Podría ser un recluso cualquiera en cualquier prisión de Estados Unidos. Pero su gesto es inconfundible. La imagen de sus ojos -marrones, almendrados, cansados- ha dado la vuelta al mundo. También le delata la esvástica que, durante su juicio, se grabó en la frente, corte a corte, hasta convertirla en una cicatriz que ha ido adquiriendo un tono violáceo a lo largo de estos 40 años.
Charles Manson, de 74 años, no es un preso cualquiera. Es el perpetrador de una de las matanzas más sonadas de la historia del crimen en Estados Unidos. El correccional de Corcoran, en el que cumple su cadena perpetua, ha difundido ahora una foto del asesino tomada hace dos semanas. Si no fuera por su oscuro pasado y sus delirios de grandeza, Manson parecería un pacífico septuagenario cualquiera.
Durante dos noches de agosto de 1969, en plena eclosión hippy, Manson y su grupo de seguidores, una comuna conocida como La Familia, asesinaron a siete personas, entre ellas, la actriz Sharon Tate, esposa del cineasta Roman Polanski, que estaba embarazada de ocho meses y medio. Con su sangre pintaron la palabra cerdo en la puerta del chalé. La acusación demostró entonces que Manson y sus seguidores querían desatar el caos mundial con sus propias manos, incitando una guerra de razas en la que ellos acabarían dominando un mundo habitado exclusivamente por personas de raza negra. Estas ideas provenían de una profecía que Manson creyó detectar en la canción de los Beatles Helter Skelter.
Ahora, después de cuatro décadas, el asesino más famoso de EE UU pasa sus días con otros presos a los que se considera altamente peligrosos. Cada mañana desayuna cerca del asesino de Robert Kennedy, Sirhan Sirhan. Se cruza en el patio con Juan Corona, que mató en los años setenta a 25 trabajadores temporeros de California. Juega al ajedrez, bebe zumos y recibe visitas.
"Vive solo en su celda, aunque fuera de ella puede pasar entre seis y ocho horas diarias en contacto con otros presos. De él depende si quiere entrar en contacto con ellos o no", explica I. Decker, portavoz de la prisión. "Los sábados y domingos puede recibir visitas entre las ocho y media y la una y media. De hecho, recibe mucho, gente diferente que viene a verle".
Los seguidores de Manson siguen intentando conseguir el privilegio de pasar unas horas con el macabro profeta. Su leyenda continúa atrayendo a numerosos fanáticos de todo el mundo. Se crean clubes de seguidores con su nombre. Ha inspirado a artistas góticos como Marilyn Manson, que le robó el apellido. Recibe cartas de adolescentes fascinados por su oscura y hermética verborrea, sus apocalípticas profecías y su perseverancia en la impenitencia.
"Esta gente ha encontrado a Manson en su búsqueda de algo más allá de su propio ser. Buscan a un nuevo tipo de dios, y esa búsqueda la unen con una rebeldía cultural que les hace ver en Manson al diablo, a Satanás", explica el psicólogo Stephen Diamond, autor del libro Anger, Madness, and the Daimonic. "Manson encarna como nadie la leyenda de Lucifer, expulsado del paraíso por su rebeldía. En cierto modo, es la imagen de la maldad, un mito capaz de fascinar a miles de personas que se sienten perdidas existencialmente en una generación nihilista que cada vez se ve más carente de valores".
Manson se considera mitad Jesucristo, mitad Satanás. En 1987 concedió una sonada entrevista al Today Show de la cadena NBC. La mayoría de su contenido fue vetado hasta 2007, por considerarse una falta de respeto a las víctimas. "Ahora me venís y me decís que Charlie Manson es el padre de nuestra patria", dice en la cinta. "Me condenáis por ser Jesucristo. Me condenáis por ser el demonio. Me condenáis por ser responsable de vuestras acciones. No soy responsable de las acciones de nadie, aparte de las mías propias".
Si no hubiera sido juzgado en 1971, Manson hubiera acabado sus días no en la cárcel, sino en la silla eléctrica o la cámara de gas. De hecho, se le condenó a muerte. Pero un año después, el Tribunal Supremo de California ilegalizó temporalmente ese tipo de sentencias y convirtió su condena en cadena perpetua. El año próximo tendrá la oportunidad de solicitar la libertad condicional. Hasta ahora se le ha denegado en 11 ocasiones. Manson no es un recluso siempre pacífico. Según la portavoz del correccional, el año pasado sufrió una amonestación disciplinaria cuando los guardas descubrieron un arma casera en su celda. Su oscuro y macabro magnetismo no parece apaciguar a sus compañeros de prisión. En 1999, un grupo de reclusos se amotinó, irrumpió en la zona de alta seguridad y agredió a Manson y a otros presos peligrosos. "Atacar a uno de estos presos es como colgarse una gran medalla al honor", explicó el portavoz de entonces, Tip Kindel. Ya en 1984, mientras pasaba una temporada en un centro médico en la localidad de Vacaville, un grupo de reclusos vertió un bote de disolvente sobre su cuerpo. Sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en un 20% de su cuerpo.
En todas estas ocasiones, Manson ha logrado salvarse. Ha podido volver a sus actividades favoritas: a jugar al ajedrez en el patio, leer la Biblia, defender el ecologismo y recibir visitas. Si no fuera uno de los hombres que mejor han encarnado el mal en la vida real, cualquiera diría que lleva la rutina de un jubilado cualquiera. Pero en este jubilado vive, según sus fieles, la semilla del diablo. -
El año pasado se registraron en España más delitos por pornografía infantil, malos tratos, posesión de armas, más asesinatos y más robos con fuerza en viviendas, aunque el número total de delitos bajó ligeramente, según el balance sobre delincuencia hecho público el martes por el Ministerio del Interior.
Los datos, que corresponden al territorio en el que trabaja la Policía y la Guardia Civil, reflejan que en 2008 se registraron 1,85 millones de delitos (47,6 por cada 1.000 habitantes), frente a los 1,88 millones del año anterior (47,5).
