las familias con afiliación a un grupo de creencia —especialmente en las testigos de Jehová— que en las familias sin afiliación; mientras que el recurso a la reflexión y diálogo con los hijos/as fue más frecuente en las familias sin afiliación que entre las familias con afiliación. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, la tipología autoritaria fue la que recurrió con mayor frecuencia a las estrategias más coactivas, la tipología indiferente fue la que presentó una menor implicación en hacer cumplir las normas familiares a los hijos/as, y la tipología afectuosa fue la que manifestó conductas más equilibradas y dialogantes y menos represoras.
9) La administración parental de castigos a los hijos/as fue mucho más frecuente entre las familias con afiliación a un grupo de creencia —especialmente entre testigos de Jehová— que entre las familias sin afiliación, mientras que la frecuencia de la administración de premios se dio inversamente. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, la tipología autoritaria —seguida por la indiferente— fue la que recurrió con mayor frecuencia a los castigos, mientras que la afectuosa fue más proclive a usar premios con sus hijos/as

10) Las conductas parentales de maltrato emocional a los hijos/as se dieron con mayor frecuencia entre las familias con afiliación a un grupo de creencia —especialmente por parte de las madres testigos de Jehová— que entre las familias sin afiliación, mientras que las conductas de apoyo a los hijos/as se dieron con una frecuencia inversa. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, la tipología autoritaria fue la que recurrió con más frecuencia a conductas de maltrato emocional hacia sus hijos/as, mientras que la tipología afectuosa recurrió muy poco al maltrato emocional y utilizó mucho más las conductas de apoyo a los hijos/as, y la tipología indiferente fue la que menor apoyo prestó a sus hijos/as.

11) Las vivencias experimentadas, durante su infancia y adolescencia, por los hijos/as de familias con afiliación a un grupo de creencia fueron con mayor frecuencia negativas (soledad, insatisfacción, falta de libertad) que las vividas por los de familias sin afiliación; mientras que las vivencias positivas de apoyo fueron experimentadas en mayor medida por los hijos/as de familias sin afiliación. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, los hijos/as de progenitores con tipología autoritaria e indiferente experimentaron con mayor frecuencia vivencias negativas (soledad e insatisfacción, falta de libertad, inquietud), mientras que los de progenitores con tipología afectuosa experimentaron con mayor frecuencia vivencias positivas (libertad, apoyo, interés cultural).

12) Las conductas adoptadas por los hijos/as para afrontar problemas y conflictos personales tienden con mayor frecuencia hacia conductas dependientes y de no afrontamiento en los de familias con afiliación a un grupo de creencia que en los de familias sin afiliación, mientras que entre los hijos/as de familias sin afiliación se tiende en mayor medida hacia conductas más autónomas, independientes y basadas en la propia responsabilidad del sujeto que entre los de familias con afiliación a un grupo de creencia. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, las tipologías parentales autoritaria e indiferente se relacionaron con una mayor tendencia de sus hijos/as hacia conductas más dependientes y de no afrontamiento, mientras que la afectuosa se relacionó con una mayor tendencia de sus hijos/as hacia conductas más autónomas, independientes y centradas en la propia responsabilidad.

13) Las situaciones cotidianas capaces de generar una percepción de temor en los hijos/as —ante la posibilidad de exclusión social, de incumplir normas morales y de fracaso vital—, se dieron con mucha más frecuencia entre los sujetos procedentes de familias con afiliación a un grupo de creencia que entre los hijos/as de familias sin afiliación. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, los hijos/as de progenitores con tipología autoritaria e indiferente experimentaron con mayor frecuencia situaciones cotidianas generadoras de temor, mientras que los hijos/as de progenitores con tipología afectuosa las vivieron en menor medida.

14) Las situaciones cotidianas capaces de generar una percepción de culpabilidad intensa en los hijos/as, se dieron con mucha más frecuencia entre los sujetos procedentes de familias con afiliación a un grupo de creencia que entre los hijos/as de familias sin afiliación. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, los hijos/as de progenitores con tipología autoritaria e indiferente experimentaron con mayor frecuencia situaciones cotidianas generadoras de culpa intensa, mientras que los hijos/as de progenitores con tipología afectuosa las experimentaron en menor medida.

