Pasquale se detuvo a un par de metros del cadáver de Andrea Cristina Zamfir, 26 años,
rumana, madre de dos hijos y ejerciente de la prostitución en el parque
del Cascine, el más grande de Florencia. El hombre contuvo la náusea
que le provocó la escena. La víctima estaba de rodillas, desnuda,
crucificada en una barra, debajo del puente por donde pasa la autopista a
Pisa. Lo único que llevaba puesto era un par de zapatillas deportivas y
calcetines. Tenía los brazos abiertos atados a un poste con cinta
adhesiva y moratones en las muñecas.
«Estaba en la misma posición que Cristo en la cruz. Es como una especie de ritual satánico.
Y no es la primera vez que pasa», afirma desconsolado Pasquale. El
anciano se refiere a lo sucedido hace un año, cuando otra joven
prostituta fue hallada viva, crucificada en el mismo lugar que Andrea
Cristina. Dijo que había sido robada y violada con un palo por un
cliente.
Pietro Pacciani, uno de los condenados como posible monstruo de
Florencia, dijo durante su juicio en 1994 unas palabras defendiendo su
inocencia que hoy en día recuerdan con escalofríos los vecinos más
viejos de la capital toscana: «Soy un Cristo crucificado».
Una frase que algunas personas como Michael Giuttari, que fue jefe de
la investigación de los asesinatos en los años 70, han utilizado para
sopesar la posibilidad de que el nuevo asesino sea también un imitador.
Boca tapada
La policía arrestó el viernes por la mañana a Richard Vines, un
fontanero de 55 años, mientras dormía en la casa en la que vive con sus
padres en los suburbios al norte de Florencia. Su perfil coincide con la
descripción de las prostitutas: Un hombre de entre 50 y 60 años, italiano, de complexión robusta,
pelo corto, y que conducía una furgoneta blanca. Después de siete horas
de interrogatorio, Richard reconoció que había matado a Andrea y
violado a algunas de las otras prostitutas. Pero la policía habla de que
puede haber varios «imitadores». «Es un maníaco en serie. Lo que
todavía no sabemos es si es el único», afirma el fiscal florentino Paolo
Canessa.
Martina todavía recuerda aquella noche de hace dos años, cuando vivió
en sus carnes la misma película de terror que Andrea, pero con un final
diferente. «Al principio parecía un hombre agradable. Alto, amable,
vestido con vaqueros y chaqueta. Nos adentramos con su coche en el
campo. De pronto, se transformó y empezó a golpearme. Conseguí salir,
pero me alcanzó. Le dije que podía hacerme lo que quisiera pero que no
me matara. El hombre me obligó a desnudarme salvo las botas. De un baúl
de madera sacó una cinta adhesiva, me ató a un poste y empezó a violarme con una escoba.
Luego me dejó allí atada y me robo todo lo que tenía en el bolso. Horas
después conseguí romper la cinta con los dientes y pedí ayuda»,
recuerda Martina.
«El cazador de prostitutas», como ya le llaman
muchos vecinos de Florencia a Richard Vines, elegía a las víctimas con
cuidado. Mujeres vulnerables, adictas a las drogas. El maníaco les
ofrecía más dinero que los otros clientes para que aceptasen participar
en sus juegos sexuales. Les llevaba a un lugar apartado, sacaba de un
baúl sus herramientas de tortura y luego les dejaba desangrándose.
Vagina y pechos de trofeo
El principal temor de los florentinos es que este caso tenga algo que
ver con la historia del monstruo de Florencia del siglo pasado. Este
asesino actuaba en noches de verano en las que jóvenes parejas buscaban intimidad dentro de un vehículo.
En agosto de 2001 algunos investigadores retomaron de nuevo el caso
asegurando que tenían nuevas pistas que les condujeron a pensar que
asesino podría tratarse en realidad de un grupo de unas 10 personas
adineradas, miembros de una secta religiosa. Desde estas últimas
actuaciones policiales no se había vuelto a hablar del caso, hasta que
en 2002 varios diarios italianos mencionaban unas mutilaciones
sospechosas en unos tanatorios de Florencia.
El misterio del Monstruo de Florencia sigue sin resolverse del todo.
El cazador de prostitutas Richard Vines ya ha sido detenido. Pero el
miedo e incertidumbre sigue rodeando a los vecinos de la ciudad
italiana, temerosos de que haya otros imitadores del monstruo sueltos.
LUCAS DE LA CAL Florencia
http://www.elmundo.es/cronica/2014/05/11/536dfcc3e2704e85568b456e.html
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