Interior atribuyó ese aumento en una décima de la tasa de criminalidad a la entrada en vigor en diciembre de 2007 de una reforma del Código Penal que convirtió en delitos infracciones que antes eran consideradas faltas, y subrayó que la media de la Unión Europea está situada en 70,4.
"Ha bajado moderadamente el número de delitos y ha bajado moderadamente también la tasa de criminalidad, teniendo en cuenta que la seguridad vial aporta 22.000 delitos que son debidos a que lo que antes no era delictivo, ahora lo es", dijo el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, en una comparecencia en el Congreso de los Diputados.
Rubalcaba atribuyó además el aumento de un 5,4 por ciento de los delitos por malos tratos - que pasaron de 60.260 a 63.515 - al incremento de las denuncias, que el ministro atribuyó a la mayor concienciación de vecinos y familiares.
También se incrementaron los homicidios dolosos y asesinatos, que pasaron de 985 a 1.019, rompiendo una tendencia de cinco años consecutivos de bajada, y subieron los robos con fuerza en viviendas, que pasaron de suponer una tasa de 33,2 por cada 10.000 residencias a una de 37,1.
Las actuaciones por posesión y consumo de drogas se elevaron a 298.968 - 33.150 más que el año anterior - y las de posesión de armas u objetos peligrosos también crecieron considerablemente, pasando de 50.816 a 57.504
El uso extendido de las nuevas tecnologías contribuyó previsiblemente a que se dispararan los casos de delitos detectados por pornografía infantil, que el año pasado alcanzaron 1.131, lo que supone un aumento de un 1.246% con respecto a los de 2003, cuando la cifra se situaba en 84.
En el lado positivo, bajaron los atracos, los tirones en la calle, las sustracciones de vehículos y los delitos de blanqueo de capitales mientras que los delitos contra el patrimonio, que representan aproximadamente la mitad de las infracciones más importantes, se mantuvieron prácticamente estables.
Interior subrayó el aumento la tasa de delitos esclarecidos, hasta 339.150, lo que supone un 38,3 por ciento del total (36,2% el año pasado), así como el número de detenidos, hasta 296.137 personas.
Tras conocer estas cifras, el portavoz del Partido Popular, Ignacio Cosidó, consideró que España era un país más inseguro y que se estaba acelerando el crecimiento de la criminalidad, aunque subrayó el incremento de la eficacia de las fuerzas de seguridad.
Esta noche Antena 3 estrena la miniseria "Una bala para el Rey", una tv-movie dirigida por Pablo Barrera y protagonizada por Carlos Blanco, Victor Clavijo, Mon Ceballos, Alex Barahona y Maria Castro, inspirada en una de las operaciones más ambiciosas de ETA: en asesinato de del Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, durante sus vacaciones en Mallorca, en abril de 2004.
La miniserie, de dos episodios, que se emitirán hoy y mañana, relata los preparativos de esta frustrada operación que se encomendo a Javier Perez Aldunate, conocido como El Chacal de ETA, en una alegoría al asesino que atenta contra el presidente de Gaulle en la novela de Frederick Forsyth.
EL ARHIVO DEL CRIMEN rescata su historia real, actualizada hoy por esta ficción cinematográfica.
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EL Chacal de ETA
Cogió habitación en el viejo hostal Colón, donde, en los años 60, acostumbraban a alojarse las cuadrillas que toreaban en el ruedo de Palma. Con toda seguridad, en algún momento de su corta estancia subió hasta la azotea de la hospedería por si desde allí se podía atisbar la grada del ruedo, que se encuentra a 600 metros. Intento fallido. A pesar de que la distancia no era excesiva, la altura de la terraza resultaba insuficiente. El experto francotirador, el Chacal vasco, debería seguir buscando hasta, como su alter ego, el mítico personaje de la novela de Frederick Forsythe que intentó asesinar a Charles de Gaulle, encontrar el lugar ideal desde donde culminar el magnicidio.No se sabe en cuántas azoteas de hoteles y viviendas repitió este mismo chequeo durante los siguientes días. Era primavera en Palma.
El equipo español de tenis jugaba el día 11 de abril los cuartos de final de la Copa Davis ante Holanda. Y al partido asistiría el objetivo de este Chacal pedáneo. Un hombre alto, de frente ancha, ideal para alojar una bala lejana en ella. Conocía bien su cara, aunque nunca la hubiera visto directamente. Aparece en la monedas de a euro, en los viejos billetes de 5.000, en algunos sellos de Correos. España ganó el partido. El rifle del Chacal no llegó a tiempo.Lo que no sabía entonces el Chacal es que el arma que le tenían preparada desde Francia era un chapucero rifle del calibre siete milímetros Remington Magnum, muy ruidoso, con el que se pueden hacer disparos de precisión a no más de 250 metros, ya que sus proyectiles a más distancia pierden velocidad y energía. La mira telescópica es un modelo barato de la marca americana Thompson, el Contender, que apenas alcanza 850 euros en armerías, idóneo para la caza en rececho de venados o jabalíes. No para reyes.No a 600 metros.
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Javier Pérez Aldunate nunca llegó a disparar. Según las diligencias previas 61/05-N abiertas por el titular del Juzgado Central de Instrucción número cinco de Madrid, Baltasar Garzón, porque el arma no llegó a tiempo. Seguramente sintió que una página en blanco del libro de la Historia de España pasaba frente a él.Desde que en 1906 un anarquista había intentado matar al abuelo de Don Juan Carlos el mismo día de su boda con Victoria Eugenia de Battemberg, nadie había estado tan cerca de detener a golpe de metralla el corazón de la Monarquía española. Si exceptuamos a su correligionario, Juan José Rego Vidal, que a bordo de la embarcación Belle Poule intentó sin éxito acercarse lo suficiente al yate del Rey, el Fortuna, en verano de 1995, también con la intención de abatirlo a tiros.«Este muchacho no ha trabajado en su puñetera vida. Siempre me he preguntado de qué o de quién vivía. La verdad es que no tengo contacto con él. Somos hermanos de sangre y nada más. Lo que hace lo desconozco, y lo que parece que ha hecho lo aborrezco.No quiero tener relación», declaró el viernes su propio hermano a CRONICA.