15) Las situaciones cotidianas capaces de generar una percepción de aislamiento en los hijos/as, se dieron con mucha más frecuencia entre los sujetos procedentes de familias con afiliación a un grupo de creencia —especialmente entre testigos de Jehová— que entre los hijos/as de familias sin afiliación. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, los hijos/as de progenitores con tipología indiferente y autoritaria experimentaron con mayor frecuencia situaciones cotidianas generadoras de aislamiento, mientras que los hijos/as de progenitores con tipología afectuosa las experimentaron en menor medida.

16) La calidad de las relaciones cotidianas mantenidas con las personas del entorno social —no sectario— por los hijos/as de familias con afiliación a un grupo de creencia fue mucho peor —por ser escasas, insatisfactorias, desconfiadas, dificultosas y superficiales— que entre los de familias sin afiliación. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, los hijos/as de progenitores con tipología indiferente y autoritaria experimentaron en alto grado y frecuencia el aislamiento social respecto a la gente de su entorno, mientras que entre los hijos/as de progenitores con tipología afectuosa la calidad de este tipo de relaciones sociales fue buena.

17) Los adolescentes hijos/as de familias con afiliación a un grupo de creencia tendieron a presentar en su perfil psicosocial, en mayor medida que los hijos/as de familias sin afiliación, insatisfacción vital y estados depresivos, comportamiento social pasivo, perspectiva vital religioso-trascendente y dificultad para tolerar la frustración y la ambigüedad. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, los hijos/as de progenitores con tipología indiferente y autoritaria experimentaron en mayor medida que los hijos/as de progenitores con tipología afectuosa, insatisfacción vital, comportamiento social pasivo, perspectiva vital religioso-trascendente, necesidad de reconocimiento externo y dificultad para tolerar la frustración y la ambigüedad.

18) En su edad adulta, los hijos/as de familias con afiliación a un grupo de creencia presentan, en mayor medida que los hijos/as de familias sin afiliación, tendencia a la inseguridad y dependencia, al retraimiento social, a actuar bajo pautas de perfeccionismo y sobreexigencia y a mantener un cierto nivel de pensamiento mágico —un aspecto relacionado con un locus control externo—, así como una menor tendencia a las conductas y percepciones que denotan seguridad en sí mismo. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, los hijos/as de progenitores con tipología autoritaria e indiferente se reconocieron como actualmente más propensos que los hijos/as de progenitores afectuosos a experimentar los estados recién citados, mientras que éstos manifestaron una superior seguridad en sí mismos que aquellos.

19) Las dificultades que pueden experimentar los hijos/as de familias con afiliación a un grupo de creencia, a la hora de decidir abandonar la creencia familiar común, se relacionan con el temor a la pérdida de la red de apoyo social y emocional (amigos y familiares) y de normas o valores que orienten su vida cotidiana; con la percepción de ser dependiente y falto de autonomía e iniciativa en exceso, así como de tener una preparación insuficiente; y con la dificultad derivada del aislamiento, escasez y pobreza de las relaciones sociales y emocionales mantenidas con las personas ajenas al grupo de creencia familiar. Esta tendencia fue más evidente y marcada en función de los estilos parentales, así, los hijos/as de progenitores con tipología autoritaria e indiferente vivieron con mayor intensidad las dificultades recién descritas, mientras que los hijos/as de progenitores de tipología afectuosa las vivieron en mucho menor grado.

20) El abandono de la creencia común por parte de un hijo/a de una familia con afiliación a un grupo de creencia, repercutió en un muy notable deterioro de las relaciones de ese sujeto con los familiares que siguieron en el grupo, y también se tradujo en el corte de relaciones con todos o buena parte de los amigos/as que siguieron afiliados a él. Este deterioro en las relaciones fue tanto más común e intenso cuanto más dogmático y menos abierto y permeable socialmente fuese el grupo de afiliación familiar (siendo más profundo este deterioro entre los testigos de Jehová); y/o cuanto menos inductivo/democrático fuese el estilo de relación/educación parental predominante.

En síntesis, los resultados hallados en esta investigación sugieren que las tipologías de las figuras parentales, sus estilos de relación/educación predominantes, son básicas y sustanciales para explicar los aspectos —positivos o negativos— observados en la muestra investigada, mientras que la afiliación parental a un grupo de creencia, a una “secta”, se limita a actuar como un catalizador o dinamizador —de trascendencia variable en función de algunas características estructurales, funcionales e ideológicas del grupo— que puede acentuar —dotando de cierto tinte ideológico— tendencias ya presentes y activas en el perfil psicosocial de los progenitores previo a —o más allá de— su afiliación.

