
En su casa, la policía halló el cuerpo decapitado de una mujer. En una olla preparaba una pócima con ocho orejas. Decía a sus clientes que sus cocidos humanos les hacían invencibles
Hace tiempo que Nino Mbatha dejó de ser Nino Mbatha. Su cambio de simple mortal a curandero tradicional ocurrió cuando se cambió el nombre a Mkhonyovu, cuya traducción de la lengua zulú quiere decir «el corrupto».
Su nueva identidad le hacía creer en las matanzas muti, un ritual por el que se sacrifica a un ser humano con el fin de extirpar partes de su cuerpo que luego son utilizadas para preparar brebajes de propiedades mágicas. Sin embargo, algo cambió en él cuando el 18 de agosto se presentó por voluntad propia y con una retahíla inusual ante las autoridades de Estcourt, una pequeña aldea de la región de KwaZulu-Natal, en Sudáfrica. «Estoy cansado de comer carne humana», dijo a los agentes, cuya reacción fue una sonora carcajada.

Algunos huyeron horrorizados mientras que otros, helados ante un caso propio de una película de terror, arrestaron al brujo caníbal sin que este ofreciera resistencia. Mkhonyovu, quien parecía recuperar su identidad pasada como Nino, estaba cansado de esa forma de vida y estaba dispuesto a perder su libertad con tal de dejar el canibalismo.
Pero la historia no terminó ahí.


Este hallazgo ha abierto la caja de Pandora y es sólo una parte de una trama de asesinatos y rituales que mantiene en vilo a esta pequeña aldea de KwaZulu-Natal que antaño fue bastión de los guerreros zulús. Pues días atrás se había descubierto un cuerpo decapitado que ya había sembrado el pánico entre los vecinos.
El caníbal siempre ha vivido en la zona, decía de sí mismo que era brujo, ha cumplido 32 años y no tiene mujer ni hijos...

Los cinco detenidos, con edades de entre 30 y 32 años, han sido acusados de asesinato, conspiración para cometer asesinato y posesión de partes humanas.
A todos les ha sido denegada la libertad bajo fianza y esperan en una celda la nueva vista de su juicio, que tendrá lugar el próximo 28 de septiembre. Aunque en la ley sudafricana no existe un delito específico de canibalismo, quienes en el pasado han llevado a cabo actos caníbales han sido declarados como criminales peligrosos a los que generalmente se enviaba a centros mentales.
Durante su primera aparición ante los tribunales una multitud de personas esperaba en el exterior del juzgado para increparles por sus actos. Avergonzados, en las pocas fotografías que se han obtenido de ellos apenas se pueden apreciar sus rostros.
La policía cree que, en al menos un caso, las partes del cuerpo utilizadas para los rituales provienen de una mujer que perdió la vida a manos de estos hombres. «Por ahora sólo trabajamos en la posibilidad de que asesinaran a la mujer que encontramos en su casa», declaró a Crónica la jefa de la investigación, la coronel Thembeka Mbhele.
«El resto de desapariciones en la zona está de momento bajo secreto policial», añade. Las autoridades no quieren que corra el pánico y comiencen los recelos vecinales.
Phepsile Maseko, representante de la Organización de Sanadores Tradicionales de Sudáfrica, denunció que estas presuntas prácticas de canibalismo habían contribuido al descrédito de sus prácticas sagradas. «Los asesinatos para los rituales y el uso de tejido humano no son parte de la curación tradicional. Esto nos enfada como sanadores tradicionales porque tenemos que defender constantemente nuestro trabajo honesto», exponía a este suplemento.
«No sólo ellos deben ser arrestados, sino todas esas personas que les han pagado para que hicieran algún conjuro». Maseko sostiene que el motivo principal de que la gente crea en estas historias es porque se trata de personas pobres y sin posibilidades económicas que se aferran a cualquier creencia.
Por increíbles que puedan parecer estas historias de caníbales, son bastante más comunes de lo que se cree. A raíz de estos acontecimientos, la alcaldesa de Estcourt, Jabu Mbhele, dijo ser consciente de que tres sepulturas habían sido profanadas y lamentó que los asesinatos y la mutilación de cuerpos «no eran nuevos» en Estcourt, especialmente en su barrio.

Otro político local, Mthembeni Majola, aseguró a la prensa que algunos vecinos confesaron haber consultado al curandero y sabían que comía carne humana. «Lo que nos enfada es lo crédulo que se ha convertido nuestro pueblo», criticó.
Al parecer, Mkhonyovu aseguraba a sus clientes que podía hacerlos invencibles, e «incluso a prueba de balas, para que la policía no pudiera dispararlos», señala Majola. Las calles de Estcourt y de las aldeas colindantes están ahora vacías al caer la noche. Nadie se fía de nadie, y sólo se sienten protegidos dentro de sus hogares.
Aunque no ha trascendido aún el número de clientes, los medios locales apuntan a que podrían ser decenas. Incluso cientos. Según la coronel Mbheleno, no es posible determinar cuánta gente había comido carne humana tras acudir al brujo. Y advierte: «La cifra que se baraja de 300 personas es falsa».
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