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Lo que «parece que ha hecho» lo relata Garzón en su auto: ingresa en ETA, con 27 años, de la mano de Ibón Fernández Iradi, alias Súsper, en la primavera de 2001; es adoctrinado por Garikoitz Aspiazu Rubina, Txeroki -entonces jefe del aparato de captación de la banda y ahora en la dirección de ETA-, quien le convence de realizar cursos de armas y explosivos en Francia para pasar a la acción; en enero de 2004, las Fuerzas de Seguridad lo identifican como miembro de ETA tras la detención de Súsper y la incautación de los documentos internos que atesora; pasa a ser un ilegal y se refugia en la localidad francesa de Albertville, donde comienza su preparación como francotirador; en marzo de ese mismo año, Txeroki le envía a Palma con la misión de asesinar al Rey, encargo para el que le dota de tres juegos de documentación falsa y 9.000 euros; el 11 de febrero de 2005, hace nueve días, fue detenido por la Guardia Civil en Basauri (Vizcaya) a la salida de un gimnasio.
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El dato no es casual. Alduate era conocido entre los miembros de la Guardia Civil especializados en lucha antiterrorista como El metrosexual por su obsesión por el culto al cuerpo. En este gimnasio, cercano al piso que su compañero Pablo Aperribay Bediaga le había conseguido en Balendín Enbetia número dos, bajo izquierda, el etarra se inscribió bajo el nombre de Eduardo Bustillo Castro, presentando un DNI falso con número 72.034.249.Bien distinto al real, 33.448.125, con el que el 24 de marzo de 2003 inscribía ante el notario pamplonica José Manuel Pérez Fernández la empresa Maide Bioconstrucción S.L.
Le acompañaban para la rúbrica Iñigo Belasco Armendáriz, Víctor Hugo Iriarte Iriarte e Iñigo Arraiza Iriarte. Los cuatro constituyeron una sociedad con 4.000 participaciones al precio de un euro cada acción. Se dividieron la mercantil en cuatro partes iguales y Javier Pérez Aldunate se convirtió en el dueño de las acciones 3.001 a la 4.000. Todo rubricado con el protocolo notarial 484.La empresa se inscribió en el Registro Mercantil de Pamplona (tomo 967 folio 58 hoja número 19.498) el 4 de abril de 2003.Su objeto social es la «construcción de obra pública y privada, la realización de obras de albañilería, reforma y reparación en edificio y locales». Los cuatro socios se convierten asimismo en «administradores solidarios» hasta que el 7 de mayo de 2003, un mes después de inscribirla en el registro, Aldunate cesa en su cargo de administrador.
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UN EMPLEADO, 60.000 EUROS
La empresa, en la actualidad activa, presenta sus cuentas del ejercicio 2003 con un resultado negativo de 13.047 euros. Llaman la atención, en la cuenta de pérdidas y ganancias, los gastos de 60.600 euros en personal y 36.735 en consumos de explotación.Porque la empresa declara que tiene un solo empleado. ¿Es Aldunate un ejecutor que, además, se autofinancia?
La sede social de Maide está en la plaza de Redezno, número 5, segundo derecha, en el centro de Pamplona. CRONICA comprobó que en esa dirección, en la que recibe correspondencia para la citada empresa, según declaraciones de la cartera del edificio, viven al menos cinco jóvenes, a los que los vecinos identifican como miembros de Jarrai.
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En la puerta del segundo derecha no hay ninguna placa que anuncie el nombre de la constructora, aunque pegados en la misma madera se encuentran el irreductible Asterix -¿símbolo de los irreductibles guerrilleros vascos?- y una rama de olivo. Al preguntar a los vecinos por Maide, todos ponen la misma cara de asombro. Cuando se les informa que está en el segundo derecha algunos sonríen y otros cierran sus puertas.«¿Una empresa? Yo no sé si es una empresa. De lo que sí estoy segura es de que se trata de un piso en alquiler desde hace años. Lo alquilan a gente que está trabajando o que está estudiando. Desde hace un año han entrado unos cinco chicos nuevos que no se relacionan con los vecinos. Van a su aire. Son gente de Jarrai.Yo conocí a dos de los chicos que estaban antes. Uno se llama Víctor Hugo [como uno de los fundadores de Maide]. Y he estado en esa casa. Nunca se montan en el ascensor. En ocasiones entran hasta 15 personas, con mochilas. Los que estaban antes eran distintos, aunque Víctor es muy radical. El dueño, o el hijo de la dueña, se llama Elías Razquin y es de la ideología de estos de aquí.Víctor me contó que les alquilaba el piso por una cantidad ridícula», cuenta una vecina.
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Otra señora asegura: «Nos han llamado la atención esos chicos porque no es normal ver a ese tipo de gente por esta zona. Además, los pisos son muy grandes. Entran más de 15 chicos en algunas ocasiones. No he oído nunca nada de esa empresa».«Me extrañaría mucho que [Javier Pérez Alduate] haya estado en una empresa, y menos de construcción y albañilería. Porque es que no ha trabajado nunca. Yo no le he conocido ningún trabajo».Su hermano se equivoca. A sus 31 años, Javier puede presumir de ser uno de los pocos miembros de la banda que ha compaginado labores ejecutoras con trabajos de financiación, como demuestra la investigación de CRONICA que ha desvelado, en exclusiva, la existencia de la empresa fantasma Maide.
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LA TREGUA DEL INDOLENTE
Lo cierto es que Aldunate se ha convertido en un experto francotirador, al que su mentor, Txeroki, reprochaba en una carta confiscada por Garzón en el piso franco pamplonica, la pasividad de su gatillo: «Quedamos en que si no cogíais nada gordo les daríais a los uniformados, y teniendo en cuenta la situación política, las hostias que nos han dado y que íbamos a hacer un año sin tirar a nadie, una ekintza [acción militar] vendría mejor que bien. Teniendo en cuenta que el hecho de que fuera un uniformado tendría mucha importancia.