Lo notorio y sustancial, para valorar el entorno y circunstancias de la socialización de menores hijos/as de familias con afiliación a un grupo de creencia, no es la pertenencia parental a un grupo determinado, sea éste “secta”, “secta destructiva” o cualquier otra posibilidad, sino el hecho de que los progenitores conformen una familia con “parentalidad sectaria”, según se la ha definido en este trabajo.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Se Busca: D. B. Cooper el ladrón paracaidista

El 24 de noviembre de 1971, un hombre en traje negro secuestró un avión, logró un rescate de 200.000 dólares y huyó saltando en paracaídas a 3.000 metros de altitud sobre el Estado de Washington. Desde entonces, su identidad se ha convertido en una leyenda. Ahora, el FBI, tras investigar a más de mil sospechosos, tiene nuevas pistas..

En Ariel, un pequeño pueblo del Estado de Washington situado entre pinares y ríos embravecidos, no sólo se comió pavo el pasado jueves como obliga el rito del Día de Acción de Gracias. En este lugar y en estas fechas es tradición brindar en la taberna del pueblo a la salud de un hombre que quizá aún esté vivo o quizá ya esté muerto, pero que, al margen de su propia suerte, se instaló en la leyenda en 1971 para jamás abandonarla.
En Ariel quieren creer que D. B. Cooper, el misterioso pasajero que el 24 de noviembre de aquel año secuestró un avión en Portland (Oregón), pidió un rescate de 200.000 dólares y se esfumó sin dejar rastro tras saltar en paracaídas con el botín sobre el Estado de Washington, sigue vivo. Nunca se encontró su cadáver. Tampoco el dinero. Ni el paracaídas. Por eso, cada año, decenas de admiradores de este personaje misterioso peregrinan a la Taberna de Ariel a celebrar su hazaña durante los llamados días de D. B. Cooper. Es el único caso sin resolver de la historia de los secuestros aéreos. Y uno de los crímenes más célebres y celebrados de Estados Unidos.
D. B. Cooper ha tenido cientos de aspirantes a interpretarle en la vida real. Pero a los más de mil sospechosos que han pasado por el tamiz del FBI se ha unido este año, de la mano del detective neoyorquino Skipp Porteous, de la agencia Sherlock Investigations, un nuevo nombre: Kenny Christiansen. Amante del bourbon con soda, ex militar, ex paracaidista, ex azafato de vuelo y vecino del Estado de Washington hasta su muerte en 1994, Kenny Christiansen es, según su hermano Lyle Christiansen, D. B. Cooper, el hombre atento y reservado que secuestró un Boeing 727 luciendo una madreperla en el ojal de su elegante traje negro.
Para entender la complejidad del caso hay que viajar en el tiempo y regresar a aquel 24 de noviembre de 1971. Un hombre de mediana edad, alto, frente ancha, orejas de soplillo, abrigo y corbata negros y traje impecable compra un billete en Portland bajo el nombre de Dan Cooper -un error periodístico le añadiría una B al nombre unas horas después, cincelándolo así en la historia- . Va a tomar el vuelo 305 de Northwest Orient Airlines con destino a Seattle. Se sienta en la última fila de aquel avión en el que viajan 36 pasajeros y seis tripulantes y pide un bourbon con soda. Al despegar le entrega a la azafata una nota. Florence Schaffner, de 23 años, se la guarda en el bolsillo sin prestar atención: según contó más tarde, los pasajeros le hacían proposiciones sexuales constantemente, así que pensó que ésta sería una más. Pero Cooper reacciona de inmediato: "Señorita, mire la nota. Tengo una bomba". En el papel, el hombre de la madreperla en el ojal le informa de que está secuestrando el avión, le indica que lleva una bomba en el maletín y le pide que se siente a su lado para recibir instrucciones. "Quiero que, cuando aterricemos en Seattle, me entreguen 200.000 dólares. También quiero cuatro paracaídas. Recarguen combustible en cuanto aterricemos y no hagan tonterías o hago explotar esto". Mientras la azafata se acerca hasta la cabina para informar al piloto de la situación, D. B. Cooper esconde su rostro tras unas gafas oscuras que utilizará hasta saltar del avión.
"Los otros pasajeros apenas le recuerdan, porque el piloto nunca les comunicó que el avión había sido secuestrado. Se les dijo que había problemas mecánicos y que por eso iban a tardar más en aterrizar. De ahí que la identificación siempre haya sido difícil", explica a EL PAÍS Skipp Porteous en entrevista telefónica. El retrato robot que se hizo de Cooper se apoyaba sobre todo en las declaraciones de la azafata Schaffner. "Y ella ha dicho que la foto de Kenny Christiansen es la que más se parece al secuestrador de todas las que le han enseñado a lo largo de los años", relata orgulloso. "Pero el FBI no se ha preocupado de buscar a las otras azafatas para mostrársela. Ésa es una de las cosas que aún tengo que hacer", continúa.
Aquella noche de lluvia, D. B Cooper saboreó tranquilamente su bourbon mientras esperaba el aterrizaje con aire de perfecto caballero. Cuando finalmente el avión llegó a Seattle, los pasajeros desembarcaron sin el menor rasguño y ajenos a la realidad del secuestro. D. B. Cooper no se inmutó. Esperó a que le entregaran los 200.000 dólares en billetes de 20 y los paracaídas. Negoció la salida de dos azafatas y se quedó con una tercera, Tina Mucklow, la que hoy busca Porteous. Hecha la transacción, ordenó al piloto que se dirigiera hacia Reno (Nevada). Le dio órdenes concretas respecto a qué altura volar, a qué velocidad y cómo colocar las alas del avión, y le especificó que no sellaran la puerta de atrás. El Boeing 727 era el único modelo con unas escalerillas que permitían utilizar esa puerta para saltar y, evidentemente, el secuestrador conocía esos detalles. D. B. Cooper repartió los cinco kilos que pesaba el dinero por todo su cuerpo, invitó a la azafata a encerrarse en la cabina con el piloto y se quedó solo.
Nadie sabe lo que pensó en aquel momento, cuando abrió la puerta del avión y se enfrentó al frío y a la fuerte tormenta que arreciaba fuera. A sus pies, a más de 3.000 metros de distancia, el Estado de Washington y sus montañas escarpadas, sus glaciares y sus bosques infestados de osos esperaban para devorarle. O quizá no. Ése es el misterio.
"D. B. Cooper era mi hermano Kenny y sí sobrevivió". Lyle Christiansen contactó en febrero los servicios de la agencia de Porteous para que le hiciera llegar a la escritora, directora de cine y guionista Nora Ephron la carta en la que detallaba cómo había llegado a la conclusión de que su hermano era el secuestrador desaparecido y en la que le proponía que escribiera el guión para una película. Porteous entregó la carta, que Ephron ninguneó y, al no obtener respuesta, Christiansen insistió. Su tenacidad provocó la curiosidad de este peculiar detective, que iba para cura y cambió los hábitos por investigar lo mundano. "Cuando le empecé a pedir datos y a contrastarlos, entendí que estaba ante el caso más importante de mi vida. Hay demasiadas coincidencias", confiesa Porteous, quien, tras tres décadas de profesión, aún aspira a los 15 minutos de fama de que hablaba Andy Warhol.
"Kenny Christiansen se compró una casa en Bonney Lake, en el Estado de Washington, apenas un año después del secuestro con dinero en metálico. Trabajó como mecánico y como jefe de cabina para la compañía Northwest Airline, lo que explicaría su conocimiento del avión secuestrado. Sin embargo, cubría rutas de larga distancia, lo que explicaría que aquella tripulación no le conociera. Y lo más importante, había sido paracaidista en el Ejército e incluso había hecho paracaidismo de riesgo para sacarse dinero extra".