Más aún cuando el enemigo se estaba regocijando una y otra vez en la debilidad de la organización y cuando la confianza de nuestra gente estaba en crisis... La cita entre nosotros: día 19 de marzo (sábado)».Un rapapolvo epistolar que refrenda, a pesar de su actividad aparentemente febril desde su captación hace cuatro años, la fama de indolente que, según miembros de la Guardia Civil, persigue a Javier Pérez Aldunate más allá del ámbito familiar. El Chacal sin rifle se escudó, al parecer, respondiendo a su mentor, en el hecho de que el clima de diálogo entre ETA y los poderes políticos le hacía suponer que las armas debían callar temporalmente. «Sobre el clima político, comprendo lo que me comentáis y que en consecuencia de ello no hayáis realizado ekintzas, pero aunque el ambiente esté enrarecido no hay nada, y tenemos que poner muertos sobre la mesa cuanto antes», le respondió a vuelta de correo el jefe Txeroki.
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Tampoco este plan salió bien. Una vez más. Desde que se conocieron en la primavera de 2001, no han tenido mucha fortuna. La primera misión que Txeroki y Olarra Guridi -jefe militar hasta su detención en 2002- le encargan al recién incorporado Aldunate, en un lugar desconocido del sur de Francia, es la preparación de la infraestructura en Pamplona para recibir a Jorge Olaitz e Ibon Vallejo Franco, que tenían la misión de reactivar el comando Nafarroa. Pero la Guardia Civil los identifica al llegar a la capital navarra y, tras un tiroteo, detienen al primero con una bomba lapa, aunque no consiguen abortar la huida del segundo.
Aldunate continúa con su trabajo legal en Pamplona. Hasta que, en verano de 2003, Txeroki le indica que puede ser más útil a la banda preparándose como francotirador. En septiembre recibe un curso intensivo en el sur de Francia. Y regresa. Pero en enero, con la caída de Susper -huido un año antes, tras ser detenido momentáneamente en Francia-, los papeles del jefe de captación lo delatan y se convierte en ilegal. «Estás quemado. Vente a Francia. Profundiza en tus conocimientos en armas y explosivos», le ordena Txeroki. Empieza a recibir, como liberado, un sueldo mensual de 3.000 euros.En los bosques saboyanos de Albertville, El metrosexual entrena y se decide que viaje a España para matar al Rey. A principios de la Semana Santa de 2004 pasa la frontera por Port Bou. Y, de ahí, en ferry, hasta Palma. Se aloja en varios hoteles, entre ellos el modesto Colón, donde paga 30 euros por noche sin derecho a baño individual. Entabla amistad con un recepcionista, hasta el punto de pedirle que le busque alguien que alquile habitación en un piso particular.
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En Palma, El metrosexual se mueve en bicicleta. Un chico simpático que consigue su objetivo: dos funcionarias le ofrecen alojamiento.Desde allí, vigila, según desvela el auto de Garzón, las zonas más habitualmente frecuentadas por el Rey en sus visitas a Palma, como el Puerto Deportivo o el Paseo Marítimo de la capital. Pero fracasó de nuevo. Tuvo que volverse a Pamplona con las manos limpias de sangre azul. Forsythe no le hubiera dedicado una línea.
El caso de Sean Hodgson servirá como ejemplo para aquellos que se oponen a la pena de muerte. Este británico de 58 años fue condenado en 1979 a cadena perpetua por la muerte de la camarera Teresa de Simone. Ahora, tras 27 años manteniendo su inocencia y gracias a las pruebas de ADN, se ha demostrado que decía la verdad y que él no fue el asesino. Hodgson es el británico que más tiempo ha permanecido encerrado por un crimen que no cometió. Pero no es el único caso.
Su puesta en libertad ha sido cursada con carácter de urgencia por el Tribunal de Apelación, por lo que es posible que abandone la prisión de Albany la próxima semana. Su caso ha causado tanta consternación en la sociedad británica que la Comisión para la Revisión de Casos Criminales ha pedido que se vuelvan a estudiar y a aplicar las más innovadoras técnicas de ADN en un elevado número de casos en los que existe duda y en los que el detenido continúa con vida. En uno de ellos, la condena data de 1973.
Confesión equivocada Hodgson fue condenado por el asesinato de la camarera Teresa de Simone, de 22 años. Su cuerpo fue hallado en el interior de su Ford Scort en diciembre de 1979 en la localidad de Southampton. El argumento que utilizó la Fiscalía para acusar a Hodgson fue su confesión del crimen al pater de la cárcel, padre Frank Moran. Le dijo que encontró a la mujer dormida en el interior del coche y que tapó su boca cuando esta comenzó a chillar, lo que causó su muerte. Nadie sabe por qué lo dijo, pero era evidente que no fue la manera en la que la mujer murió.
El juicio, en 1982, duró quince días y el veredicto se alcanzó en tres horas: cadena perpetua. Al año se le negó la apelación. Ahora se ha demostrado que los fluidos hallados en el lugar del crimen no corresponden al acusado. En los últimos años se ha deteriorado su salud mental y en la actualidad se encuentra recluido en el hospital de la prisión.
Su abogado, Julian Young, se pregunta si el caso de su cliente abrirá las puertas a un flujo de otros parecidos, y agrega que «si alguien que está en la cárcel cree que fue erróneamente encarcelado y que las pruebas de ADN lo pueden ayudar, debería de contactar con un abogado». Respecto a su patrocinado, Young dice que «está emocionado por ver de nuevo el mundo de fuera; esperamos que sea puesto en libertad el miércoles y que pueda rehacer su vida».