Esto fue lo que le dijo Lyle Christiansen a Porteous cuando comenzó a describir a su hermano, un tipo "diferente, solitario y reservado, fascinado con el recuerdo infantil de fajos de billetes de 20 dólares", al que apenas se le conocían amigos y que jamás se casó. Pero, además, en su lecho de muerte, Kenny quiso hacerle una confesión a Lyle: "Hay algo que deberías saber, pero no te lo puedo decir". La realidad es que Kenny Christiansen era homosexual, algo que nunca comunicó oficialmente a su hermano. "Quizá fuera eso lo que le quiso decir, ya que vivieron una época en que no era fácil salir del armario. Pero quizá su secreto fuera otro...", sugiere Porteous, quien también cuenta que Kenny le legó su casa a uno de sus compañeros sentimentales.
El misterio que ha rodeado la identidad de D. B. Cooper y que pesa sobre el FBI desde hace 36 años ha alimentado sin cesar el imaginario colectivo en torno al que llegó a ser el criminal más buscado de Estados Unidos. "Fue un increíble triunfo en la batalla del hombre contra la máquina. Un solo individuo contra la tecnología, las grandes empresas, el sistema. Por eso se le retrata como un curioso Robin Hood, que toma de los ricos, o al menos del poder. Da igual si se lo da a los pobres o no", reflexionaba durante el 25º aniversario del secuestro el sociólogo Otto Larsen, de la Universidad de Washington.
En Ariel, un vecino llamado Richard Purdy escribió tras el secuestro la primera de las muchas canciones sobre el caso, titulada He Story of D. B. Cooper, en la que ya se le mitificaba. En el Estado de Washington aparecieron en 1972 las primeras camisetas con la pregunta "D. B. Cooper, ¿dónde estás?". Hoy, su retrato robot es un icono pop que incluso decora ceniceros que se venden online. Hasta la zona se acercaron cientos de cazarrecompensas en busca de un cuerpo y miles de dólares que algunos persiguieron feroces en las turbias aguas de un lago local ayudados de un submarino. Pero lo único que apareció fueron 5.800 dólares en descomposición junto al río Columbia en 1980. Se escribieron libros, novelas y, por supuesto, Hollywood trató de explotar el potencial dramático de la historia con una película, Un millón de dólares en el aire, que, aunque tenía actores de calidad, como Robert Duvall, se perdió en la bruma de la mediocridad.
En cuanto a los sospechosos, los ha habido de toda índole. Desde John List, un asesino en serie, hasta Richard McCoy Jr., uno de los cuatro hombres que secuestraron aviones al estilo D. B. Cooper unos meses después. McCoy fue arrestado a los pocos días de escapar de un avión en Denver (Colorado) con medio millón en su paracaídas, pero el FBI nunca pudo probar que también fuera D. B. Cooper.
Después hubo gente como Max Ghunter, quien en su libro D. B. Cooper, what really happened? (¿Qué ocurrió en realidad?) afirmaba haber mantenido correspondencia con el secuestrador durante 10 años. Y una mujer, Jo Weber, que en 2000 denunció que su marido, Duane Weber, le dijo antes de morir que era el secuestrador desaparecido. Hubo quien incluso dio entrevistas bajo ese nombre. Pero ningún sospechoso cambió la tesis principal de la investigación del FBI, que aún sostiene que D. B. Cooper falleció al saltar del avión. "He visto y oído de todo, y nadie ha podido probar que sobreviviera", afirma Ralph Himmelsbach, el agente retirado que más años ha trabajado en el caso. No obstante, la agencia abrió hace un mes los archivos del caso con la esperanza de poder llegar a cerrarlo algún día.