Otros importantes errores El caso más parecido a este fue el de Stephen Downing, que fue encarcelado durante 27 años por violar y asesinar a golpes a la secretaria Wendy Sewell, en Bakewell (Derbyshire), y que fue puesto en libertad en el 2002. Otro caso notorio de error judicial y policial fue el de Stefan Kiszko, quien pasó 16 años en la cárcel tras ser acusado de violar y asesinar a Lesley Molssed en 1976. Kiszko, con una edad mental de un niño de 12 años, fue puesto en libertad en 1992, cuando se demostró que él no era el asesino. Murió en 1993, a los 41 años.
La compensación que puede recibir Hodgson superará el millón de euros, más que a los 600.000 que recibió Kiszko, y a los 3,5 millones de euros que recibieron los seis de Birmingham, condenados en 1974 como autores de un atentado del IRA en un pub de la ciudad y por lo que pasaron 16 años en la cárcel.
El progenitor de la menor se mostró criticó con los medios de comunicación al declarar ante una comisión parlamentaria que investiga los estándares de la prensa y casos de libelo e invasión de la intimidad.
El caso de Madeleine, que la Policía portuguesa dio por cerrado el pasado julio, pese a no haberse descubierto su paradero, acaparó la atención de la prensa en Gran Bretaña y otros países hasta varios meses después de haber sucedido.
McCann describió algunos de los artículos publicados sobre su hija de "sensacionalistas y falsos", y explicó que vieron que había presión sobre los periodistas para publicar noticias cuando no había nada que contar. Dijo que algunas de las noticias fueron "tergiversadas" o incluso "fabricadas", como las que afirmaban que Madeleine estaba muerta sin pruebas, lo que pudo haber perjudicado la investigación. El padre de la pequeña, que ahora tendría cinco años, opinó que "debería haber algún tipo de control" sobre la prensa, ya que "tiene el potencial de arruinar la vida de las personas". McCann explicó que desde el primer día los artículos estaban basado en conjeturas "no nos ayudaron de ninguna manera", aseguró, y él y su esposa, Kate, pronto decidieron que no iban a mirar la televisión ni leer los periódicos.
Probablemente todos los seguidores de EL ARCHIVO DEL CRIMEN estén interesados en esta información. La primera entrevista concedida por Andrés Rabadán desde su ingreso en prisión forma parte del documental El Perdón, que Canal + emitirá próximo jueves 12 de marzo, a las 22:00 horas. El reportaje se acerca a la vida del llamado asesino de la ballesta a través de los testimonios de familiares, amigos, especialistas en el caso y del propio Rabadán, aparentemente curado de su enfermedad.
"Me gustaría no haberlo hecho, no haber tirado toda mi juventud y haber quitado la vida tan injustamente a una persona", declara Rabadán en el documental. "Disparé varias flechas para que no sufriera, porque yo lo quería. Me cuesta mucho explicar lo que sentí. Estoy seguro de que si existiese otra vida, mi padre me perdonaría sabiendo todo el mal que había hecho a mi familia".
El documental está dirigido por el catalán Ventura Durall, que se interesó en la historia del asesino de la ballesta tras encontrar en una cafetería una exposición de dibujos de Rabadán. Fascinado por la muestra, decidió ponerse en contacto con él y proponerle grabar el documental. Y es que a pesar de estar aislado en prisión, ha expuesto tres colecciones de pinturas expresionistas que reflejan su inquietante carácter. Además, está casado y ha publicado dos novelas.
Además de este documental, que se emitirá esta semana, el año pasado Nanouk Films produjo una películas basada en el caso Rabadán. Escrito y dirigido por Ventura Durall con la colaboración de Enric Álvarez y el propio Rabadán plantea ¿Merece todo el mundo una segunda oportunidad? Esta es la pregunta que plantea Las dos vidas de Andrés Rabadán, la historia de un preso atormentado por los crímenes que cometió en el pasado. La cinta, de corte intimista, se sumerge en una búsqueda personal en la que Andrés descubrirá que él ha sido su peor enemigo y que la única oportunidad de redención está en el amor. Protagonizada por Alex Brendemühl, Mar Ulldemolins Andrés Herrera y Clara Segura, la película llegará a las pantallas en 2009.
El Caso Rabadán
Una noche, el espectro de Matías Rabadán desapareció de las pesadillas de su hijo Andrés. Matías llevaba ya más de cinco año muerto. Su hijo pequeño le había matado disparándole flechas con una ballesta y, desde entonces, su figura cadavérica asediaba el sueño del joven parricida. Andrés Rabadán, el menor de tres hermanos, fue declarado inimputable por una muerte cometida bajo la influencia de un brote psicótico y condenado a una medida de seguridad privativa de libertad. Le bautizaron como "el asesino de la ballesta" o "el loco de la ballesta" y le impusieron 20 años de internamiento. Han pasado 14 años y hace ya mucho tiempo que Andrés Rabadán soñó que el espectro de su padre dejaba de perseguirle. Una madrugada, así lo cuenta él, se encontraron cara a cara, se abrazaron y cada uno siguió su camino.
Rabadán (Premià de Mar, 1973) habla sin dramatismos de cómo mató a su padre. Después de 14 años de internamiento en los módulos psiquiátricos de diversas cárceles de Cataluña -como Brians, La Modelo o Quatre Camins- dice que puede reconstruir aquel horror con distancia, como si hablara de otra persona, y que mentiría si dijera que hoy le duele. "Durante muchos años tuve pesadillas terribles. Estaba trastornado. Los médicos hurgaron mucho en mí, y eso fue muy doloroso, lloraba sin parar; pero ahora puedo hablar de aquello como si yo fuera otra persona".
Lo cuenta un sábado al mediodía en una cabina de comunicación de la cárcel Modelo de Barcelona, donde lleva un año internado. Forma parte de una sala que se divide en pequeños cuartos separados por rejas y cristal. El griterío de las familias (la mayoría, de inmigrantes) obliga a hablar alto y a escuchar pegando la oreja al cristal. Los presos y sus visitantes manosean los cristales buscando un imposible cuerpo a cuerpo. Hay niños, algunos con globos. Su inocencia se agradece en un pasillo de muros amarillos y rejas verdes. Los funcionarios exigen el DNI a los hombres. Curiosamente, las mujeres pasan sin necesidad de identificarse. Con una lista en la mano, dos funcionarios van llamando a las visitas autorizadas.
Rabadán tiene gripe y está pálido. Es menudo y sonríe. Su vida en prisión se ha traducido en tres intentos de fuga, uno de suicidio, una condena extra de año y medio y 5.000 euros de multa por enviar, en 2004, una carta con amenazas a una enfermera de prisiones, la escritura de dos novelas (la primera, Historias de la cárcel, publicada en 1994; la segunda, Cursillo Devi, saldrá el próximo otoño), varias exposiciones con sus dibujos (reflejo del mundo gótico de sus fantasmas), un romance que acabó en boda con una voluntaria de prisiones y ahora el guión de una película sobre su vida. Una reconstrucción personal que, según el director del filme, Bonaventura Durall, convierte a Rabadán en un preso excepcional.
Un caso "excepcional" también según su abogado, Jesús Gutiérrez. "Una vergüenza", asegura. "Probablemente estamos ante uno de los presos que llevan más años sin salir de la cárcel de toda España, ni un solo permiso en 14 años, y nadie sabe explicar bien por qué". Los diagnósticos cruzados de médicos peritos son el principal escollo en el caso. Según la Fiscalía de la Audiencia de Barcelona, el parricida presenta "un alto riesgo de conducta violenta en el futuro". Se remiten a "los últimos informes". Alto riesgo que niegan los médicos que le han atendido de forma continuada. Una psquiatra de prisiones que lo trató durante tres años, y que no quiere revelar su nombre, es rotunda: "No tiene ninguna enfermedad mental. Está curado. Es tan peligroso como tú o como yo".
El 6 de febrero de 1994, Andrés Rabadán mató a Marcial Rabadán con tres flechas de una ballesta marca Star Fire II. Vivían solos. La madre, Matilde Escobar, se había ahorcado en 1982 en su habitación. Sus dos hermanos mayores se habían ido de casa y él pasaba mucho tiempo solo. Padre e hijo habían terminado de comer, y mientras el padre preparaba dos vasos de leche, discutieron. El hijo, de 20 años, se encaminó entonces a su habitación. Allí estaba el arma medieval que se había comprado por Reyes. En el juicio, Andrés Rabadán declaró que quería a su padre y que le mató sin saber lo que hacía. Que oía voces y que las voces lo guiaban. Cuando vio que le había reventado la cabeza con la primera flecha, le disparó dos más, esta vez conscientemente. En su declaración explicó que lo remató para que no sufriera. Luego le quitó una de las flechas, le puso una almohada en la cabeza y lo abrazó. Así permaneció quince minutos, hasta que su padre murió. Entonces cogió su ciclomotor y se entregó a la policía de Palafolls. El joven los llevó a su casa, y allí esperó hasta la llegada la Guardia Civil mientras les hablaba de las clases del instituto y de su novia.
La casa sigue en pie en el cruce de Sant Genis y la Nacional-II. El paisaje apenas ha cambiado en estos 14 años. Es una casa de dos pisos, con un huerto detrás y unos camiones aparcados en la puerta. Martín Rabadán era paleta en la zona y solía llevar a su hijo pequeño a las obras en las que trabajaba. Un mes antes de matar a su padre, Andrés Rabadán hizo descarrilar tres trenes de cercanías. Los titulares de los periódicos hablaban de "la vía del miedo" al referirse a los descarrilamientos. Un sabotaje profesional contra Renfe que no causó heridos, pero que podía haber sido mortal para cientos de pasajeros. Entonces todo el mundo era su enemigo, y, subido a la torre de telecomunicaciones de Sant Genis, el chico pasaba las tardes maldiciendo su existencia.
"Yo he perdonado a mi hermano", dice Mari Carmen Rabadán. "Y he rezado para que Dios lo perdone. Ahora sólo falta que lo perdonen los demás". La hija mayor ha tardado 14 años en hablar del asesinato de su padre. Ha sido peluquera, pero ahora trabaja como comercial en Palafolls. Tiene dos hijos. "De lo del abuelo se enteraron en el colegio. Todo fue horrible". Es una mujer atractiva, con una expresión dura en la cara, pero con unos ojos negros en los que se reflejan las luces de la cafetería donde intenta explicarse. Sentada, con las manos debajo de los muslos, confiesa que le pone muy nerviosa hablar de su familia. Ella fue la última persona en ver a su hermano antes del suceso, y de alguna manera se culpa por no haber detectado el grave trastorno que sufría. "Era un chico muy solitario, odiaba a todo el mundo porque se sentía rechazado. Mi padre lo obligaba a trabajar, él llegaba por las noches y se ponía a estudiar porque quería hacer otras cosas. Pobrecito. Cuando mi madre se suicidó, ni lloró. En cambio, se emocionó el día que le regalamos un microscopio. Yo le decía que la mama se había ido al cielo, y él me replicaba que no, que se había colgado. No se expresaba, lo llevaba todo dentro. Y yo no supe ver que acumulaba tanto dolor".
"Vivir con mi padre era un calvario", continúa Mari Carmen Rabadán. "Yo me fui porque no lo soportaba más. Y lo dejé sólo con Andrés, que para mí era como un hijo porque, cuando mi madre murió, yo me hice cargo de él. Sé que mi hermano hizo algo terrible. Pero es mi hermano y le quiero. Para mí es inocente. Era un crío desquiciado y harto, que de los 8 a los 18 años sólo sufrió. Yo sólo quiero que salga de la cárcel y que le dejen ser la persona que no ha podido ser. Ha cambiado mucho en la cárcel. Ha pasado de estar abatido y deprimido a estar fuerte y bien. Sinceramente, lo admiro. Es muy inteligente, y haré cualquier cosa por ayudarlo a salir. No entiendo por qué está donde está".