El FBI también ha descartado a Kenny Christiansen porque no ve parecido físico con el secuestrador, que en teoría era más corpulento y con otro color de ojos. "Pero hay fotos en que sí son idénticos. Tampoco parecen cuadrar las pruebas de ADN, pero yo cuestiono el tipo de evidencias que recogió en su momento el FBI, así que ahora todo depende de pruebas circunstanciales. Además, el FBI jamás admitiría que yo tengo razón. Después de los millones que se han gastado, nunca dejarían que les robara el caso", clama Porteous. "Tengo que averiguar dónde estaba Kenny Christiansen aquel 24 de noviembre. Necesito encontrar a alguien a quien le hubiera confesado su identidad y tengo que conseguir los archivos de Max Ghunter para contrastarlos. El secuestrador le escribió una carta. Ahí podría haber una importante prueba de ADN".

Mientras todo eso ocurre, este fin de semana se habrán vuelto a reunir en Ariel, como cada año desde 1971, quienes no quieren creer en la muerte de su Robin Hood. Carl Steinwachs, un vecino local, explicaba hace 25 años en The New York Times las razones de aquella comunidad para resistirse a enterrar a D. B. Cooper. Sus argumentos sobre la hazaña del héroe son tan actuales como entonces: "Todo el mundo intenta ganarse el pan, pero todo está en contra del hombre corriente. Mira a los políticos: ganan las elecciones y enseguida roban dinero. Como las grandes empresas. D. B. Cooper fue un hombre corriente que hizo lo mismo pero abiertamente, no como las multinacionales y los políticos que lo hacen a escondidas. Tuvo que pensarlo, planearlo y ejecutarlo. Yo creo que lo consiguió. Es un héroe y odiaría descubrir que murió en el intento".
Barbara Celis
El Pais

lunes, 12 de noviembre de 2007

Una historia de la policia española

En la Jefatura Superior del Cuerpo Nacional de Policía de Galicia, situada físicamente en La Coruña, se ofrece al público uno de los museos más interesantes y originales de la oferta cultural en el noroeste de España

Inaugurado oficialmente el 23 de mayo de 2006, el origen de esta extraordinaria recopilación histórica lo encontramos en una pequeña colección de elementos policiales que data de 1999. Con el paso de los años, y apelando a la colaboración de historiadores, funcionarios de policía, archiveros, etc, se han podido reunir las más de 2000 piezas que hasta el momento componen este museo.

Distribuido en ocho salas, ordenadas cronológica y temáticamente, permite percibir nuestra historia reciente a través de la evolución de la policía; sus técnicas de investigación, los casos más representativos, las nuevas tecnologías, etc.

En total más de 500 metros cuadrados, debidamente habilitados para su función museística, que recogen colecciones de uniformes, fotografías, emblemática policial y de otros cuerpos, elementos de la uniformidad, armas de fuego y blancas, guiones y banderines, material intervenido en diferentes operativos policiales, así como medios empleados por las Brigadas de Policía Judicial, Extranjería y Documentación, Trasmisiones o Policía Científica, y abundantes documentos y bibliografía de interés histórico.

Una historia que arranca en la Real Celula de 1824, por la que el Rey D. Fernando VII ordena la creación de la Superintendencia de Policía del Reino, y que alcanza al actual Cuerpo Nacional de Policía, desplegado en un total de 14 ciudades de toda la Comunidad Autónoma de Galicia. Y donde el visitante puede encontrarse, además, con algunos de los casos criminales que, de una forma u otra, marcaron la historia de España; desde la documentación falsa de Urrusolo Sistiaga, y los manuales de entrenamiento de ETA, a Manuel Blanco Romasanta, el “hombre-lobo” de Allariz.

El museo policial es un proyecto en continua evolución, que permanece abierto a las donaciones de funcionarios, historiadores, archiveros, etc, que deseen recuperar el patrimonio histórico de este cuerpo, enriqueciendo aún mas las vitrinas y expositores de estas salas. Salas que permanecen a disposición del visitante gracias al trabajo del Conservador del museo, Inspector Fernández Barallobre, y el coordinador de las visitas al mismo, subinspector Roye.

Distribución del museo

Sala 1: Sala de la Constitución

Sala 2: Colección de Uniformes. Emblemática policial. Fotografías antiguas.

Sala 3: Sala de armas. Armas de fuego. Armas blancas. Vexilología.

Sala 4: Colección de documentos. Mobiliario.

Sala 5: Tedax. Documentación. Lucha antiterrorista. Caballería. Policía Judicial.

Sala 6: Policía Científica.

Sala 7: Transmisiones

Sala 8: Sala del crimen.

Localización; Centro Policial de Lonzas.
C/ Médico Devesa Núñez, 4
La Coruña
Teléfono 981 166 300
Manuel Carballal

domingo, 11 de noviembre de 2007

Pekka-Eric Auvinen: el último spree-killer europeo

Finlandia se interrogaba este jueves sobre los móviles del estudiante de 18 años que mató fríamente un día antes en su colegio a ocho personas y sobre las condiciones en que llevó a cabo esta masacre, que causó estupor en un país donde la violencia es bastante rara.

Los investigadores se activaban este jueves en Tuusula, pintoresco pueblo de 30.000 habitantes situado a orillas de un gran lago a 40 kilómetros de Helsinki, escenario de una de las peores tragedias de las últimas décadas en Finlandia.

"Según los primeros indicios, él (Pekka-Eric Auvinen) actuó al azar, pero este punto es investigado aún", declaró Jan Olof Nyholm, uno de los investigadores, en una conferencia de prensa.

El instituto, en torno al cual la policía estableció un perímetro de seguridad y cuyos alrededores se encuentran vigilados por soldados, cerró sus puertas por lo menos hasta el fin de semana.