Rabadán no toma medicación desde 2002, año de su último intento de fuga. "Sin embargo", dice su abogado, Jesús Gutiérrez, "se mantiene la medida de seguridad a un preso que, según los propios forenses, ya no padece el trastorno psicótico por el que fue internado y al que ahora se le ha diagnosticado un trastorno narcisista y antisocial de la personalidad, conceptos muy ambiguos que se pueden aplicar a muchas personas que se sientan a nuestro lado sin convertirles en peligrosos". Gutiérrez se queja de que los exámenes psquiátricos en los que se basan los jueces consisten en una mera revisión anual. "Rabadán está en la cárcel sin recibir ninguna medicación. Si no está en tratamiento porque no lo necesita, y habiendo sido declarado inocente en el juicio, ¿cuál es la finalidad entonces del encierro? ¿Acaso piensan que estará curado automáticamente cuando hayan pasado los 20 años y un día? ¿Cómo es que todavía no ha tenido ni la posibilidad de una libertad tutelada? Es una chapuza".
Andrés Rabadán desgrana con media sonrisa su rutina carcelaria. "¿Qué hago? Pues me despiertan a las siete y media de la mañana. A las ocho desayunamos, y a las nueve bajamos a un patio diminuto donde sólo hay dos posibilidades: pasear o sentarse. A las once subimos otra vez a la celda. A la una comemos, y luego al patio tres horas más".
El preso escribe, lee y dibuja. No le dejan tener lápices de colores, y por eso se limita al dibujo a bolígrafo. Desde hace unos meses está de suerte: su vecino de celda es un joven al que le envían muchos libros. "Sus padres son muy cultos y tiene unos libros buenísimos. Le han condenado a siete años de internamiento porque se volvió loco y salió a la calle con un cuchillo en la mano. Hirió a uno, le hizo un rasguño con la navaja. Probablemente cumplirá los siete años. Si no le hubiesen diagnosticado un brote de locura, ni siquiera habría entrado en la cárcel. No tiene antecedentes".
Para Félix Pantoja, vocal del Consejo del Poder Judicial y ex fiscal de menores, la situación de los presos psiquiátricos en España es un agujero negro en nuestro sistema. La línea que separa la cordura de la locura es frágil, y por ella se cuela el vacío legal de los presos declarados locos. La sociedad, además, no cree en la reinserción, sino en la seguridad. "La rehabilitación es casi inexistente. No hay permisos ni posibilidad de acceder a un tercer grado. Los presos psiquiátricos no tienen voz en la cárcel. Son los olvidados". Félix Pantoja cree que es una cuenta pendiente, y por eso propuso la creación de la figura del juez de vigilancia para medidas de seguridad, para conocer exactamente cuántos presos hay en España bajo esta situación. "Es un agujero negro del sistema español, son presos condenados al pozo, y por eso creo que debe crearse un juez especial para seguir estos casos". La paradoja, añade Pantoja, está en que el sistema penitenciario "cuida" a los presos psquiátricos, pero los despoja de todos sus derechos. "Es muy complejo. Tenemos una sociedad muy punitiva, que no quiere admitir que una sociedad libre y democrática tiene sus riesgos y debe asumirlos".
Durante sus 14 años de internamiento, Rabadán ha aprendido catalán y ha leído sin parar. "No me gusta la televisión, me agobia. Aquí solo ponen programas tipo Las tardes con Patricia, que te ensucian la cabeza. Prefiero leer. Si un libro no me engancha a las primeras 50 páginas, lo dejo, no quiero perder el tiempo. Ahora me han prestado La hoguera de las vanidades, y me gusta mucho".
Entre sus libros favoritos cita La montaña mágica, Las aventuras de Tom Sawyer, Bella del señor o La campana de cristal. Al entrar en la cárcel le diagnosticaron una esquizofrenia delirante paranoide, pero Rabadán ya no toma medicación. "Pasé años medicado, pero llegó un momento en que no quería tomar más pastillas y le pedí por favor a una de las psiquiatras que me atendía en la terapia que dejara de medicarme. Fue una mujer muy buena conmigo y me ayudó. Con ella empecé a curarme".
Rabadán cree que el sexo ha sido la otra puerta para su curación. "Claro, en la cárcel también nos buscamos la vida. Aquí pasamos demasiadas horas y pasan muchas cosas", asegura. Antes de conocer a Carmen Mont (la auxiliar de enfermería con la que se casó el 2 de septiembre de 2003), Rabadán tuvo otras historias. Encuentros furtivos que, según explica, le abrieron la cabeza y le dieron aliento para querer curarse. "Andrés es muy guapo, tiene un lunar en la cara como el de Robert de Niro", afirma Carmen. "Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad. Y yo se la he dado a él", dice la mujer en su casa de Mataró, un sótano con cocina americana y con dos sillones huevo en el suelo. Hace frío, y ella explica que el piso tiene bastante humedad. Lo ha comprado con una hipoteca a 40 años, trabaja descargando en la empresa de paquetería DHL de Mataró y dice que sólo espera ver a su marido en la calle. La casa apenas tiene muebles, sólo los dibujos que él le envía desde la cárcel. "Se puede ser feliz con muy poco", explica. "Es un hombre muy detallista, que sabe mantener la ilusión. Sólo con escuchar su voz por teléfono me pongo contenta. Todas las relaciones son complicadas. Mi ex novio no estaba en la cárcel y no funcionó. Claro que tengo miedo, pero si no me arriesgo ¿qué?".
Carmen y Andrés se conocieron en la cárcel de Quatre Camins. A ella le gustó él, y por eso empezó a dejarle notas escritas en la celda. "Yo iba a su zona para verle. Me apetecía besarle, y un día lo hice. No quería ayudarle, no hay nada caritativo en mí, sólo me enamoré". Carmen Mont asegura que pasa por horas bajas: "Ya ni me gusta ir a la playa. Soy muy alegre, pero me he ido apagando; no pensé que esto fuera ni tan largo, ni tan duro. Pero no camino sola por el túnel, y ni mi vida ni me relación son un fracaso. A veces soy débil, pero también soy muy luchadora. No creo que él sea un hombre peligroso. Lo consideran frío y calculador, pero es que lleva 14 años hablando de lo mismo. Todo el mundo le pregunta por su pasado, pero a nadie parece interesarle su presente. No nos dejan olvidar".