"En el lugar se encontraron 69 casquillos", declaró Nyholm en una rueda de prensa llevada a cabo en Vantaa, una localidad cercana a la de Tuusula, donde tuvo lugar la tragedia. Pekka-Eric Auvinen tenía en su poder un total de 389 balas, incluidas las 69 disparadas.

Los investigadores hicieron públicas este jueves fotos de los daños de los disparos en el centro de enseñanza secundaria, como numerosos cristales rotos por bala y el pasillo que intentó incendiar.

"Se encontraron líquidos inflamables en el lugar. Probablemente intentó incendiar el segundo piso. Esparció líquido por las paredes y el suelo", añadió Nyholm, que no explicó la naturaleza exacta de esos líquidos ni el por qué del gesto de joven. "Según las primeras indicaciones, actuó al azar, pero este punto se está investigando", agregó. El joven también dejó una carta "de despedida" para su familia, que la policía entregó a sus allegados.

En ella, expuso las mismas reivindicaciones que ya explicó en el vídeo que publicó en el portal de internet YouTube. La policía consideró que Auvinen actuó solo y no encontró ningún otro arma cerca de él.


El joven mató a la directora (61 años), la enfermera (42), una estudiante de 25 años y a cuatro compañeros de entre 16 y 18 años.

Todas las víctimas fueron identificadas el miércoles por la noche. Todas recibieron más de un disparo en la cabeza y no pudo hacerse nada para salvarles la vida.

Los investigadores se negaron a precisar en qué orden fueron asesinadas. Tampoco pudieron precisar cuándo publicó el asesino en YouTube el vídeo en el que anunciaba la matanza que pensaba cometer.

El drama se desarrolló al parecer en 20 minutos. A las 12H04 (10H04 GMT) las fuerzas especiales oyeron la última detonación. Se trataba, según las primeras deducciones, del momento en que el asesino se disparó un tiro en la cabeza. Falleció poco después de las 22H00 en el hospital.

El joven autor de la masacre, descrito como alguien apasionado por las armas de fuego, también era calificado como "normal y afable", aun cuando él mismo aseguraba que su misión era erradicar "a los fracasados de la raza humana".

Pekka-Eric Auvinen, de 18 años, era el mayor de una familia "normal". Vivía con sus padres, tenía un hermano y su escolaridad se desarrollaba sin tropiezos. Carecía de antecedentes penales, según los investigadores.

Sin embargo sus profesores lo describen como un muchacho complejo y brillante, torturado, depresivo y a veces víctima de las burlas de algunos de sus compañeros.

Todo indica que había planeado minuciosamente su acción asesina. Ante todo, la fecha: el 7 de noviembre marcaba este año el 90o. aniversario de la Revolución de Octubre, la toma del poder por los bolcheviques en Rusia.
Estudiante de último año de bachillerato, Pekka-Eric Auvinen era sensible a las ideas radicales, tanto de derecha como de izquierda, y manifestaba un gran interés por la historia de las revoluciones, como testimoniaron sus profesores.

Según sus compañeros, no ocultaba su admiración por Hitler y Stalin.

En segundo lugar la manera como actuó: había hecho difundir recientemente bajo el pseudónimo 'Sturmgeist89' ("espíritu de tempestad" en alemán) un vídeo llamado 'Jokela High Scool Massacre, 7 de noviembre de 2007'.

El vídeo muestra el instituto de Jokela y luego a Pekka-Eric apuntando a la cámara con una pistola, mientras se escucha música hard-rock.

La mañana del drama publicó "un programa" sumamente preciso de la masacre: "objetivo: colegio Jokela, alumnos y profesores, sociedad, humanidad, raza humana. Tipo de ataque: asesinato masivo. Nombre del asesino: Pekka-Eric Auvinen. Arma: pistola semiautomática .22 Sig Sauer Mosquito".

Según algunos testimonios, el joven no cesó de dar alaridos durante el ataque, "gritaba: !esto es el infierno, la revolución! !Hagan algo!".

Uno de sus compañeros de clase dijo que en los últimos días se comportaba de "manera extraña" y había comenzado a pintar escenas de masacres con armas de fuego.

"Probablemente dirán que estoy enfermo, loco o que soy un psicópata (..) No, la verdad es que soy sólo un animal, un humano, un indviduo, un disidente", escribió. Desde hacía tres semanas poseía un permiso para usar armas y era miembro de un club de tiro deportivo.