La boda fue una sorpresa para la hermana de Andrés. "Sabía que unas monjas le habían ayudado, pero no podía imaginar que en la cárcel uno podía llegar a enamorarse. ¡Mi hermano! ¡Pero si nunca expresaba nada! Llevaron la historia muy en secreto hasta que decidieron casarse. Me alegré mucho por él, y lo acabé entendiendo. ¡Abrazar, mi hermano ha aprendido a abrazar! Eso es importante". Entre los invitados a la ceremonia: un joven cineasta, un compañero del instituto, la hermana, otro preso amigo...
Bonaventura Durall (Barcelona, 1974) lleva seis años visitando a Rabadán. "Fui a la primera exposición de sus dibujos. Su historia me interesaba mucho. Dejé mi teléfono a los organizadores para que Andrés se pusiera en contacto conmigo. Lo hizo: no le interesaba contar su historia. Pensaba que hacerlo le perjudicaría dentro de la cárcel. Dos años más tarde se inauguró una segunda exposición, y yo empecé a escribirle. Durante seis meses nos carteamos, hasta que un día, en 2002, aceptó que le visitara. Nos hicimos amigos pronto; me pareció una persona muy crítica, nada alienada y, sinceramente, buena. Alguien con tanta voluntad de superación no es habitual". El perdón es el título del documental que ya ha rodado Bonaventura Durall, y Las dos vidas de Andrés Rabadán, el de la película de ficción que empezó a rodar el 31 de marzo en Barcelona con el actor Alex Brendemühl interpretando al parricida.
Según el psiquiatra que en los últimos años ha tratado a Rabadán, los grados de peligrosidad de un preso se miden del 0 al 100 y se basan en tres factores: capacidad de crear vínculos exteriores, estado de la enfermedad y consumo de tóxicos. En los tres puntos, su paciente supera de largo los índices de normalidad. No se trata, además, de un psicópata por su sentimiento de culpa y la empatía que siente por el muerto. Pese a que, pasados los 13 años de reclusión, Rabadán podría empezar a padecer la enfermedad del preso (fobia social causada por su largo aislamiento), de momento se mantiene fuerte. "Sé que lo pasa mal, pero desde que le conozco jamás le he visto quejarse ni poner mala cara", dice Buenaventura Duvall. Él, la hermana de Andrés y su mujer se reparten las horas de visita de los fines de semana.
Aunque el preso ha escrito que le gustaría esconderse en una cueva y no salir hasta que la sociedad lo haya olvidado, no cree vivir una contradicción al exponer su vida: "Sufro una injusticia y haré cualquier cosa que pueda ayudarme". En su libro Historias desde la cárcel escribe: "Soy culpable, lo reconozco abiertamente. No me escondo, no iba drogado ni bebido. Mis problemas de entonces no eran más graves que los vuestros de hoy en día. Cabalgaba desbocado a lomos de mi ira. Un grave peligro. La cárcel era necesaria, no digamos que no. Me consta que, explicado así, parezco el psicópata que he negado ser. Sí, es un callejón sin salida, un embrollo. Era y no soy. Soy y no era".
En la cárcel Modelo de Barcelona, que cerrará sus puertas dentro de un año para convertirse en un hotel de lujo, Andrés Rabadán se marcha agarrando del brazo a otro preso mayor que él que no se encuentra muy bien. El griterío de las visitas apenas permite escucharlo cuando se despide fuera de la cabina de comunicación. "Otro con gripe", señala con gestos. Minutos antes se quejaba de que no puede apuntarse a ninguno de los talleres de cocina o informática que se organizan en la cárcel. "Quizá un taller de cocina, o de lo que sea, suena a poca cosa, pero en una cárcel son la vida. Eso sí, me obligaron a hacer un cursillo de Delitos Violentos, una especie de Alcohólicos Anónimos en los que uno confiesa su crimen. Si hubiese matado en mis cabales, hoy estaría en la calle; pero los locos estamos estigmatizados y nuestras condenas no las perdona nadie".
ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS
EL Pais
FE DE ERRORES En el reportaje titulado La negra vida de Andrés Rabadán, publicado en el suplemento Domingo del pasado 27 de abril, se llamaba a su padre Matías, Marcial y Martín. En realidad, se llamaba Marcial.
El alfaquí así como ocho familiares de la fallecida han sido acusados por los cortes y heridas que comportaron su muerte, e inculpados de inasistencia
Rabat. (EFE).- Una joven de 24 años ha fallecido en la ciudad de Mequínez, en el norte de Marruecos, tras haber sido sometida a prácticas exorcistas para expulsar al demonio que, según su familia, la poseía, informó el periódico «L'Opinion».
Un hermano de la víctima notificó a la policía el deceso y aseguró en su declaración que quien había tratado de expulsar al espíritu era uno de los recitadores coránicos que, como tradición adquirida de las tribus africanas, pueden además realizar exorcismos. Según el testigo, ese alfaquí, de 65 años, dañó a la joven con cortes y quemaduras y le arrancó mechones de pelo, todo en presencia de su familia, que creía firmemente que un demonio la poseía y que era éste quien sufría con esas prácticas, por lo que por fin abandonaría el cuerpo. Ocho familiares de la fallecida y el alfaquí fueron arrestados y presentados ante las autoridades judiciales, acusados por los cortes y heridas que comportaron su muerte, e inculpados de inasistencia a una persona en peligro y tentativa de ocultación de pruebas. El tribunal solicitó, además, que se le practique la autopsia a la difunta para que puedan determinarse las causas precisas de su muerte. Las primeras investigaciones han revelado que los imputados viven en un lugar completamente aislado, que ninguna de las hijas está escolarizada y que todos los miembros de la familia creen en las virtudes terapéuticas de las prácticas de la magia.